Uno de los grandes problemas estructurales de la Argentina contemporánea es la concentración territorial de oportunidades, infraestructura, servicios y capacidades de desarrollo. Durante décadas, el país consolidó un modelo profundamente centralizado donde las grandes áreas metropolitanas absorbieron inversión, educación superior, empleo, conectividad y servicios públicos, mientras cientos de ciudades intermedias y comunidades del interior fueron perdiendo población joven, capacidad productiva y autonomía.
Ese proceso produjo consecuencias visibles: migración permanente hacia grandes centros urbanos, crecimiento desordenado, desigualdad territorial, deterioro ambiental, fragmentación social y debilitamiento del arraigo. Miles de jóvenes debieron abandonar sus comunidades para estudiar o trabajar; localidades rurales comenzaron a perder servicios e infraestructura; y el territorio dejó de ser pensado como herramienta de desarrollo para convertirse muchas veces en mero soporte físico de procesos económicos y urbanos desarticulados.
En ese contexto, entre 2011 y 2019 desarrollamos en San Antonio de Areco una experiencia de gobierno local basada en una premisa distinta: el arraigo no debía ser entendido como una consigna cultural o emocional, sino como una verdadera política pública integral.
Es decir, una estrategia orientada a generar las condiciones materiales, educativas, productivas, ambientales, urbanas y comunitarias para que las personas pudieran desarrollar sus proyectos de vida en su propio lugar. En definitiva, condiciones humanas para permanecer, crecer y proyectar.
Aquella experiencia buscó demostrar que una ciudad intermedia, el clásico pueblo del interior, puede transformarse en una alternativa concreta al modelo centralizado argentino si logra integrar planificación territorial, infraestructura, educación, salud, conectividad, producción, ambiente, cultura y calidad de vida dentro de una misma estrategia.
La gestión desplegada en San Antonio de Areco entre 2011 y 2019 no consistió solamente en una acumulación de obras o programas sectoriales. Constituyó un intento deliberado de construir un modelo integral orientado al progreso humano, el equilibrio urbano-rural y la promoción del arraigo.
Ocho años después de concluida la gestión —10/12/19—, gran parte de aquella infraestructura, institucionalidad y planificación continúa vigente. Eso permite analizar la experiencia no sólo como una gestión municipal determinada, sino como un posible modelo de referencia para otros gobiernos locales.
El territorio como organizador del desarrollo
Desde el inicio entendimos que muchos de los problemas estructurales de San Antonio de Areco no podían abordarse separadamente. Las inundaciones, la falta de cloacas, la expansión urbana desordenada, las dificultades de acceso al suelo, la pérdida de jóvenes, la fragilidad de las localidades rurales y la insuficiencia de infraestructura formaban parte, en realidad, de un mismo problema físico y geográfico.
Por eso el ordenamiento territorial dejó de ser concebido exclusivamente como una regulación urbanística para transformarse en una herramienta estratégica.
El Código de Ordenamiento Territorial aprobado mediante Ordenanza 3647/11 y posteriormente actualizado por las Ordenanzas 3754/12, 4078/16 y 4163/16 representó uno de los principales pilares de aquella planificación. El nuevo esquema incorporó herramientas que hasta entonces no existían de manera integral: regulación del uso del suelo, gestión del riesgo hídrico, criterios ambientales, preservación patrimonial, regulación de expansión urbana y planificación vinculada a infraestructura y servicios.
La incorporación del Coeficiente de Absorción del Suelo (CAS), los mapas de riesgo hidrometeorológico y las restricciones específicas para zonas inundables marcaron un cambio profundo respecto de esquemas anteriores. Por primera vez, el riesgo hídrico comenzó a formar parte central de las decisiones sobre el crecimiento urbano.
El propio Código estableció limitaciones hidráulicas, restricciones a subdivisiones, exigencias ambientales y prohibiciones específicas de rellenos en determinadas áreas. En zonas de restricción hidráulica las construcciones debían elevarse mediante pilotes, se prohibían rellenos no autorizados y toda subdivisión quedaba condicionada a aprobación técnica e hidráulica.
