En el aniversario de la Bolsa de Rosario, el jefe del Estado se puso en docente y dio una especie de clase de educación financiera para explicar el origen del avance de la morosidad entre las familias argentinas y por qué el Estado no se debe meter en el tema. Un libreto que no cambia aunque la realidad sí. Pullaro defendió el equilibrio fiscal, pero también marcó diferencias. Javkin lanzó nuevo eslogan: ¿para ir por un tercer mandato?
Una hora y diez dedicó el presidente a explicar el tema de la morosidad.
No solo fue un furcio. De hecho, no es la primera vez que el presidente Javier Milei da muestras de que le cuesta entender dónde está parado. “Gracias a las autoridades de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires”, abrió ante el auditorio a oscuras de la Bolsa de Rosario. Y se corrigió inmediatamente. Sin embargo, en la hora y diez de discurso que siguió a ese instante, luego del cual se rieron tanto el jefe del Estado como el público, no hubo una sola referencia ni a la provincia, ni a la ciudad, ni al entramado productivo representado por quienes lo escuchaban.
Milei puso el foco en uno de los problemas que hoy afectan su popularidad: el nivel de endeudamiento y morosidad creciente que afecta a millones de familias argentinas. Dio una especie de clase magistral de educación financiera con una fuerte defensa del sistema bancario, un tema mucho más cercano a la idiosincracia de la Bolsa porteña, enfocada en el mercado de capitales, que de la rosarina, que es una entidad representativa de los intereses de la agroindustria.
El presidente desarrolló una argumentación que lo llevó a concluir lo que ya dijo sobre el tema: que el endeudamiento y la morosidad son problemas entre privados en los que el Estado no se tiene que meter.
Su gobierno, sostuvo, no generó el inconveniente y, en todo caso, su orientación va a ayudar a resolverlo. Pero no por acción directa, sino porque, como consecuencia de la desinflación, la baja del riesgo país, la estabilización de la macroeconomía, las deudas se van a poder refinanciar con nuevos plazos y a tasas que de acuerdo a su mirada volverán a tasas razonables, después de que se dispararon por los “intentos de golpe de Estado” y la corrida que enfrentó el año pasado.
¿Quién tiene la culpa entonces? Los “populistas corruptos”, los economistas “chantas” y los periodistas “ensobrados” que no tomaron en serio los avisos que él mismo pronunció en el mismo lugar, un año atrás. Aquella vez atribuyó la suba de las tasas de interés a la incertidumbre electoral y al “riesgo kuka”. Y llegó a plantear que, ante una amenaza contra los derechos de propiedad, la tasa podía tender a niveles extraordinariamente altos. Yo lo advertí y ustedes no me hicieron caso. Ahora háganse cargo, fue el mensaje de este viernes.
El presidente leyó la amplia difusión que hoy tiene el tema de la morosidad como una “nueva opereta” del populismo en su contra, en el inicio de la campaña electoral en la que irá por la reelección. La recurrencia al kirchnerismo como enemigo fue acaso el único punto de empatía que tuvo con el auditorio, que solo celebró su histrionismo, sus chistes, sus burlas y sus insultos cuando apuntaron contra el universo K.
Podría decirse que, políticamente, perdió una oportunidad. Antes de que hablara el jefe del Estado, el presidente de la Bolsa, Pablo Bortolato, por caso, había resaltado medidas del gobierno nacional como la concesión de la hidrovía y la baja de las retenciones, aunque, en cuanto a los derechos de exportación, reclamó su eliminación definitiva por ley. Nada dijo de estas cuestiones Milei.
Maximiliano Pullaro, en tanto, se colgó la cucarda de la mejora en los índices de seguridad, algo en lo que también Nación tiene parte. Tampoco habló de eso el jefe del Estado. El gobernador defendió el equilibrio fiscal, pero sin dejar de marcar diferencias: Santa Fe apuesta a la obra pública y a políticas activas a favor de los sectores productivos, apuntó.
También por el lado de la baja del delito fue Pablo Javkin, que resaltó la coordinación entre los tres niveles del Estado. Aunque no dijo que irá por un tercer mandato, pareció lanzar su campaña para eso al pronunciar una frase que sonó a posible eslogan para suceder al ya repetido “volvió Rosario”: la próxima etapa, dijo, será la de “la grandeza» de la ciudad.
Con toda la discusión que seguramente la oposición local le dará a ese planteo, hay algo que el intendente hizo que está en el manual básico de cualquier político con aspiraciones: hablar de futuro, no solo de pasado.
Ese parece ser uno de los problemas políticos de Milei. Que cosechó aplausos cuando cuestionó cómo manejó la pandemia —¿todavía es un tema la pandemia?— “el gobierno hijo de mil putas de Alberto Fernández”, pero no sintoniza con las penurias que millones de compatriotas tienen en el presente ni les plantea un mañana a los sectores que pierden con su modelo económico.
Desde su punto de vista, el que tomó préstamos a tasas más altas de las que podía pagar “para comprar televisores para el Mundial” es el único responsable de eso y tiene que aprender de su error (habló de no romper el “learning”) para no volver a cometerlo. Si el Estado se mete, el remedio sería peor que la enfermedad, además de una “inmoralidad” y una “injusticia”. No, nada de caída de ingresos ni pérdida de puestos de trabajo, factores que otros ven como centrales para entender el tema y que se repiten en los testimonios de los propios endeudados.
El nivel de morosidad de las familias argentinas, para el presidente, no es algo para dramatizar: es similar al de Estados Unidos, aseguró, e incluso menor al de otros países de la región.
Él avisó y su gobierno hizo lo que había que hacer. Punto. Para el que no le gusta, tiene una sola respuesta: “¿Quieren volver a la solución populista? Tiene un destino, se llama Cuba. Si quieren ser un país grande, va a haber que abrazar las ideas de la libertad y ponerse los pantalones largos”.
No, el presidente libertario no piensa en nuevas canciones. Milei es el de siempre. Y avisa que no va a cambiar, aunque haya cambiado la realidad. Él se mira al espejo y se ve hermoso y magnánimo. Digno del premio Nobel de economía. Y el que no comparte eso o es un estúpido o trabaja para el mal.<strong. < strong=»»></strong. <>
En campaña al fin, el presidente, antes de volver a Buenos Aires, pasó primero por la plaza Pringles, donde saltó y cantó con dirigentes y militantes libertarios locales. Desde el primer piso de la Bolsa se lo veía disfrutar del amor de los propios, que además de piezas para difundir en redes sociales acaso le aportaron algo de calor humano. La marcha de protesta que repudió su visita, y que extrañamente pudo llegar hasta Corrientes y Córdoba, ya se había disipado hacía un buen rato.
Después, ya con la noche avanzada, comenzaron a retirar las vallas y la cuadra de la peatonal Córdoba entre Corrientes y Paraguay volvió a quedar libre para ser caminada por quien quisiera. Milei ya volaba de regreso al aislamiento de Olivos.