El último reporte trimestral de Cerrado Gold vuelve a mostrar una operación en crecimiento en Minera Don Nicolás. Producción en alza, avances en el desarrollo subterráneo, exploración en expansión y una guía anual que se mantiene firme son los ejes de un documento claramente orientado al mercado y a sus accionistas.
Sin embargo, hay un dato que no aparece en ningún párrafo del informe: el contexto local en el que esa producción se desarrolla.
Ni una sola mención a proveedores, empleo regional, compre local o vínculo con el entramado productivo de Santa Cruz. El crecimiento está detallado, medido y proyectado. El impacto territorial, directamente ausente.
Durante el primer trimestre de 2026, la compañía reportó una producción de 12.842 onzas equivalentes de oro, superando los niveles del año anterior. El desempeño se apoya en la combinación de lixiviación en pilas y planta CIL, junto con un fuerte avance en el desarrollo subterráneo que permitirá acceder a mineral de mayor ley en los próximos meses.
A esto se suma un dato clave: la mejora en los precios realizados tras el cierre de coberturas, lo que fortalece aún más la ecuación económica del proyecto.
Desde la lógica corporativa, el mensaje es claro: eficiencia, crecimiento y proyección.

Pero fuera del reporte, la lectura es distinta.
Desde CAPROMISA vienen planteando desde hace meses una preocupación creciente: el bajo nivel de participación de empresas locales en la operación.
El cuestionamiento apunta directamente al compre local, donde sostienen que Minera Don Nicolás presenta uno de los niveles más bajos de la provincia, con escasa apertura hacia proveedores santacruceños.
A esto se suman reclamos por demoras en los pagos, con plazos que, según indican, pueden extenderse entre 60 y 120 días, generando un fuerte impacto financiero en pymes que dependen de la actividad minera.
La tensión no es menor, porque expone una contradicción estructural: mientras la operación muestra indicadores positivos hacia afuera, el derrame económico hacia adentro aparece limitado.
El desarrollo subterráneo, la exploración con múltiples equipos de perforación y la extensión de vida útil del yacimiento configuran un escenario de continuidad para la mina. Pero eso no necesariamente se traduce en mayor dinamismo para la economía local.
En términos concretos, lo que está en discusión no es la producción —que crece— sino la distribución de ese crecimiento
La minería en Santa Cruz ha construido históricamente su legitimidad en base a dos pilares: generación de empleo y fortalecimiento del tejido proveedor. Cuando uno de esos factores pierde peso, la discusión deja de ser técnica y pasa a ser estructural.
El caso de Minera Don Nicolás empieza a reflejar esa dualidad con claridad:
una operación que se consolida desde lo operativo, pero que enfrenta cuestionamientos crecientes desde su entorno.
El desafío hacia adelante no pasa solo por sostener la producción o mejorar leyes, sino por reconfigurar el vínculo con el territorio en el que esa producción ocurre.
Porque en minería, cada vez más, no alcanza con crecer. También es necesario mostrar cómo —y con quiénes— se crece.