Durante la jornada de ayer tomó estado público el reclamo de transportistas que denunciaron haber permanecido más de doce horas varados mientras intentaban acceder a los yacimientos de la zona de Puerto Deseado. Según relataron, la circulación fue habilitada pese a que las condiciones del camino ya eran críticas, generando demoras que afectaron tanto el abastecimiento como el traslado de personal y proveedores.
Las imágenes registradas por los propios camioneros muestran una ruta prácticamente intransitable, con vehículos pesados inmovilizados en sectores donde el barro y los profundos huellones impidieron cualquier avance. Las quejas no sólo estuvieron dirigidas al estado del camino, sino también a la falta de información y de respuestas concretas durante las largas horas de espera.
La Ruta Provincial 47 constituye uno de los corredores logísticos más importantes para la minería santacruceña. Une la localidad de Tellier (situada a unos 20 kms de Puerto Deseado) con Ruta Nacional 3 con la zona de operaciones mineras y representa un enlace fundamental para el movimiento diario de insumos, combustibles, explosivos, alimentos, equipos, repuestos, contratistas y cientos de trabajadores que ingresan y egresan de los distintos proyectos.
Cada interrupción repercute sobre toda la cadena operativa. No solamente se retrasan los camiones de abastecimiento. También se modifican cambios de turno, se alteran cronogramas de mantenimiento, se incrementan los costos logísticos y aparecen riesgos adicionales para quienes permanecen durante horas expuestos a las condiciones climáticas de la Patagonia.
En la industria minera, donde gran parte de la planificación depende del cumplimiento estricto de los tiempos logísticos, una ruta fuera de servicio deja de ser un problema vial para convertirse en un factor que impacta directamente sobre la operación.
Un escenario que se repite, año tras año
Desde hace más de una década la Ruta 47 aparece de manera recurrente en los partes oficiales de transitabilidad con restricciones, cortes o advertencias por barro, nieve, huellones y pérdida de la calzada. Cada invierno, las precipitaciones y las bajas temperaturas vuelven a dejar al descubierto las limitaciones de una traza mayoritariamente de ripio que soporta un intenso tránsito de vehículos pesados durante todo el año.
En 2011 fue anunciada una de las obras más ambiciosas para este corredor: la pavimentación integral de la ruta mediante una licitación dividida en dos tramos. El proyecto fue adjudicado a empresas que posteriormente quedarían involucradas en la conocida causa Vialidad. Sin embargo, con el paso de los años, la obra nunca logró traducirse en una ruta asfaltada de punta a punta y la RP 47 continúa presentando, en gran parte de su recorrido, las mismas características que hace más de una década.
Desde entonces hubo intervenciones de mantenimiento, mejoras puntuales y operativos permanentes de Vialidad Provincial para recuperar la transitabilidad después de cada temporal. También se anunciaron nuevas inversiones destinadas a tareas de conservación y mejoramiento. Sin embargo, la reiteración de los mismos inconvenientes demuestra que las soluciones aplicadas hasta el momento no han logrado resolver de manera definitiva un problema estructural.
Las demoras denunciadas por los transportistas reabrieron un debate que atraviesa a toda la comunidad minera. Empresas operadoras, contratistas, proveedores, transportistas y trabajadores coinciden en un punto: la Ruta 47 es demasiado estratégica para depender únicamente de intervenciones de emergencia cada vez que llegan las lluvias o las nevadas.
Naturalmente, las condiciones climáticas extremas de la Patagonia representan un desafío para cualquier infraestructura vial. Sin embargo, también resulta cierto que la actividad minera constituye uno de los principales motores económicos de Santa Cruz y necesita corredores logísticos con niveles de previsibilidad acordes a la magnitud de las inversiones que sostiene la provincia.
El interrogante ya no pasa únicamente por establecer responsabilidades históricas o actuales. Las distintas gestiones provinciales, con mayor o menor grado de intervención, enfrentaron el mismo problema sin alcanzar una solución definitiva. Mientras tanto, la Ruta 47 continúa acumulando inviernos con escenas prácticamente idénticas.
La discusión de fondo parece haber cambiado. Más que preguntarse quién es responsable, el desafío consiste en definir qué obras de infraestructura necesita realmente este corredor para dejar atrás un ciclo que se repite año tras año.
Porque cada nuevo invierno vuelve a demostrar que el problema ya no puede considerarse una contingencia climática aislada, sino una deuda estructural cuya resolución impactará directamente en la seguridad vial, la competitividad logística y el desarrollo de una de las actividades productivas más importantes de Santa Cruz.
Por: Extremo Minero
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