Quién trabaja en una mina subterránea: el equipo humano detrás de cada avance

Quién trabaja en una mina subterránea: el equipo humano detrás de cada avance
Quién trabaja en una mina subterránea: Minería y Recursos Humanos

Cuando se habla de productividad en una mina subterránea, los primeros datos que suelen aparecer son los metros de avance, las toneladas extraídas, la ley del mineral o la disponibilidad de los equipos. Pero ninguno de esos indicadores se explica por sí solo. Detrás de cada avance hay personas que planifican, controlan, operan, mantienen, supervisan y toman decisiones en un ambiente donde las condiciones pueden cambiar en cuestión de minutos.

Una mina subterránea funciona como una estructura en la que cada tarea está vinculada con otra. El trabajo del geólogo condiciona al planeamiento; el planeamiento define el desarrollo de las labores; la topografía lleva ese diseño al terreno; la geotecnia determina cómo debe sostenerse la excavación; los operadores ejecutan el ciclo y mantenimiento procura que los equipos estén disponibles. Al mismo tiempo, ventilación, drenaje, seguridad, logística y servicios deben acompañar cada etapa.

Por eso, conocer quiénes trabajan en una mina subterránea también permite entender la dimensión humana de una actividad que combina especialización técnica, experiencia y una coordinación permanente.

Desde la dirección hasta el frente de trabajo

En la parte superior de la estructura se encuentra la Gerencia de Mina o Gerencia de Operaciones. Es quien conduce la estrategia general de la explotación, administra los presupuestos de capital y operación y tiene bajo su responsabilidad indicadores centrales como producción, costos, seguridad y sustentabilidad.

La Superintendencia o Jefatura de Mina lleva esa estrategia al terreno operativo. Su tarea está relacionada con el cumplimiento del plan de minado de corto y mediano plazo, la optimización de recursos y la aplicación de los estándares de seguridad, salud ocupacional y ambiente.

Otro eslabón fundamental es Planeamiento Minero. Allí se determina cómo se desarrollará y explotará el yacimiento de acuerdo con sus características, utilizando herramientas de modelamiento y planificación para definir secuencias de explotación, controlar reservas y establecer parámetros como la ley de corte.

Durante cada guardia, la Ingeniería de Turno tiene una responsabilidad especialmente cercana a la operación. Distribuye frentes y equipos, controla los metros de desarrollo y el tonelaje previsto, coordina insumos y explosivos, resuelve contingencias y mantiene comunicación permanente con los distintos sectores. Es, en definitiva, uno de los puntos donde el plan diseñado en las oficinas se encuentra con la realidad del frente.

A partir de allí aparece una extensa red de especialidades.

La Topografía Minera puede ser considerada los ojos de la operación. Sus profesionales trasladan los diseños de ingeniería al terreno, controlan alineaciones y gradientes, replantean las mallas de perforación, relevan las galerías y actualizan los planos que permiten saber con precisión dónde está la mina respecto del diseño previsto.

La Geotecnia, por su parte, estudia el comportamiento del macizo rocoso y determina las medidas necesarias para mantener estables las excavaciones. El análisis de las condiciones de la roca permite definir sistemas de sostenimiento que pueden incluir pernos, mallas, cables o hormigón proyectado.

La Geología de Mina sigue la mineralización a medida que avanzan las labores. Su información permite actualizar el modelo geológico, controlar los contactos litológicos y reducir la dilución no planificada, en coordinación permanente con Planeamiento y Operaciones.

También están quienes se ocupan de que el aire pueda circular y de que el agua no se convierta en un problema operativo. Ventilación diseña y controla los circuitos de aire, monitorea gases y temperatura y calcula los requerimientos de acuerdo con las características de cada sector. Hidrogeología y Drenaje, en tanto, gestionan las filtraciones y los sistemas de bombeo necesarios para mantener las labores operativas y seguras.

En una mina cada vez más tecnificada también adquieren importancia Automatización e Instrumentación. Sistemas SCADA, sensores, telemetría, posicionamiento y monitoreo remoto permiten incorporar información en tiempo real y avanzar hacia operaciones cada vez más digitalizadas.

Y todo ese equipamiento necesita mantenimiento. Mecánicos y electricistas trabajan sobre jumbos, LHD, camiones de bajo perfil, vehículos de transporte y otros equipos indispensables para que el ciclo no se detenga. El mantenimiento preventivo, predictivo y correctivo, junto con la disponibilidad de repuestos críticos y los procedimientos de bloqueo y etiquetado, forman parte de esa tarea.

Finalmente, Seguridad e Higiene Ocupacional atraviesa transversalmente toda la operación. El control de las condiciones ambientales, los gases, el material particulado, las vías de evacuación, los refugios, los elementos de protección personal y la investigación de incidentes son algunas de sus responsabilidades.

En esta estructura también tienen un lugar importante las empresas contratistas. La minería subterránea recurre a compañías especializadas para actividades como profundización de piques, perforación diamantina, shotcrete mecanizado, voladuras, alquiler de equipos y mantenimiento de sistemas de comunicación. Su integración a los estándares de seguridad de la empresa minera es necesaria para mantener criterios comunes dentro de la operación.

Pero toda esa estructura finalmente tiene que llegar al lugar donde la minería ocurre de manera concreta: el frente.

Allí aparecen trabajadores como el ayudante, que suele representar una de las puertas de entrada a la operación subterránea. Su tarea consiste en asistir en la instalación de servicios, limpieza, logística y otras labores mientras incorpora conocimientos y experiencia.

