¿Cuántos guanacos hay en la Patagonia? El dato que nadie sabe con certeza

¿Cuántos guanacos hay en la Patagonia? El dato que nadie sabe con certeza

Dos millones de guanacos en la Patagonia: ese número circula como verdad oficial. Pero los datos reales cuentan una historia muy diferente.El guanaco habita la Patagonia hace más de 10.000 años, pero su abundancia real sigue sin medirse con rigor.

La cifra de dos millones de guanacos en la Patagonia argentina se repite en informes oficiales, debates legislativos y declaraciones del sector ganadero como si fuera un hecho comprobado. Sin embargo, un análisis riguroso de los únicos dos relevamientos regionales disponibles revela algo incómodo: esa estimación no tiene la solidez estadística suficiente para sostener ninguna decisión de manejo. El problema no es político ni económico. Es metodológico.

Los conflictos entre la actividad pecuaria y la fauna silvestre en la Patagonia no son nuevos. El guanaco (Lama guanicoe) —que habita la región hace más de 10.000 años— convive desde hace más de un siglo con la ganadería extensiva, y esa convivencia rara vez fue pacífica. Antes de la llegada del ganado doméstico, la especie habría alcanzado en Sudamérica «probablemente números en las decenas de millones», de acuerdo a un informe del CONICET firmado por los investigadores Adrián Schiavini, Alejandro González y Andrés Rey.

Durante los siglos XIX y XX, la caza excesiva, la competencia con el ganado y la degradación del hábitat por el sobrepastoreo ovino redujeron drásticamente su abundancia y distribución. Hoy el guanaco ocupa apenas el 40% de su distribución histórica, principalmente en la Patagonia argentina.

En las últimas décadas, la reducción de la actividad ganadera —producto de la erupción del volcán Hudson en 1991, las oscilaciones en los precios de la lana y la carne, y la migración de trabajadores rurales hacia centros urbanos— permitió una recuperación parcial y heterogénea de la especie. Cuando el sector productivo intentó retomar sus actividades a principios del siglo XXI, lo hizo en un paisaje transformado, con poblaciones de guanacos y predadores —como el puma y el zorro colorado— más numerosas que décadas atrás.

De acuerdo al informe, este escenario reavivó el debate sobre la «superpoblación» del guanaco y su impacto en los pastizales. Algunos sectores sostienen que el pastoreo patagónico ya opera cerca de la capacidad de carga, y que la presencia creciente del guanaco desequilibra ese balance en detrimento del ganado ovino. Otros investigadores contraargumentan que atribuir al guanaco la responsabilidad del deterioro de los pastizales consolida el sobrepastoreo doméstico y desincentiva mejoras en las prácticas de manejo ganadero.

Todo parece indicar que para dirimir ese debate, existe una condición innegociable: contar con estimaciones confiables de la abundancia del guanaco a escalas relevantes. Y ahí reside el problema central.

Sin estimaciones confiables, cualquier política de manejo del guanaco carece de base científica.

Sin estimaciones confiables, cualquier política de manejo del guanaco carece de base científica.

Los dos relevamientos regionales: qué dicen y qué ocultan

Solo existen dos evaluaciones de la abundancia del guanaco para toda la Patagonia continental. Ambas utilizaron transectas aéreas en banda, basadas en diseño y con observación a ojo desnudo.

El primer relevamiento, realizado en el año 2000 por Amaya estimó una población de 401.612 guanacos. El diseño del estudio, sin embargo, estuvo condicionado por la logística operativa y no por una evaluación previa de la probabilidad de cobertura del territorio. Un análisis posterior reveló una alta heterogeneidad en esa cobertura, con diferencias de un orden de magnitud entre zonas y áreas con probabilidad de cobertura igual a cero.

Recalculados correctamente, los intervalos de confianza del 95% para la abundancia total se ubican entre 98.950 y 753.201 individuos —una amplitud que hace inutilizable la estimación para tomar decisiones de manejo.

El segundo relevamiento, realizado en 2013 o 2014 y publicado por Bay Gavuzzo, estimó 2.087.039 guanacos, con un intervalo de confianza del 95 % de apenas 2.064.224 a 2.109.853 individuos. Esa precisión aparente —un rango de poco más de 45.000 animales sobre dos millones— resultó incompatible con los elevados desvíos estándar de densidad reportados en el mismo informe. Recalculados con la misma metodología aplicada al relevamiento anterior, los intervalos de confianza reales se extienden entre 17.345 y 6.050.550 individuos. La diferencia entre los límites inferior y superior supera los seis órdenes de magnitud para algunas provincias.

