Escobar diseñó el primer marco normativo municipal de Argentina para impulsar un uso ético y responsable de la inteligencia artificial. La estrategia combina programas de innovación, un sandbox de experimentación, un laboratorio público, un registro de algoritmos y proyectos piloto que abarcan atención ciudadana, salud, seguridad, transparencia y trazabilidad. Flora, su asistente estrella, es una de las iniciativas más visibles en un ecosistema que busca transformar la relación entre el Estado y la comunidad.
En el municipio bonaerense de Escobar, en Argentina, como en muchas localidades del país, hay una escena que se repite día a día: una persona abre WhatsApp para consultar un turno de salud, seguir un trámite o pedir información sobre su impuesto municipal. Lo que antes implicaba viajes, esperas o varios llamados hoy se resuelve en un intercambio cotidiano con Flora, una asistente municipal basada en Inteligencia Artificial Generativa, que desde hace más de dos años es parte de la rutina local.
Ese puente entre el gobierno local y la ciudadanía empezó a tenderse a partir de 2023, cuando el municipio comenzó a explorar nuevas formas de simplificar gestiones y reducir tiempos de atención de maneras más dinámicas, ágiles, sencillas y eficientes.
La búsqueda no era únicamente tecnológica, sino también cultural. “Queríamos que la experiencia con el Estado fuera tan accesible como enviar un WhatsApp”, dice a +COMUNIDAD Ana Carina Rodríguez, subsecretaria de Innovación Pública de la Municipalidad de Escobar.
Esa experiencia cotidiana con Flora no es un hecho aislado, sino parte de una política más amplia. En paralelo al desarrollo de la asistente, Escobar avanzó en la construcción de una estrategia integral de inteligencia artificial que busca ordenar, regular y escalar todas las iniciativas tecnológicas del municipio. En 2025 creó el Programa Municipal de Innovación con IA y se convirtió en la primera ciudad argentina con un marco normativo específico para el uso ético y responsable de estas herramientas.
El programa incluye un laboratorio de innovación pública, un sandbox para pruebas controladas, un registro de algoritmos y un comité de ética y gobernanza, además de convocatorias para proyectos piloto. Flora es uno de los casos más visibles dentro de un ecosistema que apunta a modernizar la gestión sin perder transparencia ni supervisión humana