El jumbero es quien lleva adelante la perforación de la malla de disparo con equipos electrohidráulicos. La precisión de ese trabajo tiene consecuencias sobre la voladura, la sobreexcavación y las necesidades posteriores de sostenimiento. En los métodos que utilizan tiros largos existe además el operador de Jumbo radial, cuya precisión incide directamente en la recuperación del mineral y en el control de la dilución.

Después de la voladura entran en escena los operadores de LHD o Scooptram y de camiones de bajo perfil, encargados de retirar el material y trasladarlo hacia los puntos de descarga correspondientes. Trabajar con estos equipos en galerías reducidas exige experiencia y una permanente atención a las condiciones de circulación.

También están los fortificadores y shotcreteros, responsables de ejecutar los sistemas de sostenimiento definidos por geotecnia, y las cuadrillas de servicios mineros, que mantienen extendidas las redes de agua, aire comprimido, ventilación, drenaje e iluminación.

La formación de estos trabajadores se construye habitualmente a partir de capacitación técnica, certificaciones y experiencia. El recorrido puede comenzar como ayudante y continuar hacia puestos de operador, operador senior y supervisión. En ese proceso, el conocimiento adquirido en el propio terreno tiene un peso considerable.

Una mina no termina en el subsuelo

La imagen de una mina suele concentrarse en quienes ingresan a las galerías. Sin embargo, una operación subterránea necesita una organización mucho más amplia para mantenerse en funcionamiento.

Administración y Finanzas controla los presupuestos y costos. Recursos Humanos organiza dotaciones, turnos, capacitación y relaciones laborales. Logística y Cadena de Suministro procura que los repuestos, explosivos, insumos y consumibles estén disponibles cuando la operación los necesita. Medio Ambiente y Relaciones Comunitarias trabaja sobre permisos, monitoreos y el vínculo con las comunidades del entorno.

También son parte de la operación las áreas Legal y Regulatoria, Comercialización y Tecnologías de la Información. Esta última adquiere una relevancia creciente a medida que las comunicaciones, el despacho de flota, los sistemas de control y otros procesos dependen de infraestructura digital.

Exploración cumple otra función estratégica: ampliar el conocimiento del yacimiento y buscar recursos que permitan sostener su desarrollo en el tiempo. Y junto a todos ellos están Salud Ocupacional, los servicios médicos, las brigadas de rescate y el personal que mantiene los campamentos, desde alimentación y hotelería hasta mantenimiento.

Por eso, detrás de cada turno de producción existe una cantidad de trabajadores que no necesariamente aparecen en la fotografía del frente, pero cuyo trabajo resulta indispensable para que ese frente pueda operar.

Desde Recursos Humanos, toda esta estructura se transforma en perfiles concretos. Para los puestos operativos se requieren formación técnica, certificaciones y condiciones adecuadas para desempeñarse en ambientes de trabajo exigentes. En los cargos profesionales se incorporan, además, la formación universitaria, las especializaciones y la experiencia.

Pero la minería subterránea también demanda capacidades que no aparecen solamente en un título. Trabajar en equipo, comunicarse correctamente, tomar decisiones bajo presión, adaptarse a los turnos y mantener una conducta rigurosa frente a los procedimientos de seguridad son competencias que adquieren un valor particular cuando un error puede tener consecuencias graves.

La actividad ofrece, dependiendo de cada operación y empresa, regímenes de trabajo por turnos, alojamiento y alimentación en campamento, transporte, cobertura médica y posibilidades de capacitación y desarrollo profesional. Es parte de la ecuación que explica por qué estos empleos resultan atractivos para muchos trabajadores, especialmente en regiones donde la actividad minera representa una fuente importante de empleo formal.

Pero esa ecuación tiene también una contracara.

La distancia del hogar es una de las características que acompañan a buena parte de los trabajos mineros en operaciones remotas. Permanecer durante días o semanas fuera de casa, adaptarse a los turnos y convivir con las condiciones propias de una mina ubicada en altura o en ambientes de temperaturas extremas requiere una adaptación que no es solamente laboral.

La altura puede implicar procesos de aclimatación y afectar el sueño; el trabajo prolongado, el ruido, las vibraciones y los cambios de horario pueden incrementar las exigencias físicas. Y existe además una dimensión familiar que no siempre aparece en los indicadores de producción: estar lejos de la pareja, los hijos o los padres durante períodos determinados, perder acontecimientos cotidianos y tener que volver a organizar la vida familiar cada vez que termina una guardia.

Por eso, el bienestar del trabajador se convirtió también en una cuestión que excede el salario o el régimen de turnos. La salud ocupacional y las áreas de Recursos Humanos incorporan herramientas de acompañamiento y programas destinados a atender las distintas dimensiones de la vida de quienes trabajan en la actividad.

Una mina subterránea es, en definitiva, una organización humana antes que una suma de máquinas. Cada avance es posible porque existe una cadena de conocimientos y responsabilidades que comienza mucho antes de que un equipo llegue al frente y continúa mucho después de que el mineral sale de la galería.

Desde el ayudante que está dando sus primeros pasos hasta el profesional que toma decisiones sobre una operación completa, todos forman parte de un mismo sistema. Y en una actividad donde las condiciones del terreno, la tecnología y los objetivos productivos conviven permanentemente con el riesgo, la coordinación entre esas personas no es un aspecto secundario: es parte esencial del funcionamiento de la mina.

Por Spic Limo
Ingeniero de Minas
Profesor de Minería Subterránea en UCV
Consultor, asesor y formador minero
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YouTube: @mineriasubterranea

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