Vaca Muerta será un puntal para el crecimiento de varias provincias. Sobrevolando Patagonia – Shutterstock
Es menester que los mayores ingresos fiscales de los gobiernos provinciales no sean despilfarrados, sino reinvertidos en infraestructura, educación y salud
La historia es abundante en ejemplos de pueblos que se encontraron con nuevos e importantes recursos que aplicaron a gastos de beneficio inmediato sin una mirada al futuro. Esos recursos, tarde o temprano, merman o desaparecen, dejando gastos corrientes superfluos difíciles de reducir.
Tal referencia viene en la actualidad al caso de nuestro país, particularmente en aquellas provincias que disponen de importantes recursos petroleros o mineros y que están recibiendo enormes inversiones que potenciarán su explotación y producción. Los gobiernos provinciales reciben como regalía petrolera el 12% del valor en boca de pozo y el 3% en el caso de la minería. A estos pagos directos deben adicionarse los mayores impuestos provinciales que se obtendrán de las actividades locales generadas por esas explotaciones. Estimaciones conservadoras indican que algunas provincias podrán duplicar sus ingresos fiscales en los próximos cuatro años. Los hidrocarburos extraídos de Vaca Muerta constituirán el puntal del crecimiento de los ingresos fiscales de Neuquén, Río Negro, Mendoza y La Pampa. La minería del cobre, el litio, el oro y la plata los aportarán en Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza y algunas provincias patagónicas.
La Argentina está bien ubicada en las perspectivas mundiales de un fuerte aumento de la demanda de materias primas críticas. La orientación hacia las energías renovables y la movilidad eléctrica están impulsando la demanda de cobre y de litio. Debe agregarse que con el rápido crecimiento de la inteligencia artificial emergen los centros de datos, fuertemente consumidores de energía eléctrica. Por tales razones esos dos minerales ya son insumos esenciales e imprescindibles. Para el año 2030 se proyectan exportaciones argentinas de 19.800 y 7400 millones de dólares, de cobre y litio, respectivamente. Además, el oro y la plata, esta última asociada con algunas explotaciones de cobre, continuarán aportando creciente cantidad de divisas al país y de regalías a las provincias de origen.
La tendencia mundial hacia la electricidad no alcanza a debilitar el mercado de hidrocarburos, particularmente el del gas, que es transportado internacionalmente como LNG y juega un papel importante en la transición energética. Las dificultades en el Estrecho de Ormuz pusieron en evidencia esa dependencia y, además, quedó clara la ventaja de la ubicación geográfica de nuestro país, alejado de zonas de conflicto.
El boom petrolero y minero no solo aumentará rápida y fuertemente los ingresos de los gobiernos provinciales, sino que también aportará un fujo desequilibrante de dólares al mercado doméstico, presionando a la baja el tipo de cambio. Ya está ocurriendo lo que se conoce como “la enfermedad holandesa”, que es la revalorización excesiva de la moneda local como consecuencia de grandes y sostenidos saldos exportables de un producto primario. Holanda lo experimentó en los años sesenta con el gas natural; también Noruega desde que aparecieron inmensas reservas de petróleo en el Mar del Norte. Este último país creó un fondo soberano (Fondo del Petróleo de Noruega) que comenzó a recibir aportes en 1996. Es administrado por el Norges Bank Investment Management y ha acumulado hasta hoy más de dos billones de dólares (cuatro veces el PBI argentino). Esta experiencia y otras parecidas han despertado localmente la idea de crear fondos soberanos provinciales con similares objetivos. Se trata de evitar la “enfermedad holandesa” y de ordenar con visión estructural y de futuro el mejor uso de los importantes fondos que recibirán los gobiernos provinciales