Oveja en la Meseta imagen ilustrativa generada por LA17
La pérdida continuada de hacienda ovina por ataques de predadores eleva la tasa de mortandad en los campos del interior chubutense por encima del 20%, un umbral que liquida la rentabilidad de las majadas.
La proliferación del puma, el zorro y la sobrepoblación del guanaco convirtió la ganadería extensiva de la zona central en una actividad económica deficitaria. En una entrevista concedida a #LA17, el presidente de la Federación de Sociedades Rurales de la provincia, Ricardo Irianni, advirtió sobre las consecuencias del vaciamiento rural en comisionados de fomento como Telsen, Gan Gan o Gastre.
Esta crisis operativa coincide con un choque de visiones entre los pobladores dedicados a la lana y las corrientes proteccionistas impulsadas por profesionales e instituciones científicas. Las posturas ambientalistas que cuestionan el control de predadores ignoran las pautas de manejo histórico que mantuvieron el equilibrio entre la fauna autóctona y la ganadería. Las críticas formuladas desde organismos estatales como el Conicet o fundaciones privadas dificultan la aplicación de protocolos de contención poblacional validados por la experiencia de campo.
A pesar de la pérdida sostenida de vientres, los productores locales mantienen programas de inversión para elevar el estándar de la hacienda ovina y bovina en la región. Un ejemplo reciente de esta perseverancia fue la distinción obtenida por una cabaña de Sarmiento al lograr el premio al mejor ejemplar de Toro Hereford de la Argentina. Este trabajo genético silencioso contrasta con la reducción del padrón ganadero, que hoy cuenta con apenas 3.000 productores en actividad dentro de todo el territorio provincial.
La vulnerabilidad económica del sector rural reabrió las discusiones sobre el destino de los campos que quedan abandonados y la ausencia de controles impositivos en las operaciones inmobiliarias. La compraventa de tierras entre privados sin la intervención del Estado amenaza con alterar la matriz productiva si no se fijan pautas claras de uso del suelo. Las entidades del campo reclaman la aprobación de un plan de zonificación provincial que delimite de forma precisa las áreas destinadas a la ganadería, las reservas naturales y los parques eólicos.
La desocupación de los establecimientos rurales no solo detiene la producción lanera, sino que interrumpe la cadena de suministros que alimenta a las economías de los pueblos de la meseta. En la charla mantenida en la emisión de #LA17, el dirigente Ricardo Irianni graficó el impacto de la faena de los predadores al precisar que “si los predadores contribuyen con un 20% o más de las pérdidas es lo que pasa hoy que han cerrado muchísimos campos”, alertando que la falta de rentabilidad destruye el tejido social del interior.
El debate con las organizaciones ambientales que rechazan la intervención en el ecosistema dificulta la formulación de políticas públicas basadas en datos productivos. Sobre la descalificación que sufren los trabajadores de la meseta, Ricardo Irianni sostuvo ante los micrófonos de #LA17 que “los productores siempre han trabajado en concordancia con la naturaleza”, desmintiendo que las majadas busquen la erradicación de las especies autóctonas.
La urgencia por fijar un marco de ordenamiento territorial apunta a imitar los criterios de planificación urbana utilizados en los centros urbanos para proteger los recursos estratégicos. Durante el diálogo radial, el titular de la Federación de Sociedades Rurales planteó la necesidad de definir los usos de la tierra al sostener que “así como se hace la planificación urbana se puede hacer una planificación territorial en la provincia”, reclamando intervención estatal ante la venta de campos sin destino productivo determinado.
Como respuesta a la sobrepoblación de guanacos que compite por las pasturas naturales con las ovejas, la Dirección de Fauna del Ministerio de Producción convocó a una mesa de trabajo para iniciar el plan provincial de manejo. La iniciativa busca copiar las experiencias aplicadas en Santa Cruz y Río Negro para habilitar la esquila, el aprovechamiento de la fibra y la comercialización de la carne. Las reuniones fijadas para la semana entrante buscarán destrabar un reclamo que lleva años de tramitación administrativa.
La efectividad del programa de manejo del guanaco y la implementación de controles sobre la fauna predadora determinarán la supervivencia de las explotaciones familiares que aún resisten en el interior. Si las resoluciones oficiales se demoran en los despachos gubernamentales, el despoblamiento de la meseta continuará avanzando sin pausa. La consolidación de un esquema de zonificación resulta indispensable para evitar que la producción de alimentos ceda terreno frente a la especulación de la compra de tierras