La causa de esa imprecisión es clara: no se registraron guanacos en el 71% de los 2.252 segmentos relevados. Dos ejemplos ilustran el riesgo de extrapolar desde muestras tan reducidas. En Santa Cruz, se estimaron 176.504 guanacos en los «pastizales subandinos» habiendo relevado apenas el 0,02 % de esa biozona (4 km² de 21.781 km²). En Neuquén, se estimaron 0 guanacos en la misma categoría de hábitat —a pesar de que la especie tiene presencia comprobada y es relativamente abundante allí— habiendo relevado el 0,04 % de la biozona (4 km² de 9.355 km²).

La cifra de dos millones de guanacos se repite sin error asociado, como si fuera un dato exacto.

La cifra de dos millones de guanacos se repite sin error asociado, como si fuera un dato exacto.

¿Hubo un aumento real de la población entre 2000 y 2014?

La comparación entre ambos relevamientos sugiere tasas de crecimiento anual de entre 0,93 y 1,14 según la provincia, lo que implicaría incrementos de hasta el 14% anual. Pero esa conclusión no resiste el análisis estadístico.

Para afirmar que la abundancia creció, es necesario que la diferencia entre dos estimaciones supere la variabilidad propia de cada una de ellas. Con coeficientes de variación de la magnitud registrada en estos estudios —que en varios estratos superan el 100 %—, serían necesarios entre 18 y 20 años de monitoreo continuo para detectar una tasa de crecimiento del 12 % anual con una potencia estadística del 80 %.

En síntesis, la evidencia disponible no permite afirmar con rigor científico que la población de guanacos aumentó entre los dos relevamientos.

Una metodología superadora que no se implementó

En 2012, el CONICET y organismos nacionales iniciaron el diseño del Primer Relevamiento Nacional de Camélidos Silvestres, con el objetivo de generar una estimación robusta y comparable en el tiempo. El proyecto contemplaba relevamientos aéreos con cámaras fotográficas de alta resolución adosadas a las alas de las aeronaves, eliminando el sesgo humano del registro a ojo desnudo. Se planificó el uso de Modelos de Superficie de Densidad —una metodología estadísticamente más potente que los enfoques tradicionales basados en diseño—, con transectas en banda georreferenciadas y variables predictivas de cobertura vegetal, uso del suelo y red vial.

El relevamiento iba a comenzar por Santa Cruz, cubriendo unos 5.600 km en 22 vuelos de no más de tres horas de duración. Para 2014, gran parte del trabajo preparatorio estaba concluido. Sin embargo, desacuerdos técnicos entre instituciones llevaron al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca a desestimar el proyecto y realizar, de manera unilateral, el relevamiento publicado por Bay Gavuzzo et al. (2015). El proyecto original fue desfinanciado y cancelado. Se perdió así la oportunidad de contar con una estimación consensuada, metodológicamente sólida y replicable en el tiempo.

Los relevamientos aéreos son el método más adecuado para estimar guanacos en territorios extensos.

Los relevamientos aéreos son el método más adecuado para estimar guanacos en territorios extensos.

Conclusión: números sin respaldo, decisiones sin fundamento

Las dos únicas estimaciones regionales disponibles presentan niveles de incertidumbre incompatibles con la toma de decisiones de manejo o con la evaluación de cambios en la abundancia a lo largo del tiempo. Sin embargo, la cifra de dos millones de guanacos circula como un número redondo, sin error asociado, funcional a la narrativa de la superpoblación y a la justificación de intervenciones de control que aún carecen de sustento empírico suficiente.

Argentina posee capacidades técnicas para diseñar y ejecutar relevamientos a gran escala con estándares metodológicos rigurosos. Lo que ha faltado es voluntad institucional y gobernanza adecuada para coordinar ese esfuerzo entre los sectores científico, gubernamental y productivo. Retomar ese camino —con una línea de base consensuada, transparente y comparable— es la condición mínima para cualquier política de manejo del guanaco en la Patagonia que aspire a ser científicamente válida y socialmente legítima.

FUENTE: Schiavini, A., A. González y A. Rey. 2025. ¿Cuántos guanacos hay en la Patagonia? Mastozoología Neotropical, 32(1):e01133.

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