Esto resulta especialmente relevante frente a interpretaciones posteriores que intentaron presentar aquella experiencia como una flexibilización regulatoria. La evidencia normativa demuestra exactamente lo contrario: Areco incorporó más regulación ambiental, mejor planificación hidráulica y criterios de sustentabilidad superiores a los existentes.
El ordenamiento territorial no fue concebido para impedir el crecimiento, sino para evitar que afectara las condiciones que hacen posible la vida comunitaria.
El proceso incorporó además mecanismos de participación pública y audiencias abiertas para discutir las características del crecimiento urbano y rural del distrito, ampliando la intervención ciudadana en decisiones históricamente reservadas a ámbitos técnicos o administrativos.
Gestión hídrica, ambiente y resiliencia
La cuestión hídrica atravesó históricamente a San Antonio de Areco. Durante décadas, el crecimiento urbano convivió con vulnerabilidad frente a inundaciones y ausencia de herramientas integrales de prevención y monitoreo.
Nuestra gestión decidió incorporar el riesgo hídrico como criterio estructural de gobierno. El Plan Local de Acción Climática identificó doce inundaciones relevantes entre 1980 y 2015 y permitió comenzar a desarrollar políticas permanentes de resiliencia urbana y adaptación climática.
Entre 2011 y 2019 se llevaron a cabo importantes inversiones en infraestructura hídrica, en el marco del Plan de Manejo de la Cuenca. Se ejecutaron aliviadores, ampliaciones de conductos, sistemas pluviales, limpieza y adecuación de cauces y obras de drenaje urbano que modificaron sustancialmente la capacidad de respuesta del distrito.
Pero además se construyó institucionalidad. Se desarrollaron el Sistema Municipal de Gestión de Riesgos, el Centro de Monitoreo y Alerta Temprana, estaciones hidrometeorológicas, sistemas de monitoreo de cuenca y herramientas digitales de alerta ciudadana como SAT Areco.
Muchos de los debates actuales sobre resiliencia urbana, adaptación climática o infraestructura verde todavía eran marginales en la mayoría de los municipios argentinos cuando Areco comenzó a incorporarlos dentro de su propia planificación.
La dimensión ambiental también comenzó a integrarse al proyecto local. Durante aquellos años se prohibió la fumigación aérea en todo el distrito, se avanzó en regulación de agroquímicos, se promovieron reservas agroecológicas y se plantaron más de 4.000 árboles nativos.
Al mismo tiempo se cerró el basural a cielo abierto, se construyó un Centro de Transferencia y Clasificación de residuos, se articuló disposición final con CEAMSE y se desarrollaron sistemas de separación domiciliaria.
Areco fue además uno de los primeros municipios bonaerenses y latinoamericanos en desarrollar un Plan Local de Acción Climática y en integrarse a redes internacionales vinculadas al cambio climático y la sustentabilidad urbana.
Infraestructura para el arraigo
Una de las principales características del modelo desarrollado en Areco fue comprender la infraestructura no solamente como obra pública, sino como condición material del arraigo.
El acceso al agua, las cloacas, el gas, la conectividad digital, la energía o la vivienda no fueron concebidos simplemente como servicios. Fueron entendidos como derechos territoriales indispensables para sostener calidad de vida, producción y permanencia poblacional.
Entre 2011 y 2019 se ejecutaron más de 400 cuadras de pavimento e intertrabado, más de 11.000 metros lineales de cordón cuneta, más de 12.000 metros de nuevas redes de alumbrado y más de 1.200 luminarias LED.
En materia de saneamiento se produjo una transformación estructural. La cobertura cloacal pasó de aproximadamente 20% a más del 90%, mientras que el acceso al agua corriente alcanzó prácticamente la totalidad del distrito.
La creación de SANEAR como empresa municipal de agua y cloacas constituyó además una decisión estratégica de fortalecimiento institucional local y permitió desarrollar uno de los sistemas de saneamiento más importantes de la región.
La nueva Planta de Tratamiento de Residuos Cloacales proyectada durante aquellos años —actualmente paralizada— representaba una de las obras ambientales y sanitarias más importantes para el futuro del distrito y contaba con reconocimiento del BID y del Gobierno Nacional.
