El puerto local será un motor de desarrollo (a poco de que se concreten las inversiones anunciadas).
La estrecha dependencia de los ciclos económicos condiciona la eventual reactivación. Una visión positiva: que se concreten, finalmente, los anuncios sobres millonarias.
Por Guillermo D. Rueda

“Más allá de las políticas nacionales, la morosidad crediticia, las plataformas digitales y los gastos posinundación impactan en el tejido productivo local”.
A la hora de analizar el presente y el futuro económico de nuestra ciudad, el Dr. Jorge Pazzi advirtió sobre el complejo escenario para lo que resta del corriente año debido a la estrecha dependencia de los ciclos económicos de la Argentina.
“A pesar del equilibrio fiscal nacional, se observa una economía fragmentada donde el auge de la energía, la minería y el agro contrasta con la parálisis de la industria, del comercio y de la construcción”, añadió.
Por encima de la afectación en el ámbito local, el economista —de extensa y reconocida trayectoria en la Universidad Nacional del Sur (UNS) y otras instituciones— admitió que a nivel local la construcción privada muestra signos de reactivación gracias a, entre otras razones, la inversión de capitales agropecuarios e importantes proyectos industriales que se desarrollan en la zona portuaria.
El siguiente es un tramo del diálogo mantenido con La Nueva.:
—¿Cómo analiza la situación de Bahía Blanca en el contexto de las políticas actuales?
—Es fundamental partir de la base de que la estructura productiva de Bahía Blanca no incluye ninguna de las denominadas economías regionales; es decir, aquellas que poseen cierta independencia del nivel de actividad nacional. Por lo tanto, nuestra evolución está totalmente correlacionada al ciclo del país. Tras dos años y medio de gestión, el Gobierno mantiene un equilibrio en las cuentas públicas para enfrentar la desastrosa herencia dejada por la administración anterior, aunque este proceso muestra claroscuros en su definición y ha logrado una baja de inflación que debe evaluarse según el punto de partida.

“Claro que habiendo pasado ese tiempo, conviene acercar la lente para ver lo que está ocurriendo ahora en toda la economía, porque se advierte que hay un reducido conjunto de actividades que muestran una fuerte expansión. Me estoy refiriendo a la energía y a la minería, que definen un nuevo patrón productivo desde la Patagonia, pero ascendiendo por las provincias de San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy, cuya magnitud final es difícil de evaluar hoy.
“A eso se suma un crecimiento también en el sector agropecuario, empujado este año por una excelente cosecha agrícola que ha sido favorecida por muy buenas condiciones climáticas. Por el contrario, otros sectores marcan una evolución deprimida, destacándose nítidamente la industria, el comercio y la construcción”.
Los gastos
—¿Por qué algunos discursos oficialistas sobre un consumo sostenido no se siente en la góndola local?
—Para entender esto hay que mirar el ingreso disponible, que resulta de restar, del ingreso total de una persona, los gastos fijos como alquiler, expensas, tarifas de gas y electricidad, prepagas, cuotas de colegios y transporte.
“Hay que partir de la base de que la estructura productiva local no incluye ninguna de las denominadas economías regionales”.
“Como muchos de estos rubros aumentaron por encima de la inflación, lo que queda para los artículos de consumo masivo es menos que antes. A esto se suma que, en el caso de los bahienses, los gastos para enfrentar las consecuencias de la inundación (NdR: del 7 de marzo de 2025) drenaron aún más lo disponible”.
—¿Qué otros factores están asfixiando al comerciante?
—Hay dos elementos adicionales: el crédito y la tecnología. La suba de tasas y la caída del ingreso dispararon la morosidad. Es algo que parece estar acelerándose y retrae aún más las compras. Además, el fenómeno de las plataformas digitales que envían productos a la casa del consumidor está debilitando de manera adicional la demanda que se dirigía a los comercios locales.
La construcción
—¿Cuál es la realidad de la construcción, una actividad que ha sido históricamente un motor en la ciudad?
—Es uno de los rubros más castigados, principalmente por la retracción casi total del Gobierno nacional en la obra pública. Por su parte, la construcción privada también viene mostrando una caída sostenida, a partir de que la evolución de los precios relativos ubicó a los costos de la construcción por arriba de los precios de venta. En ambos aspectos Bahía Blanca sufre igual que todo el país.
“No obstante, empezamos a ver que a nivel local la construcción privada se reactiva, entre otras causas, también por una cuestión de precios relativos. Aun siendo altos en términos históricos, los costos de construcción hoy son extraordinariamente favorables si se los compara con los precios ganaderos. Mientras la inflación fue del 33 %, el precio del ternero aumentó un 71 %, lo que hace que la inversión en ladrillo se torne atractiva para los fondos provenientes del sector agropecuario.

“Es posible que se sume a esto la puesta en marcha, debido a plazos contractuales que se acortan, de algunas obras que estaban detenidas o no iniciadas, o a la apuesta a que esos precios relativos mencionados se reviertan y posibiliten una razonable ganancia final. Y también otras llevadas a cabo por empresas que necesitan mantener un determinado nivel de actividad para financiar sus costos fijos”.
—¿Desde qué lugar se puede apreciar un escenario optimista para Bahía Blanca?
—Si las grandes obras portuarias no se retrasan; si la construcción privada confirma su recuperación y si parte del gasto que hoy se lleva la reconstrucción posinundación vuelve al consumo, la economía local podría evitar las consecuencias más intensas de lo que ocurra a nivel nacional.
La generación de trabajo
—Con frecuencia se menciona que la economía argentina se está moviendo a dos velocidades. ¿Coincide con ese diagnóstico para nuestra región?
—Me resulta erróneo hablar en esos términos, porque eso puede sugerir comportamientos diferentes pero simétricos, y esto último claramente no es cierto. Es verdad que sectores como la energía, la minería y el campo crecieron un 15 % en el año 2025; sin embargo, esos sectores en expansión solo explican el 16 % del PIB y menos del 4 % del empleo total. En la otra cara de la moneda, la industria, el comercio y la construcción muestran una evolución deprimida y son, precisamente, los que más pesan en la generación de trabajo.
—¿Qué impacto real tendrá el reciente anuncio de la instalación de una planta de girasol de Louis Dreyfus en el complejo portuario?
—Es una noticia sumamente auspiciosa. El impacto directo de una inversión de esa magnitud es muy grande en la industria y en la construcción local. Ya lo hemos visto en ampliaciones anteriores en el propio puerto y en el polo de Ingeniero White. Y como en esas otras oportunidades, eso es lo que hay que esperar de esos anuncios, porque luego de concluidas esas grandes obras no se generan eslabonamientos importantes hacia atrás o hacia adelante.
“Aunque la demanda de empleo fuerte es transitoria mientras dura la obra, sus efectos en la economía local son significativos, especialmente cuando se suman otros anuncios recientes en la misma zona, como la inversión de TGS por alrededor de 3.000 millones de dólares, de los cuales unos U$S 1.500 millones serán en la ciudad”.
—De cara a lo que viene, ¿qué sectores pueden empujar el crecimiento?
—Sinceramente, me cuesta encontrar los drivers que empujen un crecimiento generalizado. La energía y la minería seguirán expandiéndose, porque Vaca Muerta va a continuar creciendo, los desarrollos mineros van a aumentar y los precios se van a mantener por la geopolítica mundial. El agro dependerá, como siempre, del clima. Pero la industria no tendrá mejores condiciones si sigue la política cambiaria actual. Y el comercio sufrirá mientras continúe débil la demanda de empleo y los salarios sigan contenidos por la decisión oficial de no homologar paritarias por encima de la inflación”