Actualmente, para viajar por tierra desde el continente hasta la provincia de Tierra del Fuego es necesario atravesar territorio chileno.
La iniciativa argentino-chilena busca diseñar un viaducto subterráneo en el Estrecho de Magallanes para reemplazar el actual sistema de barcazas chilenas por un paso bajo el agua que unirá el continente con la isla en pocos minutos.
El histórico y desafiante cruce marítimo en el extremo sur de Sudamérica podría quedar en el pasado gracias a una ambiciosa iniciativa binacional entre Argentina y Chile que tiene como objetivo central construir un túnel submarino en el punto más angosto del Estrecho de Magallanes para unir de forma directa el continente con la Isla Grande de Tierra del Fuego.
La travesía actual exige a los viajeros ingresar al territorio chileno y abordar un servicio de transbordadores que demora alrededor de media hora. Sin embargo, las severas condiciones climáticas de la región suelen provocar suspensiones temporales del servicio. El nuevo paso subterráneo eliminaría esta dependencia operativa y reduciría los extensos tiempos de espera.

Túnel submarino: obra estratégica y millonaria
Desde el punto de vista técnico, la travesía requeriría perforar el lecho marino a lo largo de casi cuatro kilómetros en la zona de Primera Angostura. La viabilidad de este tipo de estructuras ya ha sido analizada por expertos europeos en la materia. Su experiencia en países nórdicos confirma que es posible desarrollar túneles sumergidos en zonas de características geográficas similares.
Además de facilitar el turismo regional, el proyecto presenta un enorme beneficio logístico para el abastecimiento y la integración del sur argentino, ya que el transporte de carga pesada y mercaderías ganaría previsibilidad al evitar los constantes cortes por fuertes vientos en el mar. A su vez, esto potenciaría directamente el desarrollo económico de las comunidades insulares y continentales.

La materialización de este paso fijo que demandará una inversión cercana a los 1.500 millones de dólares requiere de un acuerdo histórico entre Argentina y Chile y representa un desafío de ingeniería monumental que requeriría una inversión millonaria. Aunque la idea original fue gestada en Chile, su ejecución dependerá de acuerdos de financiación binacional o de capitales privados. De concretarse, marcará un hito en la conectividad vial de la Patagonia y reconfigurará la geografía austral.
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