La costanera de Rosario: negocios que seducen a inversores y expone viejas deudas urbanas

La costanera de Rosario: negocios que seducen a inversores y expone viejas deudas urbanas

El intendente Pablo Javkin presentó el viernes la licitación de la Guardería Centro.

 

Mientras el río vuelve a cotizar como activo premium, Rosario enfrenta tensiones entre concesiones, clubes y obras demoradas. En paralelo, empresas santafesinas hacen pie en Brasil, donde la competitividad se redefine entre costos, innovación y oportunidades millonarias

Hay momentos en que una ciudad deja de discutir expedientes y empieza a discutir poder. Eso es lo que pasa hoy en Rosario con el río. Y también con la política, que encontró en esta agenda un punto de largada para los posicionamientos de cara a las elecciones 2027. Porque cuando la costa vuelve a valer, cuando el Paraná deja de ser apenas paisaje y recupera precio, atractivo y proyección, ya no se debate solo sobre concesiones, habilitaciones o permisos: se discute quién se queda con los mejores metros, bajo qué reglas y con qué nivel de flexibilidad estatal.

Rosario está otra vez en ese punto. El frente costero se transformó en una vidriera donde conviven negocios, demoras, conflictos viejos y una certeza nueva: el río desde hace un par de décadas volvió a ser un activo premium no sólo para que atraquen los barcos. Y cuando eso pasa, todo se recalienta. Los clubes, las guarderías, los bares, los proyectos frenados, los permisos urbanísticos y hasta las concesiones portuarias entran en una misma lógica. La del espacio que se valoriza y, con él, la disputa por administrarlo, explotarlo o transformarlo.

Por eso no sorprende que uno de los focos más sensibles hoy esté puesto sobre los clubes de la costa, en una discusión que volvió a escalar en el Concejo Municipal. El mapa ahí está lejos de ser uniforme. No todos están en la misma situación, no todos cargan el mismo nivel de irregularidad y no todos tienen el mismo margen para ordenarse. Lo que existe es un mosaico de casos donde se mezclan historia dominial, tolerancia política, precariedad técnica y necesidad de actualización.

En ese punto, la corrección importa porque también ordena el debate. Y el caso de Rosario Rowing Club sirve justamente para mostrar que no todo entra en la misma bolsa. Hay instituciones con trayectorias, configuraciones físicas y antecedentes administrativos muy distintos. El problema, en muchos de estos expedientes, no pasa tanto por el camino de Sirga como por algo bastante más engorroso: la conformación del suelo, la compatibilidad de títulos, las modificaciones que tuvo esa franja con el correr del tiempo y las edificaciones que quedaron a mitad de camino entre una ciudad que avanzó y una normativa que llegó después. A eso se suman exigencias de seguridad, higiene e infraestructura que vuelven más difícil renovar que habilitar.

Dicho de otro modo: durante años muchas cosas se dejaron convivir. Ahora que el río vale más, cada desprolijidad pesa el doble.

Y no se trata solo de clubes. También el frente urbanístico empezó a mostrar hasta dónde llega el apetito sobre esa franja. El proyecto para la construcción de un edificio en Belgrano 854 no abrió una simple discusión técnica: abrió una pelea por los límites. El Colegio de Arquitectos salió a plantarse en contra, reunió unas 150 firmas entre profesionales y vecinos y volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: si hay una normativa específica para proteger el entorno del Monumento a la Bandera y limitar alturas, ¿hasta dónde está dispuesto el Estado a sostenerla cuando aparece un proyecto con más presión y más interés? El dato que le agrega voltaje al caso es conocido en el sector: al propio Colegio le aplicaron esa norma en su edificio lindero. Por eso la discusión excede a una obra. Lo que se está discutiendo es si la regla sigue siendo regla cuando el negocio se pone tentador.

El espigón Maciel: se llegó a un acuerdo

Otro caso que ilustra bien la lógica del río rosarino es el del espigón Maciel. Después de años de idas y vueltas, de deterioro a la vista y de una parsimonia llamativa, finalmente se alcanzó un acuerdo para reconstruirlo. Nadie lo dice en voz alta, pero tampoco todos querían que ese proceso avanzara demasiado rápido. Ahora, con el entendimiento sellado, la obra se encamina con intervención pública y participación logística de los clubes, en un esquema que busca primero estabilizar la estructura y frenar nuevos daños antes de pensar en una recuperación más integral.

No es una obra menor ni puramente estética. El espigón cumple una función concreta de resguardo y ordenamiento en esa franja del río. El dato político es otro: en Rosario, hasta para reparar lo evidente, primero hay que destrabar intereses cruzados.

Concesiones: negocios, city marketing y metros caros

En la Costanera Central, la Municipalidad quiere dejar de patear uno de esos espacios que hace años circula entre rumores, posibilidades y promesas de reactivación: el ex gimnasio que pertenecía a la concesión de Ritagliatti González y luego pasó a manos de la familia Marshall. Después de demasiadas versiones sobre qué podía ir ahí, la señal oficial parece más concreta: avanzar definitivamente con un proyecto, preferentemente gastronómico, que le devuelva movimiento a un punto estratégico hoy encapsulado entre el potencial y la postergación.

