Una de las conclusiones de Aapresid 2026: en un marco donde la biotecnología y la interpretación humana de la IA hacen la diferencia, se avanza hacia una agronomía de resultados reales.
En tal sentido se puede sostener que, tras años marcados por la volatilidad y varias (y variadas) coyunturas, el foco ha regresado a la esencia de la actividad: la eficiencia productiva en el lote no solo para lograr ser más eficiente, sino para cerrar las brechas de rendimiento. Y esta circunstancia, en el caso del sudoeste bonaerense, no es menor.
En un contexto —se insiste— donde la eficiencia es la clave de la supervivencia económica, el Ing. Agr. Joaquín Gutiérrez Calviño, gerente de Producto de Pioneer, sostuvo que el sector agropecuario argentino ha dejado atrás viejos esquemas para abrazar un modelo centrado plenamente en la producción.
Según el especialista, la rentabilidad actual depende de la capacidad de generar más y mejor, lo que implica un retorno a la agronomía de precisión y al análisis detallado de cada lote. Gutiérrez Calviño —en diálogo con Pool de Periodistas— dijo que la naturaleza del negocio ha cambiado de manera significativa.
“Históricamente, parte de la renta era financiera, pero hoy es 100 % productivista. En este nuevo escenario es imperativo sacar más kilos por hectárea, porque la rentabilidad está ahí y en la habilidad de los sistemas productivos del campo argentino”, manifestó.
Para alcanzar estos objetivos se han desarrollado herramientas (el programa Brechas es uno de ellos), cuyo propósito es identificar alternativas de manejo que maximicen los resultados económicos. El objetivo es claro: “Necesitamos más kilo por hectárea para poder producir más dólares por hectárea”, añadió.

Por otra parte, para Gutiérrez Calviño el techo de la evolución técnica aún no se vislumbra.
“La verdad es que no creo que existe límite para la innovación tecnológica”, aseguró, al tiempo que sostuvo que la estrategia de la compañía no solo se apoya en el mejoramiento genético y en la biotecnología, sino que ahora integra plataformas de inteligencia artificial para optimizar diversos aspectos de la productividad y acelerar los procesos de desarrollo.
El foco está puesto en ofrecer a los productores herramientas que permitan que el potencial genético desarrollado en laboratorio se traduzca en resultados concretos y medibles a campo. En tal sentido, la investigación se muestra en híbridos P21011PWU y P21026PWU, en maíz; en el híbrido P64LP01, en girasol y la variedad P61A26 SE en soja.
Maíces hiperprecoces
Un ejemplo tangible de este cambio de paradigma es el desarrollo de productos específicos para las necesidades regionales, como ocurre en el sur de la provincia de Buenos Aires. Tras detectar una demanda de ciclos más cortos de sitios productivos en derredor del puerto de Bahía Blanca, se introdujo el concepto de maíces hiperprecoces.
Estos materiales permiten una eficiencia superior en la construcción de grano en menos tiempo.
“Son maíces que tienen la particularidad de tener una madurez relativa muy corta. En el sur bonaerense nos permite sembrar maíz detrás de un trigo y poder competir con otra alternativa”, detalló Gutiérrez Calviño.
Este avance permite a los productores optar por un maíz de segunda que, con rendimientos de entre 4.000 y 5.000 kilos, puede ofrecer mejores márgenes brutos que haciendo un trigo soja. En este marco, se anunció el lanzamiento del Pioneer 9540 Intrasec, un nuevo material ultra corto diseñado específicamente para esta rotación en el sudeste y sudoeste bonaerenses, demostrando que la innovación surge en respuesta a las necesidades directas del productor.
A la vanguardia
Por su parte, la Ing. Agr. Verónica Mac Lean, gerenta de marca para maíz y girasol de Brevant Semillas, definió al productor actual como un vanguardista que, por definición, procura profesionalizar su conocimiento y utilizar herramientas que le brinden estabilidad y mejores perfiles sanitarios ante las adversidades.
“Hoy por hoy sentimos que se desarrolla un agro mucho más de antes; esto es, de producir, del resultado y de buscar la mejor opción y el mejor costo beneficio”, afirmó Mac Lean, destacando que el productor valora cada vez más la información precisa para la toma de decisiones.
“El concepto de vanguardistas es para aquellos productores que siempre buscan estar un paso adelante, que innovan, que prueban genética y tecnología y buscan conocimiento para producir más”, manifestó.

La apuesta de la compañía no se limita a un producto específico, sino que abarca una renovación integral en sus tres plataformas principales: maíz, soja y girasol. Según Mac Lean, se atraviesa una etapa de transformación profunda: “No es un solo lanzamiento aislado, son varios y de a poco se irán incorporando más novedades”.
En el segmento de maíz, se presentó BRV 8525 PowerCore® Ultra, una novedad que, junto a un híbrido en proceso de registro, apunta a resolver una de las mayores preocupaciones actuales del sector: el espiroplasma. Ambos poseen una firme acción en ese sentido. Además, mencionó que el ya conocido BRV 8472 sigue siendo la opción predilecta para planteos lecheros y de doble propósito.
El girasol también ocupa un lugar central, con tres lanzamientos destinados a diferentes regiones productivas. Entre ellos, un nuevo material alto oleico para el norte del país y opciones para el centro-sur con tecnología avanzada. Estas variedades cuentan con tolerancia a Phomopsis y Oroche.

