
Un relevamiento del IARAF muestra cómo se acumulan tributos nacionales, provinciales y municipales en consumos cotidianos. Alimentos, servicios, combustible, tarjetas, viajes y hasta una salida al cine forman parte de una estructura en la que apenas diez impuestos concentran el 94% de la recaudación.
Los impuestos que paga una persona en Argentina van mucho más allá de Ganancias, el Monotributo o los tributos que aparecen identificados en una factura. Una compra en el supermercado, cargar combustible, pagar internet, utilizar una tarjeta de crédito o viajar en avión incorporan diferentes cargas tributarias, muchas de las cuales pasan inadvertidas para el consumidor.
Un relevamiento del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) buscó dimensionar ese entramado y concluyó que una persona con determinado nivel de consumo e ingresos puede quedar alcanzada por al menos 43 tributos diferentes durante un año.
La cantidad depende del patrimonio, los ingresos y los hábitos de consumo de cada contribuyente.
El estudio considera impuestos, tasas y contribuciones correspondientes a los tres niveles del Estado: Nación, provincias y municipios.
Cuatro impuestos detrás de una compra de alimentos
El ejemplo más cotidiano aparece en el supermercado.
La compra de alimentos y bebidas sin alcohol genera, como mínimo, cuatro cargas tributarias: IVA e Impuesto al Cheque, correspondientes al nivel nacional; Ingresos Brutos, provincial; y la Tasa por Inspección, Seguridad e Higiene (TISH), municipal.
Eso no significa necesariamente que los cuatro conceptos aparezcan individualizados en el ticket que recibe el consumidor. Algunos forman parte de la cadena de formación del precio y terminan trasladándose, en distinta medida, al valor final.
Algo similar sucede con los servicios públicos.
En la electricidad, por ejemplo, pueden agregarse fondos provinciales vinculados con el desarrollo energético y tasas municipales, además de los impuestos nacionales correspondientes.
De 20 a 43 tributos según el consumo
Para realizar el cálculo, el IARAF estableció diferentes perfiles de consumidores.
El primero contempla consumos habituales como alimentos y bebidas, tarjeta de crédito, servicios públicos, telefonía celular, internet y plataformas de streaming.
En ese escenario aparecen, como mínimo, 20 tributos diferentes por año: ocho nacionales, cinco provinciales y siete municipales.
Un segundo perfil incorpora una vivienda, un automóvil, seguros, combustible, productos electrónicos y actividades recreativas como cine o recitales.
La cantidad asciende entonces a 33 tributos: 12 nacionales, ocho provinciales y 13 municipales.
El tercer caso agrega un segundo vehículo, vuelos de cabotaje por razones laborales, hotel, restaurantes, un viaje al exterior y el cambio anual de un automóvil por un 0 kilómetro.
Solamente por esos consumos se llega a 41 cargas diferentes.
Después entra en juego la manera en que la persona obtiene sus ingresos.
Ganancias puede llevar la cuenta hasta 43
Un trabajador asalariado que se encuentre por debajo del mínimo no imponible de Ganancias agrega los aportes personales a la seguridad social.
Si sus ingresos superan ese límite, suma además el Impuesto a las Ganancias.
De esa manera, un asalariado correspondiente al perfil de mayor consumo analizado por el instituto puede llegar a 43 tributos distintos durante el año.
La composición también permite observar qué nivel del Estado origina esas cargas: en ese ejemplo, el 51% corresponde a tributos nacionales, el 19% a provinciales y el 30% a municipales.
Si además se incorporara el consumo de cigarrillos, el número podría ascender a 46 por otros tres impuestos nacionales.
Pocos impuestos explican casi toda la recaudación
La gran cantidad de tributos no significa que todos tengan el mismo peso.
El relevamiento señala que apenas diez concentran el 94% de la recaudación tributaria total.
Entre los de mayor incidencia aparecen el IVA, Ganancias, los aportes y contribuciones a la seguridad social e Ingresos Brutos.
Además, la recaudación conjunta del IVA, Ingresos Brutos y la TISH representa alrededor del 40% de la recaudación tributaria consolidada.
Esto expone una característica del sistema: existe una extensa cantidad de tributos, pero la mayor parte de los recursos se obtiene mediante un grupo mucho más reducido.
Los impuestos al consumo golpean más a los ingresos bajos
Otro punto del análisis está relacionado con quién soporta finalmente la carga tributaria.
Los especialistas consultados por el estudio coinciden en señalar que los impuestos asociados al consumo tienen una incidencia particularmente importante sobre los hogares de ingresos bajos y medios.
La explicación está en que esas familias destinan una proporción mayor —y en muchos casos prácticamente la totalidad— de sus recursos al consumo.
El IVA constituye uno de los ejemplos más claros: la alícuota aplicada sobre un producto no cambia según los ingresos de quien lo compra.
Ingresos Brutos también termina teniendo incidencia sobre el precio, aunque el consumidor generalmente no lo observa discriminado en el ticket.
El debate que viene: ¿bajar impuestos llegará al bolsillo?
El relevamiento aparece además en momentos en que el Gobierno nacional anticipó una nueva reducción de la presión tributaria.
El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció como objetivo disminuir durante 2027 la carga tributaria en el equivalente a un punto del Producto Bruto Interno.
Pero el efecto sobre los consumidores dependerá de qué impuestos se reduzcan.
Una disminución de cargas directamente vinculadas con los ingresos puede tener un impacto más visible sobre el bolsillo de quienes las pagan. En cambio, reducir impuestos que actúan en distintas etapas de la producción no garantiza automáticamente una caída equivalente de los precios.
El otro factor será lo que hagan provincias y municipios.
Los especialistas advierten que una reducción de impuestos nacionales podría quedar neutralizada si simultáneamente aumentan las cargas provinciales o municipales.
El debate tributario, por lo tanto, no pasa únicamente por determinar cuántos impuestos existen. También por establecer cuáles pesan realmente sobre los precios y cuánto de esa carga termina pagando una persona cada vez que abre la billetera