Cobre: esencial, con duplicación de producción global al 2035. Minas inactivas en San Juan, Mendoza y Córdoba poseen botaderos con 0,30-0,70% Cu, viables con flotación moderna.
Litio: salares secundarios en Salta, Jujuy y Catamarca, abandonados desde los 80, reactivables con evaporación forzada y DLE.
Tungsteno (W): minas históricas en San Luis y Córdoba. Los precios subieron +56% desde 2020, ante dependencia de China (>80%). Molibdeno (Mo): asociado en pórfidos, antes descartado, ahora valioso para aleaciones y nuclear. Manganeso y Vanadio: para baterías VRFB, con demanda duplicada al 2030. Sitios inactivos en San Juan, La Rioja y Catamarca.
Tierras Raras (REE): proyectos pequeños en Córdoba, Mendoza y Río Negro, demandados fuera de China. Sílice de alta pureza: en San Juan y Catamarca, impulsada por industria solar.
Reactivando 20% de minas, Argentina quintuplica producción no litífera. Hay muchos ejemplos exitosos: Chile, Perú, Bolivia y México reactivaron similares. Dalla Gassa advierte: “La ventana de oportunidad va de 2025 a 2030. Después será tarde”. Una mina abandonada no es una ruina: es un activo dormido que puede volver a producir con inversión moderada y estrategia sólida. El informe concluye que la reactivación de minas abandonadas pone en marcha al entramado pyme local. Esta reactivación no solo genera empleo y exportaciones, sino soberanía en metales críticos. Argentina despierta su potencial industrial bajo tierra, alineado con demandas globales.
EL ESQUIU