«Los municipios deberían tener sus propias políticas de Estado y ordenar el gasto salarial»

«Los municipios deberían tener sus propias políticas de Estado y ordenar el gasto salarial»
Sergio Omar Ramos, intendente de Rosario de Lerma.

En una amplia entrevista en Radio Salta, el intendente de Rosario de Lerma advirtió sobre la caída de recursos, planteó límites al gasto en sueldos y sostuvo que hoy la principal demanda social es la comida. También opinó sobre la reforma electoral y su vínculo con el Gobierno provincial.

¿Cómo están atravesando la situación económica en el municipio?

La estamos llevando en un contexto realmente complejo. Para que se entienda con claridad: en una quincena tuvimos 70 millones de pesos menos de coparticipación. Eso, para un municipio, es un golpe muy fuerte y es sinónimo de crisis. Pero no es solo un número, se refleja en la calle. Uno recorre y ve menos movimiento, menos consumo, comercios prácticamente vacíos en horarios donde antes había actividad. Es una economía que se está frenando y eso termina impactando directamente en la gestión diaria.

En ese escenario, ¿cuál es el rol del municipio?

En estos momentos es donde más hay que tener claro para qué está el municipio. Nosotros entendemos que el rol central es generar desarrollo local, es decir, activar todos los motores que tenemos a mano: vecinos, emprendedores, comercio, instituciones. Pero al mismo tiempo hay que ser muy responsables con la administración. No se puede gastar sin control, no se puede seguir con estructuras que no se ajustan a la realidad económica. Hay que ordenar y priorizar.

¿Y cómo se traslada eso a nivel municipal?

Así como la provincia, a lo largo de distintos gobiernos, logró sostener políticas de Estado en turismo o en minería, los municipios también tenemos que dar ese paso. Definir un rumbo claro, consensuado, que se mantenga en el tiempo más allá de quién gobierne. Si no, cada gestión empieza de cero y se pierden años.

«Cuando asumimos, el 80% de los ingresos del municipio se destinaban a sueldos. Era insostenible. Hoy bajamos al 56%, pero sabemos que no puede superar el 60%».

¿En términos concretos?

Se traduce en reglas claras. Por ejemplo, el gasto salarial. Cuando asumimos, el 80% de los ingresos del municipio se destinaban a sueldos. Era insostenible. Hoy lo bajamos al 56%, pero sabemos que no puede superar el 60%. Eso lo dejamos establecido. Esa es una política de Estado concreta: poner un límite que ordene el funcionamiento del municipio y que obligue a cualquier gestión a manejarse con responsabilidad.

Con menos recursos, ¿dónde se ajusta?

El ajuste tiene que ir por la eficiencia. Nosotros estamos revisando todos los gastos fijos: consumo de combustible, logística, compras. Hay que administrar como lo hace cualquier familia en crisis: cuidar cada peso, buscar mejores precios, reorganizarse. Pero siempre tratando de no afectar servicios esenciales.

Pero crece la demanda social… ¿Qué es lo que más le pide la gente?

Ahí está la mayor tensión. Porque mientras bajan los recursos, suben las necesidades. Hoy lo que más pide la gente es comida. Eso es lo primero que aparece. Es triste. Pero detrás de eso hay un cuadro más profundo: hay hambre, pero también hay desesperanza, angustia. Y eso exige una respuesta inmediata del Estado, aunque muchas veces no tengamos todas herramientas.

¿Cómo responde el municipio a esa situación?

Estamos sosteniendo comedores, asistencia directa y acompañamiento permanente. Además, absorbemos demandas que no son estrictamente municipales, como cuestiones de salud. Pero la realidad es que el vecino no distingue jurisdicciones: golpea la puerta del intendente. Y uno no puede desentenderse. Por eso tratamos de estar presentes, incluso en situaciones sensibles que implican recursos importantes.

También mencionó la necesidad de generar empleo local…

Sí, porque la asistencia por sí sola no alcanza. Nosotros venimos trabajando en microemprendimientos, con financiamiento que tuvo un alto nivel de recupero, y también en la radicación de pequeñas empresas. Además, estamos articulando con el sector minero para capacitar a nuestra gente. La idea es clara: vincular la formación con la demanda laboral real, para que haya oportunidades concretas.

¿Llega a tiempo esa respuesta frente al crecimiento del sector minero?

Seguramente vamos más atrás de lo que deberíamos. Esa es una autocrítica válida. Pero también es cierto que encontramos un municipio muy desordenado, con gran parte de los recursos comprometidos en sueldos. Entonces hubo que ordenar primero para después proyectar. Hoy estamos en ese camino: corrigiendo lo estructural y, al mismo tiempo, pensando en el futuro.

¿Qué mirada tiene sobre la reforma electoral en la provincia?

Yo creo que las reglas de juego son importantes, pero no son lo central. Lo central es la gestión. Si uno gobierna bien, si da respuestas, la gente acompaña. A mí me preocupa mucho más que discutamos cómo salir de esta crisis que las cuestiones electorales en sí mismas.

¿Y sobre la reelección?

La política se valida todos los días. Yo digo que tengo elecciones todos los domingos, porque la gente evalúa permanentemente. Después, las definiciones electorales dependerán de los resultados.

¿Cómo es su relación con el Gobierno provincial?

Es una relación de trabajo. Con algunas áreas tenemos mejor articulación que con otras, pero con el ministro de Salud y con el jefe de Gabinete tenemos un vínculo muy bueno. Y eso es fundamental, porque hay temas, como la salud, donde el municipio solo no puede dar respuesta y necesita del acompañamiento.

¿Qué diagnóstico hace del clima social hoy?

Es delicado. Hay sectores con mucha dificultad para cubrir lo básico y eso genera preocupación y desánimo. Por eso la política tiene que ser clara, decir la verdad, no generar falsas expectativas y, sobre todo, estar cerca de la gente. La cercanía es clave.

En ese contexto, ¿cuál es el principal desafío?

El desafío es doble: sostener la respuesta inmediata a la urgencia social y, al mismo tiempo, construir un rumbo a largo plazo. Ordenar el municipio, establecer políticas de Estado y generar oportunidades. Porque si no hay un horizonte claro, es muy difícil recuperar la esperanza

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