La misma lógica orientó la política energética y de conectividad. Se desarrollaron obras de soterramiento eléctrico, nuevos centros de transformación, ampliaciones de capacidad energética y proyectos vinculados al Plan Más Cerca Eléctrico.
La articulación con ARSAT y la incorporación de la Red Federal de Fibra Óptica permitieron acercar conectividad digital como parte de la infraestructura estratégica. El nodo local y el Núcleo de Acceso al Conocimiento respondían a una idea profundamente moderna: la conectividad también debía ser concebida como un derecho territorial.
La planificación de infraestructura incluyó además obras estratégicas de movilidad. Durante aquellos años se concretó el acceso asfaltado a la localidad rural de Villa Lía, se impulsó la rotonda de las rutas 8 y 41, se proyectó una nueva terminal de ómnibus y se promovió activamente el regreso del ferrocarril como herramienta de integración regional.
Porque la conectividad física también fue concebida como una política de arraigo.
Actualmente se está ejecutando, a paso lento, la autovía que conecta San Antonio de Areco con San Andrés de Giles, fomentando la conectividad regional.
Capacidad estatal, autonomía municipal y equidad territorial
Uno de los aspectos menos visibles pero más importantes del modelo desarrollado en Areco fue el fortalecimiento de la capacidad estatal y financiera del Municipio.
Ningún proyecto serio de desarrollo local puede sostenerse sin planificación, inversión y autonomía institucional.
Al asumir la gestión, apenas el 38% de los ingresos municipales correspondían a recursos genuinos mientras el 62% provenía de coparticipación provincial. Ocho años después esa relación se había invertido: el 62% provenía de ingresos propios y sólo el 38% de coparticipación.
Ese proceso no respondió a un aumento indiscriminado de presión fiscal. Por el contrario, implicó una modificación profunda de la matriz tributaria municipal orientada a construir mayor equidad y fortalecer la autonomía financiera del Estado local.
La política fiscal buscó reducir presión sobre sectores más vulnerables y barrios históricamente periféricos, focalizando el esfuerzo contributivo sobre actividades y sectores con mayor capacidad económica y sobre procesos de crecimiento urbano que requerían infraestructura y servicios públicos.
El propio documento de cierre de gestión definía este proceso como una transformación de la “independencia económica” municipal mediante modificaciones en la matriz fiscal y la creación de un Departamento de Recupero.
Al mismo tiempo se avanzó en modernización administrativa, mejora de cobrabilidad, profesionalización de áreas y fortalecimiento institucional.
Ese fortalecimiento de recursos genuinos permitió ampliar capacidad de inversión pública, sostener políticas de largo plazo y reducir dependencia estructural respecto de transferencias externas.
La autonomía financiera fue entendida así no sólo como una cuestión administrativa, sino como condición indispensable para construir un proyecto local con capacidad real de planificación y continuidad.
Hábitat, vivienda y derecho al arraigo
El acceso al suelo y a la vivienda constituyó otro de los ejes centrales de la experiencia.
Las políticas de hábitat fueron pensadas como herramientas de integración urbana y democratización territorial. Entre 2011 y 2019 se desarrollaron aproximadamente 5.000 soluciones habitacionales entre lotes con servicios, viviendas, regularización dominial, autoconstrucción y programas municipales de acceso al suelo.
Se impulsaron nuevos barrios integrados a infraestructura urbana y servicios básicos, evitando modelos de urbanización fragmentada y excluyente.
Entre ellos se destacaron el barrio Papa Francisco, los programas RAÍCES, Habitar y MINKA, junto con múltiples procesos de urbanización abierta y generación de lotes accesibles.
La planificación territorial buscó evitar tanto el crecimiento desordenado como la consolidación de modelos urbanos excluyentes. La infraestructura debía acompañar el crecimiento urbano y no llegar años después de la expansión del tejido urbano.
Educación y democratización territorial del conocimiento
Probablemente una de las expresiones más claras del modelo de arraigo haya sido la política educativa.
