Subas en la Unidad Tributaria y 26 tasas municipales: el combo que acorrala al comercio de Salta

Subas en la Unidad Tributaria y 26 tasas municipales: el combo que acorrala al comercio de Salta

En diálogo con la prensa, Gustavo Herrera, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Salta, le puso voz a un clamor que atraviesa a las pymes locales: «No hay plata en la calle».

SALTA – Las persianas bajas, los carteles de «Alquila» y el silencio en las calles del centro de Salta no son una percepción subjetiva ni una «sensación»: son la consecuencia directa de un modelo económico que asfixia a la producción local mientras festeja planillas financieras en Capital Federal. En diálogo con la prensa, Gustavo Herrera, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Salta, le puso voz a un clamor que atraviesa a las pymes locales: «No hay plata en la calle».

La foto del último Día del Niño fue demoledora. Pese al esfuerzo de las familias por agasajar a los más chicos llevándolos a plazas o parques, el consumo comercial volvió a mostrar un ticket promedio marcadamente bajo. «Es parte de la economía que estamos viviendo; no sale de las expectativas que a uno le gustaría, pero la realidad es que plata en el bolsillo de la gente no va a haber», sintetizó Herrera con amarga crudeza.

Un laberinto impositivo que expulsa a la formalidad

El diagnóstico de la entidad gremial empresaria apunta directo al corazón de la política fiscal. Mientras desde el Poder Ejecutivo Nacional se pregona un superávit sostenido a costa del abandono de la infraestructura pública —como el visible deterioro de las rutas nacionales— y la desinversión en servicios esenciales, las pequeñas y medianas empresas salteñas naufragan bajo una maraña tributaria implacable.

Según datos del propio Observatorio Económico de la Cámara de Comercio de Salta, en la capital provincial conviven 77 tributos: 40 nacionales, 11 provinciales y 26 municipales. Un comerciante formal en la ciudad enfrenta una presión directa combinada de al menos el 7% sobre su facturación bruta únicamente entre Ingresos Brutos y la Tasa de Inspección de Seguridad, Salubridad e Higiene (TISSH), esta última atada a una Unidad Tributaria que sufrió incrementos desproporcionados respecto a la actividad real.

«La carga impositiva va sobre lo que vos facturás, no sobre lo que ganás», remarcó Herrera. De lo recaudado por ventas antes de afrontar alquileres, salarios o proveedores, el Estado liquida su parte. El resultado es devastador: la mayoría de las pymes comerciales opera hoy por debajo del punto de equilibrio.

Esta distorsión genera un círculo vicioso de consecuencias previsibles: la presión tributaria desmedida no combate la informalidad, sino que la fomenta. El comerciante que no alcanza a cubrir sus costos es arrastrado hacia la clandestinidad económica para no bajar definitivamente las persianas, lo que destruye la recaudación formal y profundiza la precarización.

El impacto social: empleos destruidos y familias endeudadas

La crisis del sector comercial no es un debate abstracto sobre planillas contables; tiene rostros concretos. Ángel Ortiz, secretario de Asuntos Gremiales del Sindicato de Comercio de Salta, ratificó que las reducciones de personal y los despidos se convirtieron en un fenómeno «cotidiano y común». La pérdida de puestos de trabajo en los rubros de indumentaria, calzado y bienes no esenciales golpea con fuerza a las familias trabajadoras, más de la mitad de las cuales arrastra graves niveles de endeudamiento para cubrir gastos cotidianos.

Mientras la minería y la agroindustria muestran dinámicas propias pero de limitado impacto inmediato en el empleo urbano masivo, el comercio —que históricamente representa el 16% del Valor Agregado Bruto provincial— continúa siendo el principal motor del trabajo formal en la provincia.

¿Respuestas locales o resignación?

Frente a un escenario nacional donde las medidas de alivio parecen reservadas a grandes esquemas de incentivo para inversores concentrados, la dirigencia comercial local insta a los gobiernos provincial y municipal a sentarse en mesas de trabajo urgentes para revisar las tasas locales y coordinar alivios tributarios efectivos.

«Hubo épocas en que se decía que algún día esto iba a cambiar. El planteo de hoy es que debe cambiar ahora, porque no creo que haya un ‘algún día’», advirtió el titular de la Cámara. Sin un cambio de rumbo estructural que devuelva el poder de compra a la ciudadanía y reordene la voracidad fiscal sobre la economía real, el comercio salteño seguirá atrapado en la encrucijada de sostener al Estado a costa de su propia subsistencia

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