El stock de deuda pública de la provincia de Mendoza llegó a $910.040 millones en marzo de 2026, según el último informe de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) elaborado en base a datos del Ministerio de Hacienda provincial. El número es significativo no solo por su magnitud sino por lo que revela sobre la composición del pasivo: a quién le debe el Estado mendocino, en qué moneda y cómo evolucionó en el último año. A eso se suman, por fuera de ese cuadro, nuevas operaciones de financiamiento que el gobierno de Alfredo Cornejo cerró durante los últimos meses.

El saldo total creció un 32,8% en términos nominales respecto de marzo de 2025, cuando era de $685.074 millones. Sin embargo, medido en términos reales —con una inflación acumulada en Mendoza del 33% entre ambos meses— la deuda se mantuvo prácticamente estable: cayó apenas un 0,1%. Dicho de otra forma, el stock no aumentó ni disminuyó en términos de poder adquisitivo. Pero esa fotografía general esconde movimientos muy distintos según el tipo de acreedor.

En detalle, la deuda con organismos multilaterales, que incluye al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), pasó de $200.849 millones en marzo de 2025 a $253.882 millones en igual mes de este año, lo que marcó un incremento nominal del 26,4%. En términos reales, sin embargo, bajó un 5%. El BID es el acreedor más importante dentro de este grupo: la deuda con ese organismo llegó a $212.626 millones en marzo de 2026, frente a $167.380 millones un año antes. El BIRF, por su parte, acumuló $41.256 millones al cierre del período analizado.

La deuda en títulos, la más pesada

El rubro más voluminoso es el de títulos, que agrupa distintas emisiones de bonos y letras provinciales. En marzo de 2026 sumaba $599.007 millones, frente a $463.066 millones un año antes, lo que representa un alza nominal del 29,4% y una leve baja real del 2,7%.

Dentro de ese conjunto, el Bono Mendoza 2029 —emitido en dólares— es la referencia más importante. Su saldo, expresado en pesos al tipo de cambio vigente, pasó de $342.332 millones a $330.599 millones, una caída nominal del 3,4% que en términos reales implica una reducción del 27,4%.

En el otro extremo, los Títulos de Deuda Tamar —emitidos en pesos con ajuste— mostraron un crecimiento pronunciado. La Clase 1 pasó de $32.952 millones a $116.740 millones, y la Clase 2 de $23.820 millones a $107.879 millones. Ambas clases más que triplicaron su valor nominal en el período. También crecieron los Títulos CER Clase 2, que pasaron de $20.554 millones a $39.724 millones, un alza nominal del 93,3%.

Banca comercial: el componente que más creció

El segmento de banca comercial fue el que registró el mayor crecimiento relativo. Su saldo se disparó de $19.332 millones a $55.174 millones, un incremento nominal del 185,4% que en términos reales equivale a un alza del 114,6%.

Dentro de ese rubro, el préstamo del Banco Nación vinculado al Metrotranvía de Mendoza pasó de $10.000 millones a $27.113 millones. El crédito de refinanciación con el mismo banco, en cambio, se redujo de $9.332 millones a $5.025 millones. A estos dos se suma un pasivo con el banco Santander por $23.036 millones, que aparece registrado en marzo de 2026 sin antecedente en el período anterior.

Pesos versus dólares

Otra forma de analizar el stock de deuda es agruparla por moneda, lo que aporta otra perspectiva sobre la composición del pasivo provincial.

De acuerdo a las cifras publicadas por el Ministerio de Hacienda, la deuda contraída en dólares —que incluye los créditos con el BID, el BIRF y el Bono Mendoza 2029— sumaba $584.481 millones en marzo de 2026, expresados en pesos al tipo de cambio de $1.382,76 por dólar. En términos nominales creció apenas un 7,6% respecto de un año antes, pero en términos reales cayó un 19,1%. El dato refleja que el tipo de cambio subió significativamente menos que la inflación mendocina en ese período, lo que alivió el peso relativo de esta porción del pasivo.

La deuda en pesos, en cambio, tuvo una dinámica opuesta. Pasó de $141.893 millones a $325.559 millones, un incremento nominal del 129,4% y real del 72,5%. Dentro de este segmento, los títulos de deuda en pesos fueron el componente más dinámico: crecieron de $115.650 millones a $264.343 millones. También aumentó con fuerza la deuda con el Banco Nación, que pasó de $19.332 millones a $55.174 millones en conjunto.

Las nuevas operaciones de 2026

Por fuera del cuadro de marzo, el gobierno provincial cerró durante 2026 dos operaciones de financiamiento que ampliarán el stock de deuda en los próximos informes.

En junio, Mendoza accedió a un crédito de USD 150 millones del BID destinado a obras en las redes de agua potable y saneamiento. Se trata además de la primera operación de una nueva Línea de Crédito Condicional para Proyectos de Inversión que el organismo multilateral creó para mejorar la seguridad hídrica en provincias argentinas, con un monto total disponible de USD 1.000 millones. El financiamiento se suma a más de USD 75 millones que la provincia ya había obtenido de la Corporación Andina de Fomento para obras similares, más los proyectos que los operadores municipales de Luján, Maipú y San Carlos ejecutan con fondos del resarcimiento.

En abril, en tanto, la provincia realizó una colocación de títulos de deuda con el objetivo de refinanciar vencimientos. Se trata de dos series. La primera, Títulos CER Clase 1, fue adjudicada por $296.967 millones, a una tasa del 7,99% anual con ajuste por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), con amortización íntegra al vencimiento el 10 de abril de 2028. La segunda, Títulos CER Clase 2, sumó $149.246 millones a una tasa del 8,50% anual, también con ajuste CER, pero con amortización en tres cuotas en los meses 30, 33 y 36, con vencimiento final el 10 de abril de 2029. En conjunto, las dos emisiones totalizaron $446.213 millones.