Durante décadas, miles de jóvenes del interior debieron abandonar sus comunidades para acceder a estudios superiores. Muchos no podían hacerlo y otros nunca regresaban.
La creación del Centro Universitario Areco y posteriormente de la Universidad Nacional de San Antonio de Areco buscó modificar parcialmente esa lógica histórica.
La UNSADA representó mucho más que una institución educativa. Fue una política concreta de democratización territorial del conocimiento. Por primera vez, cientos de jóvenes pudieron estudiar carreras universitarias sin abandonar su comunidad y, en muchos casos, transformarse en primera generación universitaria de sus familias.
Más de 4.400 personas accedieron a propuestas educativas nacionales, provinciales y municipales, mientras que la matrícula universitaria superó rápidamente los 1.200 estudiantes. Actualmente la matrícula de la UNSADA ronda los 10 mil alumnos, con nuevas carreras, cursos y diplomaturas, además de presencia territorial en varios municipios de la región, lo que demuestra el acierto de su creación.
Pero la política educativa no se limitó a la universidad. Durante aquellos años se construyeron nuevos edificios escolares, se desarrollaron jardines maternales, se fortaleció la Escuela Técnica, se construyó la secundaria de Villa Lía y se amplió la descentralización educativa hacia localidades rurales.
El Jardín Juana Azurduy en Duggan y el Jardín Maternal Roberto Sorchilli en Villa Lía expresaban justamente esa lógica: el arraigo debía construirse también fuera del casco urbano y en las localidades rurales. Federalismo local.
Salud, deporte y calidad de vida
La salud pública también fue concebida como parte inseparable del desarrollo territorial equilibrado.
Durante aquellos años se fortaleció integralmente el Hospital Municipal mediante nuevas áreas, equipamiento, digitalización, tomógrafo, mamógrafo, shockroom de adultos y pediatría y ampliación de servicios.
Al mismo tiempo se desarrollaron CAPS y unidades sanitarias en Areco y localidades rurales, se fortalecieron políticas de salud mental comunitaria y se impulsaron programas preventivos y de atención primaria.
La seguridad también fue abordada desde una lógica integral vinculada a presencia estatal, prevención, infraestructura urbana y fortalecimiento institucional.
En 2011 el distrito contaba con apenas 37 efectivos policiales. Hacia 2019 esa cifra había ascendido a 165 efectivos.
Se creó además el Centro Operativo de Monitoreo Areco (COMA), inexistente al inicio de la gestión. A partir de 2013 comenzaron a instalarse las primeras cámaras de seguridad urbana y hacia el final del período el sistema alcanzaba decenas de cámaras distribuidas en Areco y localidades rurales.
La política de seguridad incluyó nuevos puestos de vigilancia, fortalecimiento del sistema de monitoreo, creación de la Comisaría de la Mujer, ampliación de controles viales y medidas preventivas articuladas con urbanización, iluminación y presencia estatal.
La seguridad fue concebida no solamente como control policial, sino también como construcción de convivencia comunitaria, recuperación del espacio público y fortalecimiento del tejido social.
Además, se promovió una concepción amplia de calidad de vida comunitaria. Las políticas deportivas, culturales y recreativas buscaron fortalecer integración social, identidad y espacios públicos.
La remodelación del Estadio local de la Liga de Fútbol Enrique Fitte, la descentralización deportiva hacia Villa Lía y Duggan, la creación de la Radio Municipal, la Escuela Municipal de Música y la expansión de talleres culturales responden a una misma visión: el desarrollo local también requiere fortalecer comunidad, identidad y pertenencia.
Producción, trabajo y desarrollo local
La producción local fue concebida como parte central del ordenamiento territorial y la promoción del arraigo. Si los jóvenes pueden quedarse a estudiar en la Universidad, se requiere salida laboral; para ello es imprescindible incentivar el agregado de valor a la producción primaria local.
El Parque Agroindustrial Juan Hipólito Vieytes buscó fortalecer agregado de valor local, radicación de empresas, generación de empleo y desarrollo económico vinculado al territorio.
