Sin infraestructura no hay minería ni energía: el plan de Canadá para acelerar inversiones

Sin infraestructura no hay minería ni energía: el plan de Canadá para acelerar inversiones

El Fondo de Infraestructura para Minerales Críticos (CMIF), la Oficina de Grandes Proyectos (MPO) y nuevas iniciativas en Canadá buscan acelerar permisos e inversiones en minería y energía.

FOTO: NAI 500

El gobierno canadiense lanzó el el Fondo de Infraestructura para Minerales Críticos para avanzar con rutas, líneas eléctricas, puertos, infraestructura ferroviaria, sistemas energéticos y conexiones logísticas. Pero también avanza con alianzas con comunidades indígenas.

Mientras en Argentina se debate cómo resolver los cuellos de botella logísticos que condicionan el crecimiento de Vaca Muerta y de la minería metalífera y del litio, Canadá decidió convertir la infraestructura en una política de Estado para fortalecer su posición dentro de las cadenas globales de suministro de minerales críticos.

Lejos de limitarse a incentivos fiscales o beneficios para las empresas, Ottawa puso en marcha una estrategia integral que combina miles de millones de dólares en obras de infraestructura, financiamiento específico para proyectos mineros, agilización de permisos ambientales, participación indígena y planificación territorial.

El corazón de esa estrategia es el Fondo de Infraestructura para Minerales Críticos (CMIF, por su siglas en inglés), un fondo federal destinado a financiar aquellas obras que muchas veces determinan si un proyecto minero llega o no a construirse: rutas, líneas eléctricas, puertos, infraestructura ferroviaria, sistemas energéticos y conexiones logísticas.

La iniciativa fue analizada recientemente por el Canadian Mining Journal en un artículo firmado por Cody Ryckman, líder de Innovación y Tecnología de Stantec, y Scott Trusler, vicepresidente del sector minero de la compañía.

Los especialistas sostienen que «el verdadero factor diferenciador no serán únicamente los recursos minerales, sino la capacidad para construir los sistemas que permitan desarrollar una producción sostenible y confiable».

Mucho más que minas: construir el ecosistema

La reflexión canadiense encuentra un fuerte paralelismo con Argentina. En ambos países existen enormes recursos minerales, pero muchos proyectos enfrentan obstáculos similares: ausencia de caminos permanentes, insuficiente capacidad eléctrica, falta de infraestructura ferroviaria, escasez de puertos especializados y demoras regulatorias. Ámbito reveló días atrás un informe que circula entre gobernadores sobre un límite de infraestructura para Vaca Muerta y la minería.

Por que esta problemática no afecta solamente a la minería. También impacta sobre el desarrollo de Vaca Muerta, por ejemplo, donde la creciente demanda de arena silícea requiere ampliar corredores logísticos, construir nuevas playas ferroviarias y optimizar rutas para reducir costos. O la necesidad de construir o ampliar oleoductos o gasoductos, más obras complementarias como acueductos y plantas de tratamientos de efluentes, para no solo evacuar la producción de hidrocarburos, sino para exportarla y generear divisas para el país.

Lo mismo ocurre con numerosos proyectos cupríferos de San Juan, Salta, Mendoza o Catamarca, que necesitan corredores bioceánicos, mejores conexiones ferroviarias hacia puertos del Atlántico o del Pacífico y obras básicas para las comunidades cercanas, como viviendas, hospitales, escuelas, líneas de alta y baja tensión, centros logísticos y servicios.

La conclusión del informe canadiense es contundente: sin infraestructura habilitante, incluso los mejores recursos naturales pierden competitividad.

El Fondo de Infraestructura para Minerales Críticos (CMIF)

La principal herramienta de la estrategia canadiense es el Fondo de Infraestructura para Minerales Críticos (CMIF), un programa federal dotado de 1.500 millones de dólares canadienses (unos u$s1.090 millones) que estará vigente hasta el 31 de marzo de 2030 y es administrado por Recursos Naturales de Canadá. Su objetivo es financiar infraestructura de transporte y energía limpia que permita desarrollar y expandir la producción de minerales críticos, fortaleciendo al mismo tiempo las cadenas de suministro estratégicas para la transición energética.

La lógica detrás del programa parte de una premisa simple: numerosos proyectos mineros no fracasan por falta de recursos geológicos, sino porque el costo de construir carreteras, líneas de transmisión eléctrica, puertos o accesos vuelve económicamente inviable la inversión privada. Frente a ese escenario, el Estado decidió asumir parte del riesgo financiando infraestructura de uso compartido que posteriormente beneficia a múltiples emprendimientos mineros, comunidades y otras actividades productivas.

