Este 11 de julio, Río Grande celebra su 105° aniversario, consolidándose como una de las ciudades más importantes de la Patagonia argentina y la más poblada de Tierra del Fuego. Lo que comenzó como una Colonia Agrícola y Pastoril, creada por decreto del presidente Hipólito Yrigoyen en 1921, se transformó con el paso de las décadas en una comunidad marcada por el trabajo, la producción, la solidaridad y el compromiso de generaciones de vecinos que construyeron su identidad en uno de los rincones más australes del país.
Mucho antes de su fundación oficial, la historia de Río Grande ya comenzaba a escribirse. A fines del siglo XIX, los pioneros de la ganadería ovina eligieron el norte fueguino para establecer grandes estancias, atraídos por la calidad de sus pastizales y la abundancia de agua de sus ríos. Aquellos primeros establecimientos impulsaron el desarrollo económico de la región y dieron origen a un poblado que crecería con el paso de los años.
En ese proceso también tuvo un papel fundamental la Misión Salesiana Nuestra Señora de la Candelaria, instalada en 1893, cuya labor educativa y evangelizadora acompañó a las comunidades originarias Selk’nam y a los primeros habitantes permanentes del lugar. A esta presencia institucional se sumaron el correo, los destacamentos policiales y, en 1916, la inauguración del histórico puente colgante sobre el río Grande, símbolo del progreso de aquella naciente comunidad.

El 11 de julio de 1921, mediante un decreto firmado por Hipólito Yrigoyen, nació oficialmente la Colonia Agrícola y Pastoril de Río Grande, sobre una superficie cercana a las 5.000 hectáreas, donde ya habitaban unas treinta familias pioneras que apostaron por construir un futuro en medio de la estepa.
Aquellos hombres y mujeres enfrentaron un territorio desafiante, dominado por el viento y las grandes distancias. Nombres como Mariano Kovacich, Federico Martínez, Manuel Anllo, Pedro Triviño, José Pérez, José Draguicevich y muchos otros forman parte del patrimonio histórico de la ciudad y representan el de quienes hicieron posible el nacimiento de Río Grande.
Con el paso del tiempo, la ciudad encontró nuevos motores de crecimiento. A finales de la década de 1940, el descubrimiento del denominado «oro blanco», vinculado a las primeras explotaciones hidrocarburíferas, abrió una nueva etapa para la economía regional. Más tarde, durante la década de 1970, la Ley de Promoción Industrial impulsó un crecimiento demográfico sin precedentes, convirtiendo a Río Grande en un polo industrial y tecnológico de relevancia nacional.

Hoy, a 105 años de su fundación, Río Grande combina esa tradición productiva con un fuerte desarrollo turístico. Reconocida como la Capital Nacional de la Trucha, es uno de los destinos más prestigiosos del mundo para la pesca deportiva de trucha marrón, gracias a la calidad de los ejemplares que ofrece el río que le dio nombre.

Su patrimonio histórico permanece vivo en los antiguos cascos de estancias, los tradicionales galpones de esquila, monumentos históricos, museos y espacios culturales que conservan la memoria de quienes forjaron la ciudad. A ello se suman los paisajes de la estepa fueguina, sus costas, la observación de aves y las propuestas de senderismo que completan una oferta turística única.
En este 105° aniversario, Río Grande rinde homenaje a sus pioneros, antiguos pobladores, trabajadores, inmigrantes y a cada vecino que, generación tras generación, contribuyó a transformar una colonia nacida entre la estepa y el mar en una ciudad moderna, dinámica y orgullosa de su historia. Porque su verdadera riqueza no solo reside en sus recursos naturales o en su desarrollo productivo, sino, principalmente, en su gente, protagonista de un legado que continúa escribiéndose día a día