Donde la temperatura sube de verdad es en la Guardería Centro. Ahí ya no se trata solo de una licitación: se trata de una pieza urbana con valor simbólico, económico y político. Por eso empieza a tomar forma un grupo empresario que no quiere mirar desde afuera. Gabriel Guglielmino, titular de Qala, de Prendo CEO de Banco del SolFederico Van Tuynepresidente de la Cámara Náutica de la Región Rosario y de la guardería Los Marinos; e Ignacio ImazCEO y titular de Crucijuegos, avanzan con la idea de ir juntos, posiblemente con otros inversores. Y no son los únicos. En la presentación que encabezaron el intendente Pablo Javkin y el secretario de Gobierno, Sebastián Chale, también se movieron otros interesados, entre ellos Franco Gagliardo, de Obring, en una escena que dejó claro que nadie subestima lo que está en juego en ese punto de la costa.

Ahí es donde el textual de Guglielmino cobra valor político además de empresario. Porque no habló solo de una inversión. Habló de ciudad. “Creo que, además de todo, por la ubicación y lo que representa, es un proyecto emblemático para la ciudad. A mí, incluso, me atrae más que otros porque lo que se juegue ahí en la transformación de ese espacio puede ser muy importante”, le dijo a Ecos365.

Traducido: no se está discutiendo solo una guardería náutica, sino una intervención sobre una zona emblemática cuya transformación puede reordenar un tramo entero del frente ribereño. La inversión estimada ronda los 3,4 millones de dólares, y ahí aparece la tensión clásica: todos quieren estar, pero no todos están igual de convencidos con un plazo de concesión de 15 años para recuperar semejante desembolso.

Más atrás, otras concesiones avanzan con menos brillo y más lentitud. En el Munich, lo que muestra movimiento es el gimnasio; la parte gastronómica sigue más retrasada. En Quillagua pasa algo parecido: el proyecto sigue, pero el cambio de contexto económico lo volvió más lento, más cauto y menos lineal. Pero la promesa de los concesionarios que en 2026 estarán con las puertas abiertas.

El puerto: la discusión que importa en serio

En el plano más productivo, hay una definición que vale bastante más que cualquier rooftop o paseo gastronómico: la extensión del contrato de Terminal Puerto Rosario (TPR). Ahí se juega una pieza estructural para la logística y la economía regional. Por ahora, el proceso aparece mejor encaminado y con perspectivas más favorables para el sector, en un escenario que además se modificó con el cambio de manos en Vicentin y la reconfiguración del esquema societario, encabezado ahora por Mariano Grassi.

Es, probablemente, la discusión más importante de todas las vinculadas al río. Porque mientras la política y los privados se pelean por los bordes más visibles, el verdadero negocio de escala sigue pasando por la operatoria portuaria.

Expo Apras 2026: mientras Rosario discute el borde, las empresas salen a vender

Mientras Rosario debate quién ordena y explota su costa, parte del empresariado santafesino va a buscar mercados ante un consumo interno deprimiod. La participación en Expo Apras 2026, en Curitiba, dejó una señal concreta de eso. En un contexto donde Argentina sigue cargando costos altos, presión impositiva y problemas logísticos, las pymes que cruzaron a Brasil -coordinados por el presidente de Came, Ricardo Diab-, lograron encontrar una ventana de oportunidad en un mercado que, aun con dificultades, sigue siendo el más seductor para el comercio exterior regional.

No es casual. Brasil tiene escala, cercanía y una demanda que todavía puede absorber oferta argentina cuando hay calidad, adaptación y trabajo comercial. En esa feria, donde se negociaron más de 200 millones de dólares en alimentos, maquinaria, tecnología y servicios, varias empresas santafesinas mostraron que todavía hay músculo para competir. Algunas, como La CumbreKretz Inalpa, llegaron con experiencia y agenda. Otras, como El RosquinenseLas ColoniasRinaudoVagnoni Sentinel IA, aprovecharon la vidriera para reforzar contactos, medir recepción y abrir puertas.

La foto es interesante porque muestra dos cosas a la vez. Primero, que el sur de Brasil sigue siendo una oportunidad concreta para productos argentinos, desde alfajores y dulce de leche hasta conservas, maquinaria y software. Segundo, que la competitividad ya no se juega solo por precio. Se juega por innovación, por formato, por logística y por capacidad de leer al consumidor brasileño, que cambió hábitos y obliga a ajustar estrategias.

La macro: menos relato monetario, más tasa

Todo esto ocurre, además, en una semana donde empieza a consolidarse una señal económica de fondo. El Gobierno, a través del Banco Central, deja ver un corrimiento cada vez más claro desde un esquema centrado en agregados monetarios hacia otro más apoyado en la administración de la tasa de interés. La rebaja de encajes y la reconstrucción de hecho de un corredor de tasas entre 20% y 25% apuntan en esa dirección. Así lo resalta en su informe semanal la consultora EcoAnalytics + Symfonia.

Todavía es pronto para hablar de un cambio formal de régimen, pero ya no parece un movimiento transitorio. Y eso importa porque modifica el marco sobre el que van a decidir los empresarios que están mirando concesiones, inversiones, exportaciones o ampliaciones operativas

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