La transición energética y la revolución tecnológica pusieron en el centro de la escena un grupo de 17 metales conocidos como tierras raras.
Están presentes en los celulares, televisores y parlantes que usamos todos los días, pero también en autos eléctricos, turbinas eólicas, resonancias magnéticas y equipos de defensa. Sin ellos, buena parte de la economía del siglo XXI quedaría paralizada. En este escenario, Salta emerge como una de las provincias argentinas con mayor potencial para convertirse en un actor clave de este mercado en expansión.
La Puna en el radar global
La Puna salteña ya figura en los mapas internacionales de los minerales estratégicos gracias a sus reservas de litio —con tres yacimientos en producción— y a la enorme mina cuprífera de Taca Taca. Ahora, el protagonismo podría multiplicarse con las tierras raras, cuya demanda crece de forma exponencial. La importancia de estos recursos va más allá de lo económico: forman parte de la disputa tecnológica y comercial entre EEUU y China, y eso convierte a la región en un tablero donde se juegan intereses globales.
Corazón de los depósitos argentinos
De acuerdo con un informe del geólogo Eduardo Zappettini (Servicio Geológico Minero Argentino, 2022), de los 19 depósitos identificados en el país, 9 están en Salta. Se trata de áreas como Rangel, La Barba, El Ucu, Platería Sur y Norte, La Aurelia, Curaca, Estrella de Oriente y Churqui Pampa.
Los recursos estimados superan las 34.000 toneladas de elementos de tierras raras, dentro de un total nacional de 190.000. El distrito más relevante es Rangel, donde se calculan 35.000 toneladas de ETR con itrio y otras 25.000 toneladas de torio, además de circonio, niobio, uranio e incluso oro.
¿Qué son y por qué importan tanto?
Las tierras raras son 17 metales: los 15 lantánidos más el escandio y el itrio. Se dividen en livianos, pesados e intermedios. Entre los más buscados están el neodimio y el praseodimio, vitales para los imanes de autos eléctricos, y el disprosio, el terbio y el itrio, cada vez más escasos y estratégicos.
Aunque abundantes en la corteza terrestre, rara vez aparecen en concentraciones explotables. Solo ciertas formaciones, como las carbonatitas o las rocas alcalinas, permiten su extracción industrial. Y aquí la geología de Salta juega a favor: sus formaciones ricas en carbonatos han sido estudiadas por expertos desde los años 70.
Historia de interés científico
El interés por las tierras raras en la región no es reciente. En la década de 1970, el geólogo Eduardo Briatura señaló la posible presencia de europio en los Valles Calchaquíes. Luego, la Comisión Nacional de Energía Atómica buscó torio y otros elementos asociados en el norte del país.
En los años 80, incluso, la cooperación japonesa a través de la JICA envió al especialista Hasime Takahashi para realizar un plan de prospección en Salta. Desde entonces, distintos equipos de geólogos argentinos han documentado la presencia de depósitos de importancia, consolidando el interés sobre la región.
Producción limitada, potencial enorme
Hasta ahora, la Argentina casi no ha producido tierras raras. El único antecedente industrial fue la mina Teodesia, en San Juan, que en los años 50 extrajo apenas una tonelada de monacita. Hoy existen concesiones en Salta y Jujuy, pero ningún proyecto llegó todavía a la etapa de explotación.
El camino hacia la producción enfrenta desafíos técnicos y ambientales: varios depósitos locales están asociados a radioelementos como torio y uranio, lo que exige rigurosos estudios de impacto antes de avanzar en una minería a gran escala.
Un mercado en pleno auge mundial
Las cifras hablan por sí solas: el consumo de tierras raras creció 4.500% entre 1960 y 2024. La Agencia Internacional de Energía proyecta que la demanda podría multiplicarse entre tres y siete veces hacia 2040, impulsada por la expansión de los autos eléctricos y las energías renovables.
El mercado global, valuado en u$s 2.000 millones en 2020, podría superar los 12.000 millones en 2030, con un crecimiento anual cercano al 16%.
China, difícil de reemplazar
Aunque países como Brasil, Vietnam, Rusia e India poseen reservas significativas, es China quien domina por completo la cadena de valor. No solo concentra el 37% de las reservas mundiales, sino que controla el 60% de la extracción y más del 80% del procesamiento. Su mina Baiyun Obo, en Mongolia Interior, aporta casi la mitad de la producción global.
Esta concentración genera dependencia en el resto del mundo y explica por qué Estados Unidos y la Unión Europea buscan diversificar sus proveedores. En este escenario, la Argentina aparece como un socio atractivo.
Oportunidad y desafío para la Argentina
Con sus recursos geológicos, su ubicación estratégica y la creciente presión internacional por reducir la dependencia de China, Argentina tiene la posibilidad de posicionarse como un proveedor clave de tierras raras. Salta, en particular, concentra buena parte de esta ventaja.
Pero la oportunidad viene acompañada de responsabilidades: se necesitan inversiones de largo plazo, transferencia de tecnología, un marco regulatorio confiable y, sobre todo, garantías ambientales y sociales. La explotación de tierras raras debe equilibrar desarrollo económico con sustentabilidad y respeto a las comunidades locales.
El futuro en disputa
El mundo demanda cada vez más tierras raras para sostener la transición energética y la innovación tecnológica. En ese contexto, Salta podría transformarse en un polo minero de relevancia global. El desafío será convertir ese potencial geológico en desarrollo sostenible, capaz de beneficiar a la provincia y al país sin repetir errores del pasado.
En definitiva, las tierras raras son más que un recurso mineral: representan una puerta de entrada al futuro. La pregunta es si la Argentina, y en particular Salta, estará preparada para abrirla