El potencial oculto

¿Argentina puede quintuplicar su producción de metales críticos reactivando minas olvidadas? Un informe privado hace foco en las más de 200 minas abandonadas del país. La reactivación del yacimiento Bajo de la Alumbrera después de 7 años de inactividad -anunciado por Glencore hace unos días- puso sobre la mesa una pregunta que abre un debate interesante: ¿Cuánto pueden producir las minas abandonadas de Argentina? Nuestro país cuenta con más de 220 minas inactivas distribuidas en provincias como Catamarca, San Juan, Jujuy, Salta, Mendoza, Córdoba, Río Negro y Santa Cruz. Estas no cerraron por agotamiento de recursos, sino por factores históricos: leyes bajas en su época, precios internacionales deprimidos en los 90 y 2000, falta de tecnología, costos elevados de energía y logística, escasez de financiamiento y ausencia de políticas de continuidad. Hoy, el panorama difiere radicalmente. La demanda global de metales críticos para energía, tecnología y defensa impulsa precios al alza. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), el mundo requiere 30% más de cobre y 600% más de minerales críticos al 2040. China, EE. UU. y Europa compiten por suministros seguros, posicionando a Argentina como actor clave al reactivar sitios con infraestructura existente y mineral remanente. En este contexto, José Luis Dalla Gassa, autor del informe, afirma: “Lo que Argentina llama ‘minas abandonadas’, en realidad son reservorios estratégicos de metales críticos. El mundo los necesita hoy más que nunca”. Desarrollar una mina nueva demanda US$ 250-3.000 millones y 8-14 años. En contraste, reactivar una inactiva cuesta US$ 5-50 millones y produce en 6-12 meses. Los beneficios incluyen caminos, líneas eléctricas, campamentos y permisos preexistentes; botaderos con mineral recuperable; ensayos históricos; mano de obra local capacitada; convenios comunitarios y menor impacto ambiental, acelerando aprobaciones. Y Argentina alberga depósitos clave para la transición energética.

Cobre: esencial, con duplicación de producción global al 2035. Minas inactivas en San Juan, Mendoza y Córdoba poseen botaderos con 0,30-0,70% Cu, viables con flotación moderna.

Litio: salares secundarios en Salta, Jujuy y Catamarca, abandonados desde los 80, reactivables con evaporación forzada y DLE.
Tungsteno (W): minas históricas en San Luis y Córdoba. Los precios subieron +56% desde 2020, ante dependencia de China (>80%). Molibdeno (Mo): asociado en pórfidos, antes descartado, ahora valioso para aleaciones y nuclear. Manganeso y Vanadio: para baterías VRFB, con demanda duplicada al 2030. Sitios inactivos en San Juan, La Rioja y Catamarca.

Tierras Raras (REE): proyectos pequeños en Córdoba, Mendoza y Río Negro, demandados fuera de China. Sílice de alta pureza: en San Juan y Catamarca, impulsada por industria solar.

Reactivando 20% de minas, Argentina quintuplica producción no litífera. Hay muchos ejemplos exitosos: Chile, Perú, Bolivia y México reactivaron similares. Dalla Gassa advierte: “La ventana de oportunidad va de 2025 a 2030. Después será tarde”. Una mina abandonada no es una ruina: es un activo dormido que puede volver a producir con inversión moderada y estrategia sólida. El informe concluye que la reactivación de minas abandonadas pone en marcha al entramado pyme local. Esta reactivación no solo genera empleo y exportaciones, sino soberanía en metales críticos. Argentina despierta su potencial industrial bajo tierra, alineado con demandas globales.

EL ESQUIU

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