El anuncio del denominado “Súper RIGI” incorpora un capítulo específico para la minería con el objetivo de avanzar en etapas de procesamiento que hoy tienen escaso desarrollo en Argentina. Según detalló el ministro de Economía, Luis Caputo, el esquema buscará atraer inversiones en refinación y laminado de cobre, producción de baterías de litio y elaboración de fertilizantes a partir de potasio y fósforo, entre otras líneas vinculadas a recursos naturales.
La iniciativa se plantea como un complemento del régimen vigente, pero con incentivos más agresivos para actividades que no están consolidadas a nivel local. En el caso minero, el eje está puesto en pasar de la exportación de concentrados o carbonato a procesos industriales con mayor valor agregado, una discusión que atraviesa tanto a proyectos de cobre en etapa de desarrollo como al crecimiento del litio en el norte del país.
Cobre y litio: del recurso a la industria
Dentro del esquema, el cobre aparece como uno de los principales vectores. La posibilidad de instalar plantas de refinación y laminado abre un escenario distinto para proyectos que hoy prevén exportar concentrados. En paralelo, la fabricación de baterías de litio se menciona como un paso posterior a la actual producción de carbonato, con el objetivo de integrar parte de la cadena tecnológica.
Este enfoque se alinea con la expansión reciente de la minería metalífera y del litio, donde provincias del NOA y la cordillera concentran inversiones en distintas etapas. Sin embargo, el desarrollo industrial asociado sigue siendo limitado, en parte por costos, escala y condiciones macroeconómicas.
Fertilizantes y minerales industriales
Otro de los segmentos incluidos es el de fertilizantes minerales, particularmente los derivados de potasio y fósforo. Se trata de una línea con potencial de articulación entre minería y agroindustria, en un contexto de demanda sostenida de insumos para la producción agrícola.
La incorporación de este tipo de proyectos amplía el alcance del régimen más allá de los metales tradicionales, incorporando minerales industriales con impacto directo en otras cadenas productivas.
Incentivos fiscales y condiciones
El nuevo esquema contempla una reducción del impuesto a las ganancias al 15% y un régimen de amortización acelerada de inversiones, con deducciones concentradas en los primeros tres años. También prevé exenciones arancelarias más amplias para importaciones vinculadas a los proyectos.
De acuerdo con lo planteado por el Gobierno, el objetivo es mejorar la ecuación económica en las փուլ iniciales, donde se concentran los mayores desembolsos. La propuesta apunta a compensar los riesgos asociados a industrias que requieren alta inversión y plazos largos de maduración.
Alcance más amplio: energía y tecnología
Aunque el foco minero es central, el “Súper RIGI” también incluye otras actividades vinculadas a la industrialización de recursos. Entre ellas se mencionan la producción de autos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, centros de datos y desarrollos asociados al agro, la pesca y la actividad forestal.
En ese marco, la minería aparece integrada a un esquema más amplio que combina energía, tecnología e industria pesada, con la premisa de generar nuevas cadenas de valor a partir de recursos disponibles en el país.
Contexto del régimen vigente
El Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones ya cuenta con decenas de proyectos presentados, principalmente en hidrocarburos y minería. Sin embargo, el nuevo esquema busca diferenciarse al enfocarse en actividades que aún no tienen escala en Argentina.
Para el sector minero, el desafío no solo será atraer inversiones, sino también resolver condiciones estructurales —infraestructura, costos logísticos y estabilidad regulatoria— que resultan determinantes para avanzar en procesos industriales de mayor complejidad.