La lectura del Gobierno de Mendoza

El ministro de Hacienda, Víctor Fayad, analizó los números y consideró que el crecimiento nominal del stock de deuda no implica necesariamente un deterioro de la situación fiscal. Para él, el dato relevante no es si la deuda sube o baja en términos absolutos, sino para qué se toma y en qué condiciones. “No necesariamente es siempre una buena noticia que baje la deuda. Si conseguís financiamiento para financiar proyectos o para refinanciar los pasivos en mejores condiciones, son matices”, sostuvo.

Fayad trazó una línea de comparación con la situación heredada en 2015. Según explicó, el gobierno anterior había acumulado pasivos que no figuraban en los registros oficiales, lo que distorsionaba el cuadro real de endeudamiento. Al normalizar esa situación, el stock aparente creció, pero reflejaba una deuda que ya existía. “Si comparás contra aquel momento, y subís la deuda flotante que era escandalosa, te da una caída de más del 50%”, afirmó. A partir de 2017, agregó, la provincia cambió el criterio: dejó de tomar deuda para financiar gasto corriente y desde entonces solo usa financiamiento para obras o para refinanciar vencimientos. “Venimos de aumentar el stock de deuda para financiar gasto corriente, a solamente usar deuda para obras y para refinanciación”, resumió.

Sobre la decisión de refinanciar en lugar de cancelar, el ministro fue directo: la conveniencia de pagar o renovar una deuda depende del costo de acceso al crédito y del nivel de superávit corriente disponible. “La deuda la pagás cuando te sale muy caro refinanciarla o cuando te sobra mucho superávit corriente“, explicó. En el contexto actual, con acceso a tasas razonables y recursos ajustados, la cancelación anticipada implicaría resignar inversión en obra pública. “En un escenario en el que no disponés de recursos para el pago, cada peso que destinás a pagar deuda lo dejás de invertir en otra cosa”, señaló.

Fayad marcó un contraste explícito con la situación de años anteriores, cuando la provincia enfrentaba restricciones de acceso al mercado. “Eso era lo que pasaba en 2013 y 2014, cuando Mendoza tenía una pésima calidad crediticia y le faltaban recursos: entonces, no solo que no cancelaba deuda, sino que la tomaba en pésimas condiciones”, recordó. Hoy, en cambio, la situación es otra: “Hace rato que la deuda no es un problema para nosotros, porque para pagar las amortizaciones tenemos acceso al crédito y para pagar los intereses todavía tenemos una generación de recursos suficiente para afrontarlos”.

Uno de los aspectos que el ministro destacó con más énfasis fue la colocación de abril, que calificó como una demostración del nivel de acceso crediticio de Mendoza en el mercado local. Mientras otras provincias debieron recurrir al endeudamiento en dólares para colocar deuda con vencimiento posterior a 2028, Mendoza logró emitir en pesos a 24 y 36 meses. “Otras provincias tuvieron que endeudarse en dólares para poder colocar vencimientos después del 2028. Nosotros hemos sido la única provincia que ha salido en pesos a 2028, no hay otra”, afirmó.

Esa diferenciación tiene una lógica financiera precisa para Fayad: los recursos de la provincia —salvo las regalías— están denominados en pesos, y endeudarse en dólares genera un descalce entre ingresos y obligaciones que considera inaceptable. “Nuestros recursos, salvo las regalías, están todos en pesos, y nuestro gasto está en pesos”, explicó. La comparación de tasas entre monedas, agregó, no puede analizarse en abstracto: “Si hoy conviene la tasa en dólares, pero mañana viene un escenario adverso y el dólar se va a $3.000, ¿qué hacés con la buena tasa si tenés tus ingresos en pesos?”. El criterio que prevalece, según el ministro, es el calce entre el signo de la deuda y el de la recaudación: “Si en mi recaudación tengo 100 palos verdes al año de regalías y el resto es todo pesos, no puedo pagar más de 100 palos dólares por año de servicio de la deuda“.

Respecto del financiamiento multilateral —cuyo peso en el pasivo provincial irá creciendo a medida que los nuevos créditos se desembolsen— Fayad explicó que una de sus ventajas es que los fondos se liberan de manera gradual, a medida que avanzan las obras, lo que evita que la provincia pague intereses sobre montos que aún no utilizó. “Lo bueno del financiamiento multilateral es que te va desembolsando conforme avanza la obra”, señaló. Proyectó que hacia fines de 2028 o 2029, la deuda en dólares de la provincia quedará concentrada casi exclusivamente en organismos internacionales, que representarían alrededor del 30% del total.

Ante las críticas opositoras por los plazos cortos de la colocación de abril, Fayad respondió con un argumento de coyuntura: en un escenario de incertidumbre electoral, tomar deuda a largo plazo implica pagar durante años una prima de riesgo que podría desaparecer después de las elecciones. Puso como ejemplo a Chubut, que se endeudó a 10 años al 10% en dólares: si el contexto mejora en 2026, esa provincia pagará esa tasa durante nueve años más sobre un riesgo que ya no existirá. “¿Está bueno el plazo? Sí, está lindo el plazo. Ahora, si el riesgo que hace que la tasa sea alta se resuelve dentro de 15 meses, ¿para qué vas a tomar deuda tan larga?”, planteó