El proyecto cuprífero Los Azules comenzó a delinear con mayor precisión la etapa que marcará el camino hacia su construcción. Durante una presentación técnica, sus autoridades explicaron cómo será la estrategia de ejecución de una de las inversiones mineras más importantes del país, con obras de infraestructura, logística y energía que serán determinantes para alcanzar el objetivo de producir el primer cátodo de cobre hacia finales de la década.

Uno de los mensajes que dejó el vicepresidente del proyecto, Michael Meding, fue que la empresa prefiere avanzar con prudencia antes que generar expectativas que luego no puedan cumplirse. Bajo esa premisa, explicó que cada anuncio responde a hitos concretos dentro del cronograma de trabajo y que el objetivo para este año es alcanzar entre un 55% y un 65% de ingeniería de detalle, paso clave antes del inicio de la construcción.

Desde que comenzó el desarrollo del yacimiento, la inversión acumulada ya supera los 550 millones de dólares nominales, mientras que entre 2027 y 2030 se concentrará la etapa de mayor actividad, con obras civiles, compra de equipos de gran porte y montaje de las principales instalaciones.

Dos campamentos

Uno de los ejes centrales del proyecto será la construcción de dos campamentos con funciones diferentes.

El principal estará ubicado en el sitio de la mina y tendrá capacidad para alrededor de 2.500 trabajadores, aunque el diseño prevé incluso una expansión cercana a las 3.000 personas durante el pico de actividad. A diferencia de los tradicionales campamentos mineros, la propuesta apunta a un formato similar al de un campus, con materiales bioclimáticos, espacios recreativos, gimnasio y mejores condiciones de habitabilidad para quienes permanezcan largos periodos en alta montaña.

El segundo campamento estará emplazado sobre el camino de acceso y podrá alojar unas 400 personas. Su función será servir como base logística y de apoyo operativo, especialmente ante contingencias climáticas o situaciones que dificulten el tránsito hacia la mina.

El plan b de Energía

Otro de los aspectos que concentró la atención fue el abastecimiento eléctrico.

La empresa confirmó que continúan las negociaciones para conectarse a la futura línea de 500 kV de San Juan, mediante las estaciones transformadoras de Rodeo y Calingasta. Sin embargo, dejó en claro que el futuro del proyecto no depende exclusivamente de esa infraestructura.

En caso de que no prospere esa alternativa, Los Azules ya desarrolló un Plan B, diseñado tras la resolución del organismo regulador que otorgó prioridad de uso del remanente de capacidad al proyecto Vicuña.

La opción contempla una conexión independiente desde la futura Estación Transformadora Mendoza Norte (220 kV), enlazándose con la ET San Jorge y posteriormente con Calingasta, para finalmente llegar hasta el yacimiento.

Este esquema implicaría desarrollar un corredor eléctrico cercano a los 300 kilómetros, una infraestructura que además aportaría mayor estabilidad al sistema energético de la provincia.

Evitar el tránsito pesado por Calingasta

La compañía también confirmó el diseño preliminar del nuevo camino que utilizarán los equipos y vehículos pesados durante la construcción.

El acceso tendrá aproximadamente 140 kilómetros y estará dividido en tres secciones. La primera contempla un tramo público de 3,7 kilómetros que conectará la Ruta Provincial 12 con la Ruta Nacional 149, evitando que el tránsito de gran porte atraviese el casco urbano de la villa de Calingasta.

Entre las obras previstas figura además un puente de hormigón de 240 metros sobre el río Los Patos, cuya ejecución demandará entre 18 y 24 meses. Mientras tanto, se construirá un cruce provisorio mediante alcantarillas metálicas que permitirá mantener la circulación durante la obra.

La estrategia de construcción elegida combina contratos bajo modalidad EPCM con otros paquetes administrados directamente por la propia empresa.

La supervisión general permanecerá siempre en manos de Los Azules, que conservará el control sobre la planificación, los costos y la ejecución de las obras, aun cuando participen contratistas especializados para diferentes etapas del proyecto. Entre los trabajos que serán gestionados directamente figuran los campamentos, el camino de acceso, la línea de alta tensión y el desarrollo minero.

Con este esquema, la compañía busca acelerar los tiempos de ejecución, aprovechar la capacidad de proveedores locales y mantener un seguimiento integral de una inversión que se perfila como una de las más importantes para el desarrollo del cobre argentino durante la próxima década