La experiencia impulsó además mercados de productores, ferias locales, la Compañía Municipal de Alimentos, el sello Hecho en Areco y distintas herramientas de promoción económica.
La producción no fue pensada únicamente desde la rentabilidad económica. También fue concebida como arraigo, fortalecimiento comunitario, identidad y autonomía.
La misma lógica atravesó al turismo y al patrimonio cultural. La declaración de Areco como Capital Nacional de la Tradición y el fuerte crecimiento turístico no fueron resultado exclusivo de promoción turística. Fueron consecuencia de una política deliberada de preservación identitaria, infraestructura y fortalecimiento cultural.
Entre 2011 y 2019 la cantidad de visitantes prácticamente se triplicó, consolidando al turismo como uno de los motores económicos y culturales del distrito.
Localidades rurales y equilibrio territorial
Uno de los aspectos más innovadores del modelo fue probablemente la decisión de incorporar plenamente a las localidades rurales dentro de la estrategia de desarrollo.
Villa Lía, Duggan y Vagues no debían resignarse a perder población, servicios y oportunidades.
La gasificación de Villa Lía, la nueva secundaria, los jardines maternales, las actividades deportivas y culturales descentralizadas, la conectividad y las mejoras de infraestructura buscaron precisamente construir igualdad territorial.
El acceso a servicios públicos, educación, cultura y conectividad no podía depender exclusivamente de la cercanía con grandes centros urbanos.
La lógica era clara: las localidades rurales también debían acceder a infraestructura, educación, deporte, cultura, conectividad y servicios públicos de calidad.
El arraigo no podía limitarse exclusivamente al casco urbano.
La experiencia buscó romper la lógica histórica según la cual las pequeñas localidades debían resignarse a perder población, infraestructura y oportunidades mientras todo se concentraba en grandes centros urbanos.
El fortalecimiento de Villa Lía, Vagues y Duggan formó parte de una concepción de federalismo local, donde el desarrollo debía distribuirse equilibradamente dentro del propio distrito.
Conclusión
La experiencia desarrollada en San Antonio de Areco entre 2011 y 2019 representó un intento concreto de construir un modelo integral basado en planificación territorial, infraestructura, educación, conectividad, producción, ambiente, identidad y democratización de derechos.
El eje organizador de ese modelo fue el arraigo.
No entendido como una consigna abstracta o nostálgica, sino como una política pública concreta orientada a generar condiciones reales para que las personas pudieran vivir, estudiar, trabajar, producir y desarrollarse en su propio territorio.
La experiencia de Areco demuestra que los pueblos y las ciudades intermedias pueden transformarse en actores estratégicos para construir una Argentina más equilibrada, menos concentrada y territorialmente más justa. También demuestra la importancia de recuperar capacidades estatales locales para planificar, regular, invertir y construir comunidad frente a dinámicas económicas y territoriales cada vez más concentradas.
Porque el arraigo no se produce espontáneamente. Requiere infraestructura, derechos, comunidad, identidad y Estados locales con capacidad real de intervención.
Planificar un territorio no consiste solamente en ordenar obras o tomar decisiones administrativas sin hilo conductor. Consiste, en última instancia, en decidir cómo se distribuyen las oportunidades, qué comunidades queremos construir y qué condiciones hacen posible sostener la vida colectiva.
Y nada de esto hubiera sido posible ni podrá hacerse realidad en el futuro sin una decisión política de altísimo consenso: incluir como prioridad en la agenda pública la necesidad imperiosa de avanzar hacia un nuevo federalismo del siglo XXI, con organización, distribución y equidad territorial y poblacional, que promueva y garantice el arraigo y la integración de nuestro diverso y rico territorio.
En San Antonio de Areco fue posible, únicamente, gracias a la gobernanza activamente impulsada por los gobiernos nacionales conducidos por Néstor Kirchner, primero, y Cristina Fernández, después.
Por: Francisco Durañona, ex intendente de San Antonio de Areco.
Titular de Movimiento Arraigo | Senador de la Provincia de Buenos Aires por el Frente de Todos (2019 – 2023) | Intendente de San Antonio de Areco (2011-2019)