Sierra Grande defendió a sus pymes para el Compre Local contra empresas que ganan licitaciones y no cumplen

La Cámara puso el foco en el golpe que sufren las pymes que se prepararon para el proyecto energético y ahora quedan expuestas por una cadena de pagos rota.

VMOS Sierra Grande inauguración

La discusión por la empresa cuestionada en Sierra Grande no se limita a una deuda comercial ni a una disputa entre privados. Detrás de ese conflicto, la Cámara local viene planteando algo más profundo: el riesgo de que una cadena de pagos rota termine golpeando a las pymes que se armaron desde cero para responder a un proyecto de escala inédita. En ese punto, la advertencia de Fernando Errecalde en #LA17, no pasa sólo por quién entra o no a una compulsa de precios, sino por el daño que una situación así le provoca al corazón mismo del Compre Local.

Errecalde explicó que el esfuerzo hecho por las pequeñas y medianas empresas de la zona no fue menor ni improvisado. Según planteó, estar dentro de este proceso exige condiciones muy rigurosas en materia de calidad, precio y cumplimiento, algo que obliga a trabajar con una precisión mucho mayor que la habitual para firmas chicas que no tienen espaldas diversificadas. En ese sentido, resumió una de las claves del problema con una frase muy concreta: “Estar dentro de este proyecto significa tener calidad y tener precio”.

A partir de ahí, el dirigente empresario trazó una diferencia clara entre las pymes de la región y otras compañías más grandes que pueden absorber mejor un incumplimiento. Dijo que muchas de las firmas que hoy operan en Sierra Grande nacieron o se fortalecieron con este mismo proyecto y dependen de ese movimiento para sostenerse. Por eso remarcó: “Las que se desarrollan en Sierra Grande comenzaron con este proyecto y dependen de este proyecto”, una definición que ayuda a entender por qué una deuda puntual puede transformarse en un problema estructural para la economía local.

Esa dependencia no aparece en su discurso como una debilidad empresaria sino como el resultado de una apuesta local muy fuerte para no quedar afuera del desarrollo. La Cámara, recordó Errecalde, se organizó incluso antes de que arrancaran las grandes obras, con la idea de preparar a proveedores, comercios y prestadores para una etapa distinta. El objetivo, según contó, fue claro desde el principio: “Todos tenemos que estar a la altura de las circunstancias”.

En esa preparación hubo un trabajo silencioso que no siempre se ve desde afuera pero que explica el nivel de sensibilidad con el que hoy reaccionan las pymes. Errecalde sostuvo que adaptarse a este tipo de demandas implicó vínculos directos con fábricas, mayor exigencia operativa y una cadena de pago sin margen para errores. Lo describió de manera muy concreta cuando señaló que “la cadena de pago tiene que ser impecable”, porque cualquier quiebre repercute de inmediato sobre negocios que todavía están consolidando su lugar en el circuito productivo regional.

El reclamo de la Cámara, entonces, no apunta solamente a cobrar una deuda pendiente sino a evitar que se debilite el primer anillo del desarrollo local. Errecalde insistió con que Sierra Grande y San Antonio Oeste cargan con el mayor esfuerzo inicial para estar a la altura de obras de gran magnitud, y que una experiencia de este tipo no debería repetirse. Por eso sostuvo que hay que mirar con especial cuidado a “las empresas regionales que son empresas que van a seguir creciendo”, porque allí está una parte central del impacto económico que se prometió para la zona.

Ese razonamiento también explica por qué la Cámara amplía la mirada más allá del conflicto puntual con una sola firma. Errecalde habló del corredor atlántico, de la necesidad de complementar servicios y de un esquema donde las localidades cercanas trabajen de manera coordinada para no competir entre sí en términos destructivos. “Hay que trabajar complementando los servicios. Esto es fundamental”, afirmó, en una frase que muestra cómo el sector empresario quiere discutir no sólo el incumplimiento actual, sino el tipo de desarrollo que debería quedar instalado cuando las obras estén en marcha a pleno.

También hubo en la entrevista una defensa muy marcada del papel que viene jugando el empresariado local en esta etapa. Errecalde señaló que la Cámara mantiene un trabajo coordinado con la Provincia de Río Negro, con la intendenta Roxana Fernández y con otros actores del entramado regional, y valoró que en ese proceso se les haya dado un lugar en la conversación pública. Desde esa experiencia, dijo que sienten que a la sociedad de Sierra Grande y a la provincia les toca un “papel fundamental en este desarrollo”, una idea que corre el eje del debate desde la simple protesta hacia una discusión sobre representación y protagonismo.

En el fondo, la nota secundaria sobre este tema deja una pregunta más grande que la licitación en discusión: qué pasa cuando un proyecto pensado para motorizar una economía regional empieza a poner en riesgo a quienes hicieron el mayor esfuerzo para estar adentro. La respuesta de Errecalde fue insistente a lo largo de la charla y se puede resumir en otra frase fuerte: “La mano de obra quede en Sierra Grande y las compras queden en Sierra Grande”. Allí está, probablemente, el centro real del reclamo: que el desarrollo prometido no se convierta en una vidriera atractiva hacia afuera mientras las empresas locales quedan expuestas cada vez que alguien rompe las reglas del juego

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