El campo, la minería y la energía impulsan las exportaciones y la inversión. En cambio, la industria, el comercio y el mercado laboral enfrentan dificultades.
El economista Carlos Pérez, director de la Fundación Capital y exgerente general y director del Banco Central, sostuvo que el principal desafío económico ya no pasa únicamente por mantener la desinflación, sino por conseguir que el crecimiento deje de estar concentrado en unos pocos sectores y se extienda al conjunto de la economía.
Uno de los datos que expone con mayor claridad las dificultades que atraviesan los hogares es la evolución de la morosidad. Según explicó Pérez, la cartera irregular de los préstamos otorgados a familias pasó de rondar el 3% un año atrás a cerca del 12,75%. «Es casi tres veces lo que teníamos un año atrás y claramente tenerlo cerca de 13% al coeficiente de irregularidad de los préstamos a familias es un número muy elevado históricamente hablando», señaló por Splendid AM 990.
El deterioro no se explica solamente por el endeudamiento. Para el economista, también existe un cambio en la estructura del mercado laboral que impacta directamente sobre la capacidad de pago de los hogares. Los empleos registrados pierden participación frente a modalidades como el monotributo, el trabajo autónomo y el empleo informal, mientras los salarios reales continúan bajo presión.
«Hay una migración lamentablemente que se da perdiendo calidad», describió Pérez al analizar la evolución del empleo. En ese sentido, sostuvo que la reducción de los puestos registrados y el crecimiento de ocupaciones de menor calidad se combina con una caída del salario real, dado que las actualizaciones salariales se ubicaron por debajo de la inflación durante buena parte del primer trimestre.
Crecimiento desigual
La recuperación económica también presenta fuertes diferencias entre actividades. Mientras el agro, la energía y la minería concentran buena parte del dinamismo, otros sectores vinculados de manera más directa con el empleo y el consumo masivo muestran un desempeño mucho más débil.
«Es un crecimiento desigual», resumió Pérez. Según explicó, los llamados sectores «estrella» representan menos del 20% del Producto Bruto Interno, mientras que actividades como el comercio, la construcción y las distintas ramas industriales tienen una ponderación considerablemente mayor tanto en el producto como en el empleo.
La diferencia también se observa al analizar el consumo. El especialista señaló que determinados segmentos de mayores ingresos muestran una evolución favorable, con mayor consumo de bienes importados, vehículos y turismo en el exterior. En cambio, el consumo masivo continúa sin recuperar el mismo ritmo.
La misma heterogeneidad aparece a nivel regional y entre los distintos componentes de la demanda. Las exportaciones muestran un desempeño positivo, mientras la inversión permanece más rezagada. De esta manera, la recuperación macroeconómica todavía no consigue traducirse de manera homogénea en la actividad cotidiana de los hogares y las empresas.
Pérez ubicó allí uno de los principales desafíos para el Gobierno: «Tiene que generar las condiciones para que este desafío deje de ser un crecimiento modesto y sectorizado y que sea un crecimiento un poco más robusto y más expandido, más difundido a todas las actividades económicas».
Reservas y el dólar
La acumulación de reservas aparece como otro de los ejes centrales para sostener la estabilidad económica. Pérez recordó que durante el año pasado la Argentina había perdido alrededor de US$9.000 millones en términos de reservas internacionales netas, mientras que durante los primeros siete meses del año había logrado recuperar aproximadamente US$8.000 millones.
El proceso, sin embargo, todavía requiere continuidad. El economista consideró que el Gobierno deberá sostener la compra de divisas y ampliar las alternativas de financiamiento para llegar al próximo año con mayor capacidad de respuesta frente a una eventual demanda de dólares.
El escenario cobra especial relevancia ante la proximidad de un nuevo ciclo electoral y el comportamiento histórico de la dolarización de los agentes económicos durante esos períodos.
«El Gobierno tiene que tratar de abrir todas las ventanas posibles en términos de conseguir dólares», planteó Pérez, al considerar que el financiamiento internacional y la acumulación de reservas serán determinantes para enfrentar eventuales períodos de tensión cambiaria.
En ese contexto, la política cambiaria vuelve a quedar vinculada con el objetivo más amplio de crecimiento.
El Banco Central
En paralelo, el debate sobre la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central busca redefinir las prioridades de la autoridad monetaria. Pérez respaldó la intención de reducir la cantidad de objetivos establecidos por la normativa vigente, pero consideró necesario incorporar explícitamente la estabilidad financiera.
Proyectan US$51.000 millones para el 2030
La energía y la minería se consolidan como dos de los principales motores para el ingreso de dólares a la Argentina y podrían aportar más de US$50.000 millones anuales hacia 2030, según las últimas proyecciones del Banco Central (BCRA).

Entre los factores que explican la mejora aparecen el crecimiento de Vaca Muerta, la puesta en marcha de proyectos vinculados al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y el encarecimiento internacional del petróleo por la guerra en Medio Oriente.
Para 2026, el BCRA estima un ingreso combinado de US$19.000 millones, mientras que en 2027 ascendería a US$24.000 millones. Según la entidad, en 2028 llegaría a US$28.000 millones y en 2029 alcanzaría los US$34.000 millones.
El mayor salto está previsto para 2030, cuando la energía aportaría US$34.000 millones y la minería otros US$17.000 millones. El Gobierno apuesta a que estos sectores, junto con el agro y los servicios basados en el conocimiento, impulsen un modelo de crecimiento liderado por las exportaciones