El agua invisible de la Puna: un recurso estratégico que circula bajo la superficie

El agua invisible de la Puna: un recurso estratégico que circula bajo la superficie
Geólogos explican cómo funciona el sistema hídrico subterráneo de la altiplanicie salteña, quién lo regula y qué usos tiene hoy y a futuro.

La Puna argentina es, a simple vista, un desierto. Una gran meseta de altura en el noroeste del país, seca y fría, donde las lluvias son escasas. Sin embargo, bajo esa apariencia árida se esconde un sistema hídrico de gran magnitud que condiciona la vida, las comunidades y las actividades económicas de toda la región.

Así lo explican tres especialistas en el documental disponible en el portal de El Tribuno: el doctor en Ciencias Geológicas Ricardo Alonso, Guillermo Baudino de la Cátedra de Hidrogeología de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), y el geólogo Jorge Torres, secretario de Recursos Hídricos de Salta.

Lago en profundidad

«Todos se preguntan por el tema si hay agua en la Puna. Y bueno, en la Puna hay agua y mucha agua. Lo que pasa es que no se la ve, porque generalmente está en forma subterránea», señala Ricardo Alonso. El geólogo describe la presencia de manantiales en los bordes de los salares, lagunas en sectores donde la sequedad del ambiente no haría esperar su existencia, y ríos permanentes que recorren distintos puntos de la altiplanicie.

«Es un desierto seco de superficie con prácticamente un lago en profundidad», sintetiza Alonso.

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Baudino coincide: «La Puna está habitada hace miles de años. El agua en la Puna es utilizada y ha sido utilizada ancestralmente para actividades agropecuarias y las comunidades locales la vienen administrando desde tiempos inmemoriales».

Por su parte, Torres apunta que la biodiversidad es en sí misma una evidencia. «Tenemos las ranas puneñas, hoy en día se encontraron lagartos, una especie que no estaba reconocida en la Puna», dice.

Cómo funciona

Desde el punto de vista climático, la Puna recibe lluvias muy escasas. Hay lugares donde en un año entero caen apenas 50 milímetros (equivalente a 5 centímetros), mientras que en Salta capital el promedio anual ronda los 700 milímetros. No en toda la región llueve tan poco, algunos sectores reciben hasta 300 milímetros anuales, con variaciones asociadas principalmente al fenómeno de El Niño y La Niña, explicaron los especialistas.

«Cuando hay años Niña, llueven en la Puna, los salares se inundan y se forman capas blancas. Y cuando vienen las épocas de seca, lo único que cae en el salar es polvo y forman las capas marrones», explica Alonso. Para las comunidades locales, los años lluviosos tienen un nombre propio: «la época del multiplico», porque el pasto crece y los animales se reproducen con mayor facilidad.

El agua que llega a la Puna, principalmente desde el este, a través de los vientos húmedos del Atlántico que se descargan en las laderas andinas, no escapa hacia el mar. La Puna es, salvo una excepción, una cuenca endorreica: toda el agua que cae se infiltra en el suelo y fluye hacia los depocentros, los fondos de cuenca donde se ubican los salares.

«Todas las aguas que llegan a la Puna sin filtrar terminan dentro de la propia Puna», subraya Alonso. Ese proceso da lugar a una gradiente hídrica que va de aguas dulces en los bordes de los salares hacia aguas salobres y salmueras en el núcleo, estas últimas con concentraciones de elementos como el litio. La única excepción al carácter endorreico de la cuenca son las nacientes del río Pilcomayo, en La Quiaca, que finalmente desembocan en el Paraná y llegan al mar.

Un tesoro escaso

Baudino advierte que, dentro de todo ese sistema, el agua dulce potable es escasa y debe ser gestionada con especial cuidado. «Hay que conocer muy bien el balance hídrico en una cuenca para saber si no va a haber una mezcla entre el agua dulce que viene de la lluvia, la nieve o el deshielo y el agua salada que está en los salares».

El hidrogeólogo señala que hasta ahora no se han desarrollado usos intensivos del recurso hídrico dulce en la región, y que eso implica una limitación en el conocimiento disponible. «Es muy importante las investigaciones que se hacen para poder conocer los balances hídricos de cada cuenca y de cada región dentro de la cuenca, y cómo se comporta esa dinámica entre el agua dulce y el agua salada».

Quién regula

Desde el plano jurídico, el agua en Argentina es un recurso natural de jurisdicción provincial, tal como lo establece la Constitución de 1853 y lo reafirma la reforma de 1994.

En Salta, la legislación se articula a través del Código de Aguas (Ley 7017), que crea la Secretaría de Recursos Hídricos como autoridad de aplicación. Cualquier uso del recurso requiere un permiso de estudio previo, una inspección de la obra por parte de la autoridad y la eventual concesión de un volumen determinado de agua. «El dueño del agua es el Estado provincial, que concesiona el uso de un determinado caudal», explica Baudino.

El código establece también un orden de prioridades para el acceso al recurso: primero el abastecimiento humano, luego la producción agropecuaria y finalmente los usos industriales. Torres remarca que las comunidades tienen prioridad reconocida por la legislación vigente.

Usos actuales

El uso histórico y predominante del agua en la Puna es el agropecuario: vegas, manantiales y ríos sostienen los puestos de pastores y los pequeños poblados como San Antonio de los Cobres, Olacapato y Pocitos. La densidad demográfica de la región es una de las más bajas del país (menos de un cuarto de habitante por kilómetro cuadrado), por lo que el consumo actual es mínimo en relación al recurso disponible.

En la actualidad, la minería se ha convertido en la principal actividad productiva, aunque Alonso aclara que las empresas del sector suelen llevar agua de la ciudad para el consumo de los campamentos y que el uso en la propia altiplanicie es bajo. También se destacan dos grandes centrales fotovoltaicas que requieren agua para su funcionamiento.

Baudino señala que cualquier proyecto de desarrollo que pueda modificar el ambiente de las comunidades originarias debe estar precedido por una consulta previa, libre e informada, tal como lo establece la legislación nacional e internacional. «Hay comunidades que han aceptado proyectos de desarrollo turístico, minero, vial, eléctrico, siguiendo ese procedimiento», indica.

Potencial

El panorama hídrico de la Puna es heterogéneo. Existen ríos permanentes como el de Los Patos en el salar del Hombre Muerto o el Rosario en Olaroz; lagunas temporarias y permanentes; manantiales fríos, tibios y termales; y aguas con distintas composiciones químicas. Las fuentes termales, hoy aprovechadas como atractivo turístico, tuvieron en el pasado un rol clave en la formación de depósitos de boratos y en el aporte de litio a las salmueras.

Los estudios confirman que el recurso existe en cantidad significativa, aunque no toda el agua es apta para consumo humano. El acceso a agua segura sigue siendo una prioridad para las comunidades que habitan la región. Al mismo tiempo, la disponibilidad de agua no destinada al consumo permite pensar en usos productivos bajo criterios de sostenibilidad y con información sólida como base de las decisiones

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