Cosecha en el SOB. / Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva. y Archivo LN
La clave de la supervivencia reside en la profesionalización de la gestión, en las decisiones financieras estratégicas y en la integración de datos.
Habida cuenta de la necesidad de ser cada vez más eficiente si el objetivo es producir de manera sustentable y sostenible, no dejar de hacer ruido —un secreto a voces— que parece no tener retorno en el sector agropecuario: para la mayoría de los actores de la cadena ya no es suficiente producir más para asegurar el éxito de una empresa.
¿De qué se trata? Los especialistas en gestión agropecuaria coinciden en que la clave de la supervivencia reside, hoy, en la profesionalización de la gestión, en la toma de decisiones financieras estratégicas y en la integración de datos.
Algunos de los especialistas de la actividad debatieron sobre el tema en la última edición de A Todo Trigo. Por caso, para la economista Regina Martínez Riekes, de Amauta Inversiones, el déficit actual no es de producción, ya que se requiere de una mirada empresaria.
“El punto de fuga más crítico es el dinero inmovilizado en cuentas corrientes, lo que puede costar hasta siete puntos de rentabilidad anual. Ustedes se matan (sic) por pelear el precio del agroquímico, pero cuántos puntos están resignando desde el escritorio. En este caso, lo ideal es utilizar herramientas tales como fondos money market, cauciones o el mercado de capitales para financiarse de forma más eficiente”, explicó.
Andrés Ponte, de A3 Mercados, subrayó que los instrumentos financieros y comerciales ya no son exclusivos para expertos. “Las herramientas de mercado dejaron de ser algo para expertos y pasaron a ser elementos de supervivencia empresaria», afirmó.
En tal sentido, ejemplificó los riesgos de la falta de gestión con el caso de la soja retenida sin precio, que generó pérdidas millonarias por la volatilidad del mercado. “De allí la necesidad de una gestión integral. El mercado no elimina el riesgo, pero permite administrarlo”, sostuvo Ponte.
Una suerte de fin del modelo anterior anunció Alejandro Meneses, de la consultora Zorraquín + Meneses, cuando dijo que la actualidad ha actuado como un acelerador de problemas preexistentes, forzando a las empresas a abandonar lógicas de funcionamiento que ya resultan obsoletas.
“El método previo no me daba músculo para lo que tengo que hacer hoy. Esto es, lo que me sumaba en el contexto anterior ya no me sirve”, aseguró.
Meneses indicó que el mercado actual está diferenciando a las empresas entre aquellas con margen de maniobra, las que están al límite por su endeudamiento y las que cambian de piel para sobrevivir.
Según su visión, adaptarse implica tomar decisiones incómodas, como cerrar unidades improductivas o reducir estructuras. Para este proceso, propone el denominado método del 1 % —pequeñas mejoras sostenidas— y advirtió sobre el peligro de arrastrar ineficiencias: “Una empresa puede tener el potencial de un tren bala, pero si arrastra un vagón que va a 60 kilómetros por hora toda la unidad irá a esa velocidad”.

¿Y la incidencia de los datos? Justamente, es uno de los desafíos de aquella propuesta inicial cuando se asegura que producir más no garantiza la rentabilidad, ya que uno de los grandes obstáculos en la gestión moderna es la desconexión de la información interna.
María Luján Santos, de Albor Agro, fue tajante al señalar que las empresas no carecen de datos, sino que sufren de un exceso de ellos (de manera desconectada).
“La información suele generarse en silos, desde el campo, la administración y las finanzas, que no se comunican entre sí. Sin estas conclusiones, el dato se convierte solo en ruido”, definió, antes de advertir que esta falta de integración termina generando conflictos internos y errores en la toma de decisiones cuando las cifras no cierran.
Es decir, la competitividad del agro argentino dependerá sobre qué tan rápido los empresarios puedan profesionalizar sus escritorios (al mismo nivel que sus campos). En este caso, está claro de que el desafío no es menor