Australia: cómo transformó el boom minero en desarrollo

Australia: cómo transformó el boom minero en desarrollo
Un análisis sobre la experiencia australiana sostiene que el éxito del sector minero no se explica por la riqueza geológica, sino por décadas de estabilidad macroeconómica, instituciones sólidas y políticas públicas. La minería representa cerca del 10% del PBI, pero financia una economía dominada por los servicios.

Australia es una de las principales potencias mineras del mundo, pero su desarrollo no estuvo determinado únicamente por la abundancia de recursos naturales. Según un análisis de los economistas Lucio Castro y Paula Szenkman, el verdadero diferencial fue la construcción de instituciones, estabilidad económica y reglas de largo plazo que permitieron transformar la riqueza minera en crecimiento sostenido.

El trabajo sostiene que la experiencia australiana ofrece una enseñanza para los países con potencial minero: antes de impulsar políticas sectoriales, consolidó la estabilidad macroeconómica, abrió gradualmente su economía y fortaleció sus instituciones.

«La roca financia, pero no es toda la economía», sintetizan los autores.

De una economía cerrada a una potencia minera

Durante buena parte del siglo XX, Australia fue una economía altamente protegida, con elevados aranceles, fuerte intervención estatal y una industria resguardada de la competencia internacional.

Ese esquema comenzó a mostrar señales de agotamiento durante las décadas de 1970 y 1980, con inflación elevada, bajo crecimiento y pérdida de competitividad.

El punto de inflexión llegó en 1983 con el gobierno de Bob Hawke y las reformas impulsadas por el entonces ministro de Economía, Paul Keating, quien advirtió públicamente que Australia corría el riesgo de convertirse en una «república bananera» si no modificaba su rumbo económico.

A partir de entonces comenzó una secuencia de reformas que incluyó la liberalización del tipo de cambio, la eliminación de controles de capital, acuerdos salariales con los sindicatos, una apertura comercial gradual, disciplina fiscal y monetaria e independencia del Banco Central.

La minería llegó después de las reformas

El estudio remarca que el boom minero no fue el punto de partida del crecimiento, sino una consecuencia de esas transformaciones.

Durante los años 2000, el fuerte crecimiento de China impulsó los precios internacionales de los minerales y mejoró los términos del intercambio australianos.

Desde 2003, esos términos crecieron casi de manera ininterrumpida y, en 2011, se ubicaban 75% por encima del promedio del siglo anterior.

En ese contexto, la inversión minera se multiplicó por cinco y llegó a representar el 9% del Producto Bruto Interno (PBI).

A diferencia de otros ciclos de auge de materias primas, Australia logró administrar ese proceso sin caer en crisis inflacionarias ni recesiones gracias a las instituciones construidas previamente.

Recién alrededor de 2015 lanzó el programa METS (Mining Equipment, Technology and Services), orientado a desarrollar proveedores tecnológicos especializados para la minería.

Para los autores, esa secuencia constituye una de las principales lecciones del modelo australiano: primero estabilidad, luego apertura, más tarde instituciones y, recién al final, políticas productivas específicas.

Un sector clave, pero no dominante

Aunque la minería continúa siendo uno de los pilares de las exportaciones australianas, su peso dentro de la economía resulta menor al que suele suponerse.

Actualmente representa alrededor del 10% del PBI, mientras que los servicios generan cerca del 70% de la actividad económica y concentran la mayor parte del empleo.

La minería sigue siendo determinante en las ventas externas, con exportaciones de hierro, carbón, gas, oro y litio, principalmente hacia China, Japón y Corea del Sur.

Los ingresos provenientes de esos recursos permitieron financiar una economía diversificada que también tiene entre sus principales actividades la educación, el turismo, las finanzas, la salud y los servicios profesionales.

Convivencia entre minería y comunidades

El informe también destaca aspectos vinculados con la licencia social para operar.

Los autores relatan la experiencia de una mina ubicada debajo de una ciudad, donde las empresas notificaban previamente a los vecinos antes de cada explosión subterránea para minimizar el impacto sobre la población.

Ese tipo de prácticas, sostienen, reflejan que el éxito del modelo australiano descansa menos en la existencia de recursos minerales que en las instituciones construidas alrededor de su explotación.

Los nuevos desafíos

Pese a su desarrollo, Australia enfrenta hoy nuevos desafíos.

Entre ellos aparecen el elevado costo de la vivienda, el estancamiento de la productividad y la fuerte dependencia comercial de China, que en su momento llegó a absorber cerca del 38% de las exportaciones de bienes del país.

Al mismo tiempo, el Gobierno australiano busca aprovechar la transición energética mediante la estrategia Future Made in Australia, que promueve inversiones en hidrógeno renovable y procesamiento de minerales críticos como litio, níquel, cobre y tierras raras.

El objetivo es agregar valor a los recursos naturales y fortalecer el desarrollo de nuevas cadenas industriales vinculadas a la transición energética.

Para los autores, la experiencia australiana demuestra que los recursos naturales, por sí solos, no garantizan el desarrollo económico. La diferencia radica en la calidad de las instituciones, la estabilidad macroeconómica y las reglas que permiten transformar la riqueza minera en crecimiento sostenible de largo plazo.

Mendoza Post – Fuentes: Paul Kelly, The End of Certainty; Reserve Bank of Australia; Australian Bureau of Statistics; Productivity Commission; y el Tesoro de Australia

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