El proyecto de Glencore El Pachón todavía debe resolver cuestiones ambientales y regulatorias antes de avanzar hacia la construcción en Calingasta.
Por Elizabeth Pérez – Tiempo de San Juan
Después de décadas de anuncios postergados, el proyecto de cobre de Calingasta El Pachón, de la minera Glencore, ha vuelto a generar expectativas de desarrollo entre los grandes proyectos mineros de la provincia. Pero antes de que pueda comenzar la construcción hay dos cuestiones que van a demorar el inicio de la futura mina de cobre.
El informe ambiental
Fuentes calificadas estiman que la compañía podría presentar el nuevo informe ambiental durante 2027. El Pachón ya cuenta con una DIA, pero corresponde exclusivamente a la etapa de exploración. Para construir y poner en producción la mina necesita una nueva autorización ambiental de las autoridades ambientales de la provincia.
El análisis de un informe de estas características puede demandar entre seis y nueve meses en el mejor de los escenarios. Por eso, si se cumplen los tiempos previstos, la DIA podría estar aprobada hacia fines de 2027. Recién a partir de entonces el proyecto quedaría en condiciones de avanzar formalmente hacia la construcción.
El glaciar de escombro, un punto pendiente
Pero antes de llegar a esa instancia existe otro asunto que debe resolverse. Dentro del área del proyecto cuprífero hay un glaciar de escombro incluido en el inventario del Ianigla, cuya situación deberá ser definida antes de avanzar con la nueva DIA.
Ese glaciar ha sido considerado por el gobierno provincial como un cuerpo de escombros sin actividad y sin hielo: aseguran que la cantidad de hielo que contiene y su función como eventual reserva hídrica es mínima. Por eso la provincia lo ha retirado de su inventario de glaciares. Pero la formación aún está en el inventario del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales. Por lo tanto, Glencore deberá lograr la desclasificación de ese glaciar antes de avanzar con su informe de impacto ambiental.
Quien deberá solicitarlo a la Subsecretaría de Ambiente de la Nación (y esta al Ianigla) es el organismo que funciona como autoridad de aplicacion local: el Consejo Provincial para la Coordinacion de Protección de Glaciares, quien a fines del 2022 desclasificó el glaciar de El Pachón del inventario provincial de glaciares. Fue cuando se hicieron los estudios de Nivel 3 a propuesta de Glencore y el Consejo hizo un convenio con la Universidad Nacional de San Juan para auditar y acompañar los estudios. En base a lo resuelto se labró un acta y se sacó ese glaciar del inventario provincial. El paso que queda es que ese mismo glaciar sea retirado del inventario del Ianigla.
Una inversión de US$9.500 millones
A la espera de resolver estos puntos, Glencore también busca darle al proyecto un marco de inversión de largo plazo. La compañía presentó ante el Gobierno nacional su solicitud de adhesión al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) tanto para El Pachón como para su proyecto catamarqueño Agua Rica. Ninguno de los pedidos aun ha sido aprobado por el Ejecutivo nacional.
Para El Pachón, Glencore pidió una inversión prevista de U$S 9.500 millones para la Fase 1 durante la próxima década. El proyecto calingastino tiene recursos estimados en unos 6.000 millones de toneladas de mineral, con leyes promedio de 0,43% de cobre, 2,2 gramos por tonelada de plata y 130 gramos por tonelada de molibdeno.
Y la escala proyectada es también importante en términos de producción. Según las estimaciones difundidas por la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), la construcción estaría prevista desde 2031 y la producción comenzaría en 2034, con una capacidad estimada de unas 338.000 toneladas anuales de cobre.
Seis décadas de idas y vueltas
El yacimiento fue descubierto en 1964 y lleva más de seis décadas atravesando estudios, cambios de propietarios y anuncios de inicio que nunca llegaron a convertirse en producción. Ahora el proyecto vuelve a tener un horizonte más concreto, pero todavía debe atravesar los pasos ambientales y regulatorios que determinarán cuándo podrá pasar de los estudios a las obras.
Si las previsiones se cumplen, 2027 podría ser un año clave, con la presentación y eventual aprobación de la nueva DIA, según fuentes calificadas. La construcción, en cambio, quedaría para después de 2030.
Así, el histórico proyecto de Calingasta vuelve a estar en carrera. Esta vez, el desafío no es solamente conseguir la inversión: también deberá resolver las dos cuestiones que hoy marcan su calendario