En el mundo, la minería entró de lleno en la era digital. Camiones que se manejan solos, perforadoras robotizadas, inteligencia artificial y sistemas capaces de controlar toda una operación desde cientos de kilómetros de distancia ya forman parte del día a día en los principales yacimientos internacionales. Y la Argentina empieza a subirse a esa ola.
Los nuevos desarrollos mineros que avanzan en provincias como Mendoza, San Juan, Salta, Catamarca y Jujuy ya están siendo pensados desde cero bajo ese esquema tecnológico. La idea es clara: producir más, gastar menos recursos y reducir al máximo los riesgos para los trabajadores.
El 5G y las minas controladas a distancia
Uno de los grandes cambios viene de la mano de las redes privadas 5G y de los sistemas de baja latencia, que permiten procesar datos en tiempo real incluso en zonas remotas de la Cordillera.
Gracias a esa infraestructura, hoy es posible operar flotas enteras de camiones autónomos, controlar perforadoras robotizadas y monitorear procesos críticos desde centros urbanos ubicados a cientos de kilómetros del yacimiento.
Además de mejorar la productividad, este modelo busca reducir la exposición de los trabajadores a ambientes extremos, especialmente en alta montaña. Muchas de las tareas más riesgosas ya pueden hacerse desde salas de control remotas, disminuyendo accidentes y el desgaste físico provocado por largas jornadas en condiciones climáticas adversas.
“La automatización no es una moda”
Sobre este cambio profundo habló Pablo Lagarini, gerente general para el Cono Sur de Epiroc, firma especializada en soluciones tecnológicas para minería.
Según explicó, la automatización dejó de ser una tendencia futurista para convertirse en una necesidad concreta del sector.
“La incorporación de tecnología y automatización en minería no responde a una moda, sino a la necesidad de mejorar la seguridad y la eficiencia en operaciones cada vez más complejas”, sostuvo.
El especialista también remarcó que el perfil del trabajador minero está cambiando rápidamente. Las tareas manuales y mecánicas empiezan a dejar lugar a la supervisión de sistemas digitales, análisis de datos y manejo remoto de equipos robotizados.
“Esto no destruye empleo, lo transforma. Cada vez se necesitan más capacidades vinculadas a conectividad, telemetría, análisis de información y operación remota”, explicó.
Menos consumo de agua y energía
La tecnología también aparece como una herramienta clave para responder a las crecientes exigencias ambientales.
Con sistemas digitales y sensores inteligentes, las compañías pueden controlar con mucha más precisión el uso del agua y la energía, dos recursos sensibles tanto para los costos como para la licencia social de los proyectos.
La automatización permite optimizar matemáticamente procesos de bombeo, molienda y procesamiento mineral, reduciendo errores humanos y mejorando la eficiencia operativa.
A eso se suma otro avance fuerte: la clasificación inteligente de minerales mediante sensores hiperespectrales e inteligencia artificial.
¿Para qué sirve? Básicamente, para separar desde el inicio la roca que realmente tiene valor del material descartable. Eso evita triturar y procesar toneladas innecesarias de piedra, algo que reduce de manera drástica el consumo energético y de agua.
La nueva fiebre del cobre
En paralelo a esta revolución tecnológica, la Argentina vive un momento de fuerte expectativa por el avance de grandes proyectos de cobre.
Yacimientos como Los Azules, El Pachón, Josemaría, Taca Taca y San Jorge aparecen entre las apuestas más fuertes para la próxima década.
Todos esos proyectos requerirán operaciones gigantescas, con millones de toneladas de roca removidas cada año. Y justamente por esa escala, las empresas consideran indispensable incorporar camiones autónomos, sensores predictivos y sistemas digitales capaces de anticipar fallas mecánicas antes de que ocurran.
La lógica es simple: en minería a gran escala, cada minuto que una planta queda parada implica pérdidas millonarias.
El desafío que viene
La llegada de inversiones multimillonarias y el avance de las nuevas tecnologías empiezan a dibujar un nuevo mapa productivo para la minería argentina.
Pero el desafío no será solo extraer minerales. También habrá que desarrollar redes de comunicación robustas en zonas montañosas, capacitar trabajadores y lograr que proveedores locales puedan adaptarse a estándares tecnológicos cada vez más exigentes.
Dentro de la industria ya hay una idea bastante instalada: los países y proyectos que logren incorporar antes la automatización, las flotas autónomas y los sistemas inteligentes serán los que tengan los costos más competitivos de los próximos años.
Y en ese escenario, la minería aparece como uno de los sectores con mayor potencial para mover la economía argentina en la próxima década