El fondo funciona mediante dos grandes líneas de financiamiento. La primera corresponde al programa de subvenciones para pueblos indígenas, destinado a fortalecer la participación de las comunidades originarias en la planificación y desarrollo de proyectos de infraestructura vinculados con minerales críticos. La segunda consiste en un esquema de aportes para infraestructura, orientado a financiar iniciativas tanto en etapa de preconstrucción como listas para comenzar las obras.

El programa indígena dispone de aproximadamente u$s2,2 millones, con aportes individuales de entre u$s109.000 y u$s146.000 por organización, destinados al desarrollo de capacidades técnicas, estudios de factibilidad, planificación territorial, procesos de consulta y participación temprana.

La convocatoria más reciente del componente de infraestructura moviliza alrededor de u$s365 millones para proyectos de transporte y energía, mientras que desde su lanzamiento, en 2023, el CMIF ya comprometió unos u$s308 millones para 38 proyectos distribuidos en todo Canadá, de acuerdo con las estadísticas oficiales actualizadas a marzo de 2026.

Los proyectos aprobados representan 19 minerales críticos, entre ellos litio, cobre, níquel, cobalto, tierras raras, uranio, zinc, tungsteno, molibdeno, niobio, tántalo, germanio, galio y metales del grupo del platino.

La cartera actualmente comprende ocho proyectos listos para iniciar su construcción y 30 iniciativas en fase de preconstrucción. Del total, 21 corresponden a infraestructura energética, 12 a infraestructura de transporte y cinco combinan ambas categorías, reflejando una estrategia integral que considera a la infraestructura como el principal habilitador del desarrollo minero.

Más que financiar minas, el gobierno canadiense decidió financiar las condiciones necesarias para que esas minas puedan construirse.

Carreteras, electricidad y logística antes que producción

Los proyectos apoyados por el CMIF muestran con claridad la visión del gobierno canadiense. En lugar de concentrarse exclusivamente en las explotaciones mineras, el programa prioriza aquellas obras que reducen riesgos y costos para todo el ecosistema productivo.

Entre las iniciativas financiadas aparecen carreteras de acceso para proyectos de litio, cobre, níquel, uranio y tierras raras; nuevas líneas de transmisión eléctrica; ampliaciones hidroeléctricas; interconexiones entre provincias; infraestructura ferroviaria; mejoras en corredores logísticos y obras de carga eléctrica para equipos mineros.

Sobresalen desarrollos como la expansión hidroeléctrica de Taltson, la interconexión eléctrica entre Yukón y Columbia Británica, nuevas líneas de transmisión para las minas del noroeste canadiense, infraestructura para el proyecto de litio PAK, obras para el proyecto de tierras raras Wicheeda, mejoras energéticas para Highland Valley Copper y nuevas carreteras destinadas a proyectos como Galore Creek, Baptiste, Corner Bay, Ashram y Pink Lithium-Tantalum, entre muchos otros.

En paralelo, el programa de subvenciones indígenas financia estudios de ingeniería, planificación de corredores logísticos, análisis ambientales, fortalecimiento institucional y capacitación técnica para garantizar que las comunidades originarias participen desde las etapas iniciales de los proyectos y puedan convertirse en socios del desarrollo.

El Programa de Subvenciones Indígenas del CMIF financia actividades de planificación, fortalecimiento institucional, consultas tempranas y desarrollo de capacidades técnicas. La meta es que las comunidades no participen únicamente como actores consultados sino también como socios económicos.

Un ejemplo citado es la participación de la Primera Nación Selkirk en la Mina Minto, donde se promueve una mayor intervención indígena en la gobernanza y en la generación de beneficios económicos de largo plazo. También sobresale el proyecto vial y portuario de Grays Bay, desarrollado mediante una asociación de propiedad inuit, una concepción de que la tierra no es un bien comercial ni privado, sino un recurso colectivo y compartido donde nadie puede ser dueño del suelo.

La adquisición de la histórica mina Minto por parte de la Primera Nación Selkirk marcó un hito en la minería canadiense: por primera vez, una empresa de propiedad mayoritariamente indígena asumió el control de una operación minera establecida, consolidando un modelo que busca combinar desarrollo de recursos, autonomía económica y participación directa de las comunidades originarias.

La adquisición de la histórica mina Minto por parte de la Primera Nación Selkirk marcó un hito en la minería canadiense: por primera vez, una empresa de propiedad mayoritariamente indígena asumió el control de una operación minera establecida, consolidando un modelo que busca combinar desarrollo de recursos, autonomía económica y participación directa de las comunidades originarias.

El nuevo Fondo «Primera y Última Milla»

Canadá dio un paso adicional con la creación del First and Last Mile Fund, pensado para resolver uno de los problemas más frecuentes de los proyectos mineros.

Muchas veces existen carreteras principales o infraestructura regional, pero faltan los últimos kilómetros que conectan efectivamente una mina con esa red. Esos pequeños tramos suelen representar inversiones muy elevadas para una sola empresa.