Por el lado de la soja, se sumaron dos variedades que completan los ciclos de madurez de su oferta actual: son materiales que incorporan las tecnologías Conkesta® y Enlist®, brindando soluciones integrales para el control de malezas e insectos.
La estrategia busca simplificar la toma de decisiones del productor mediante una oferta robusta, pero enfocada. Ante escenarios climáticos y sanitarios desafiantes, el programa de mejoramiento se centra en la estabilidad y en la fortaleza sanitaria. “El plan está buscando materiales que se adapten a todos los desafíos que hoy tenemos, desde el estrés hasta la estabilidad”, insistió Mac Lean.
El camino de biológicos
En otro sector del Salón Metropolitano de la ciudad de Rosario, donde se realizó la edición de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, una de las transformaciones más visibles es la integración de los productos biológicos en el esquema de protección de cultivos.
El Ing. Agr. Diego G. Monetta, director comercial de Corteva, entiende que, aunque la balanza aún se inclina hacia los químicos convencionales, la adopción de biológicos crece de manera acelerada.
“Se ha superado la antigua percepción de que los biológicos eran menos efectivos. Hoy esas brechas están mucho más cortas; esto es, hay complementariedad”, aseguró. Estos nuevos insumos no solo se enfocan en el control de malezas o enfermedades, sino en la estimulación o la sanidad de esa planta con la intención de fortalecerla ante períodos de estrés hídrico o térmico.
En regiones como el sudoeste y sudeste bonaerenses, donde predominan los cereales de invierno, el uso de biológicos para la fijación de nitrógeno, o como complemento de fungicidas tradicionales, se ha vuelto una estrategia clave para proteger el potencial genético de la semilla a lo largo de todo su ciclo.

La innovación en el campo no se limita a la creación de nuevos productos, sino a su adaptación a necesidades geográficas críticas. Un ejemplo claro en este sentido es el desarrollo de otra propuesta de maíces hiperprecoces para el sur de la provincia de Buenos Aires.
“Estos materiales, de madurez relativa muy corta, permiten a los productores de regiones como la de Bahía Blanca sembrar maíz inmediatamente después de una cosecha de trigo, compitiendo con mejores márgenes brutos frente a opciones tradicionales como la soja de segunda”, amplió Monetta.
Sin embargo, los especialistas advierten que la tecnología por sí sola no es suficiente. “Cualquier innovación debe ser demostrada a campo y tiene que ser sostenible a partir de contar con un sustento técnico que garantice su repetibilidad ante las cambiantes condiciones climáticas de la Argentina”, indicó.
Por otro lado, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) y las plataformas digitales, como MiLote, están redefiniendo la velocidad del análisis de datos, pero no han desplazado el criterio profesional.
“Si bien la IA facilita el orden y la rapidez en el procesamiento de grandes volúmenes de información, el componente humano sigue siendo el eje central”, dijo Monetta.
“Siempre hay una interpretación por parte del técnico, del investigador a campo y del ojo del productor. Eso es imprescindible”, enfatizó.
“La clave del éxito en este nuevo paradigma reside en la interacción crítica entre la biología, el producto y el ambiente, donde la tecnología actúa como un potenciador de la experiencia y la observación humana en el terreno”, concluyó.
“El productor demanda más servicios financieros”
“Creo que estamos atravesando en un momento de más previsibilidad, donde se han normalizado indicadores básicos, tales como las tasas y la variación de precios. Esto da tranquilidad a la hora de tomar decisiones”.
Para Juan Martín Ocampo, gerente de banca agro del Banco Macro, el momento que atraviesa el sector agropecuario en el país se da en un marco de importantes expectativas.
“Estamos viendo una estacionalidad más normal en la demanda de crédito, similar a otros tiempos y con picos de deuda en primavera al arrancar la campaña. ¿Mi consejo? Tomar decisiones con la información disponible hoy, ya que no vemos grandes cambios hacia adelante”, añadió el directivo en el marco de Aapresid 2026, un lugar estratégico que, si bien impone temas de innovación, tecnología y digitalización en pos de productividad y eficiencia, el financiamiento se torna cada vez más relevante.
—¿Cuáles son las perspectivas para la cosecha del año que viene?
—Son muy buenas. Venimos de un año productivo sólido en rendimientos, lo que le da mayor solvencia al productor para arrancar la nueva campaña. Al haber previsibilidad y saber que no se proyectan saltos disruptivos en las tasas, quien invierte tiene un horizonte más amplio para sus inversiones.

Como productor, uno ve que la campaña que se siembra ahora se cosechará con el mismo gobierno, lo que aporta una visión de estabilidad para la toma de decisiones.
—¿Cómo adaptan los servicios a las diferentes realidades productivas del país?
—Entendemos que la realidad de un productor porotero en el norte es distinta a la de un productor sojero o de horticultura en otra región. Por eso, adaptamos los productos financieros a los flujos de caja específicos de cada actividad. En el sudeste bonaerense, por ejemplo, aunque los momentos de siembra y cosecha varíen respecto a otras zonas, existen convenios específicos adaptados a cada necesidad.
—¿Se ha notado un incremento en la demanda de crédito por parte de los productores?
—Sí, y hay un dato que lo ilustra: hace tres o cuatro campañas el financiamiento representaba entre un 25 y un 30 % de la inversión total del agro. Esta vez, ese indicador está cerca del 45 %. Esto muestra a un productor mucho más activo demandando servicios financieros. Es una tendencia que, creemos, se sostendrá en el tiempo.
—¿Qué rol juegan la maquinaria agrícola y la ganadería en esta estructura de financiamiento?
—La maquinaria agrícola es un demandante fuerte; aproximadamente un 30 o 40 % del volumen de crédito tomado se destina a bienes de capital a largo plazo. Tenemos más de 100 convenios con marcas líderes y ofertas en dólares. En cuanto a la ganadería, es un sector estratégico donde impulsamos herramientas, como Redagro, para la compraventa digital de hacienda y el uso de instrumentos novedosos como el warrant ganadero digital, que permite usar la producción como garantía