La discusión de los proyectos legislativos sobre la incorporación de las denominadas tierras raras al Código de Minería que se da en el Congreso fue marco de una interesante exposición sobre el presente y futuro de la actividad minera argentina que vale la pena rescatar. Se trata de la charla que brindó Juan Biset, miembro fundador del Grupo de Trabajo de Asuntos Mineros del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), ante la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados bajo el título «Geopolítica y geología: ventana de oportunidad para el país».
Uno de los conceptos centrales de su presentación fue que la existencia de un recurso mineral no alcanza para que exista una mina. «La mina no es un concepto geológico o de la ingeniería. Mina es un concepto económico. Hay mina cuando los costos son menores que los beneficios», sostuvo.
A partir de esa definición, Biset señaló que las decisiones regulatorias inciden directamente sobre el desarrollo minero. «Si yo introduzco legislación que sube los costos, estoy apagando áreas mineras. Si introduzco legislación que baja los costos, estoy generando minería», afirmó ante los diputados.
El especialista ubicó este debate en un escenario internacional diferente al de las últimas décadas. Según explicó, la pandemia alteró las cadenas de suministro y la creciente competencia entre bloques modificó la lógica del mercado de minerales. «Ya no existe más aquel mundo donde los minerales se compraban en el supermercado. Ahora hay una competencia desatada por el acceso a los minerales», señaló.
En ese contexto, recursos que antes eran considerados commodities pasaron a tener un valor crítico para las principales economías. «El cobre era un commodity, hoy es un mineral crítico. Es el mismo objeto, el mismo átomo, pero cambió su naturaleza, su consideración», explicó.
Planteó que la necesidad de minerales enfrenta una limitación particular: la minería requiere largos períodos
para responder a los cambios de la demanda.
«Entre la exploración y la producción pasan 30 años», explicó. Esa característica convierte al financiamiento de la exploración en uno de los principales desafíos.
En esa línea, defendió el papel de los mercados de capitales para financiar una actividad de alto riesgo porque la mayoría de los proyectos nunca llega a convertirse en una mina. Por eso, las compañías exploradoras recurren a mercados como el de Toronto para obtener recursos.
Advirtió también sobre la conveniencia de no sobrerregular recursos por el solo hecho de considerarlos estratégicos. Como ejemplo, comparó las políticas aplicadas por Argentina, Chile y Bolivia respecto del litio.
«Bolivia tiene el mejor salar del mundo, Uyuni, y no produce litio. Los salares argentinos no son tan buenos como Uyuni. Producimos litio. ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro? El abordaje de política pública», afirmó.
En su visión, Argentina atraviesa una oportunidad porque dispone de recursos que el mundo necesita, pero debe lograr que ese potencial geológico pueda transformarse en proyectos económicamente viables, con reglas previsibles y aceptación social