El nuevo fondo busca precisamente cubrir esas brechas de infraestructura que separan un proyecto en exploración de una futura operación comercial.

Según el Canadian Mining Journal, el objetivo es mejorar la previsibilidad para los inversores y acelerar la construcción de nuevos desarrollos.

Una ventanilla única para acelerar inversiones

Otra pieza clave de la estrategia canadiense es la Major Projects Office (MPO). La oficina funciona como organismo coordinador entre ministerios y agencias regulatorias para simplificar los procesos de aprobación.

El gobierno federal fijó como objetivo reducir a aproximadamente dos años el tiempo necesario para obtener permisos federales. La MPO no elimina controles ambientales. Su función consiste en coordinar organismos, evitar superposiciones y reducir tiempos administrativos que durante años afectaron la competitividad canadiense.

Durante los últimos meses la MPO incorporó iniciativas estratégicas de enorme escala. Entre ellas sobresale el Proyecto Hidroeléctrico Iqaluit Nukkiksautiit, concebido para abastecer de energía limpia al norte canadiense y reducir la dependencia del diésel.

También ingresó el Arctic Security and Economic Corridor, un corredor de infraestructura que combina objetivos económicos, logísticos y de defensa nacional mediante nuevas rutas, infraestructura portuaria y conexiones energéticas en el Ártico.

Ambos proyectos forman parte de una estrategia más amplia destinada a transformar el norte canadiense en un nuevo polo de desarrollo económico.

Pero en paralelo, en marzo pasado el gobierno canadiense anunció un paquete de casi u$s25.000 millones destinado al desarrollo del norte y al fortalecimiento de la seguridad del Ártico. Entre las obras priorizadas figuran la autopista Mackenzie Valley Highway; la expansión hidroeléctrica Taltson; la carretera y puerto de Grays Bay; e infraestructura energética y logística para comunidades remotas.

Más allá de su componente estratégico, el objetivo económico es claro: preparar nuevas regiones para recibir inversiones mineras justo cuando varios grandes yacimientos de diamantes se acercan al final de su vida útil.

Minería responsable y mayor previsibilidad

La competitividad canadiense no descansa solamente en infraestructura. La Mining Association of Canada impulsa desde hace años el programa Towards Sustainable Mining (TSM), considerado uno de los estándares ESG más exigentes de la industria.

El sistema obliga a las compañías a publicar indicadores verificables a nivel de cada operación y someterlos a auditorías independientes. Su adopción en otras jurisdicciones, entre ellas Australia, fortaleció la reputación internacional del modelo canadiense.

En paralelo, provincias como Ontario avanzan con el esquema «One Project, One Process», que busca coordinar todos los permisos provinciales bajo un único proceso administrativo, reduciendo duplicaciones y otorgando mayor previsibilidad.

Ontario convirtió en ley el modelo

Ontario convirtió en ley el modelo «Un proyecto, un proceso», que según explicó el ministro de Energía y Minas, Stephen Lecce, en la Bolsa de Toronto es una reforma que centraliza las aprobaciones mineras en una única ventanilla, reduce hasta un 50% los tiempos de tramitación y fija un plazo máximo de 24 meses para autorizar nuevos proyectos, con el objetivo de posicionarse como la jurisdicción con los permisos mineros más rápidos del mundo industrializado.

El espejo para Argentina

La experiencia canadiense deja una pregunta inevitable para la Argentina. El país posee algunos de los mayores recursos mundiales de cobre, litio, oro y gas no convencional, pero continúa enfrentando restricciones de infraestructura similares a las que Canadá decidió abordar mediante una política pública de largo plazo.

Los desafíos abarcan desde corredores ferroviarios para exportar minerales hacia los puertos del Atlántico y del Pacífico hasta rutas de montaña, líneas de alta tensión, infraestructura energética, viviendas, hospitales, conectividad, escuelas y servicios para las comunidades donde se desarrollan los proyectos.

El problema también alcanza a Vaca Muerta. Uno de los grandes cuellos de botella logísticos es el abastecimiento de arenas silíceas para fractura hidráulica. Entre las alternativas que analiza la industria aparece el desarrollo de un corredor multimodal que permita transportar la arena producida en Entre Ríos mediante la vía fluvial, descargarla en puertos estratégicos y completar el recorrido hacia Neuquén utilizando el ferrocarril y camiones. Un esquema de este tipo reduciría significativamente los costos logísticos y aliviaría la creciente presión sobre la infraestructura vial.

En definitiva, la estrategia canadiense pone sobre la mesa un debate que también comienza a instalarse en Argentina: si la infraestructura debe seguir llegando después de las inversiones o si, por el contrario, debe planificarse antes para transformarse en el principal catalizador del desarrollo minero y energético. Esa parece ser hoy una de las mayores ventajas competitivas que Canadá busca construir para consolidarse como proveedor estratégico de minerales críticos en las cadenas globales de suministro

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