
El Gobierno autorizó la última parte del proceso de salida de explotación de áreas maduras por parte de la empresa de bandera, que se enfocará en la explotación no convencional.
En los considerandos de la norma sostuvieron que se analizó la presentación desde el aspecto legal, técnico y económico-financiero de la UTE que se presentó para obtener la concesión; y expresaron que «poseen capacidad legal y acreditada capacidad técnica». También sostuvieron que «acreditaron la capacidad económico-financiera, han garantizado recíprocamente la responsabilidad solidaria e ilimitada respecto al cumplimiento de todas y cada una de las obligaciones asumidas mediante la suscripción bajo DDJJ de carta compromiso».
Para el Gobierno, el Clúster Sur «representa un bloque estratégico» para el desarrollo energético provincial. La producción de las seis áreas cedidas es la siguiente:
- Cañadón Amarillo: 155m3/d
- Altiplanicie del Payún: 25m3/d
- El Portón: 2m/d
- Chihuido de la Salina: 50m3/d
- Chihuido de la Salina Sur: 35m3/d
- Confluencia Sur: 130 m³/d (no operada)
Esta transferencia «permitirá que operadores especializados maximicen el potencial de estos activos, asegurando inversiones estratégicas que impulsen la producción y fomenten la exploración en regiones clave», expresaron.
Respecto a las concesiones, YPF había obtenido la posibilidad de operar las áreas del clúster sur por varios años. Por ejemplo, tiene la concesión de Chihuido de la Salina Sur hasta abril del 2032; Altiplanicie del Payún hasta agosto del 2026; Cañadón Amarillo hasta enero del 2026; El Portón hasta noviembre del 2027; y su porcentaje de Confluencia Sur hasta diciembre del 2033.
En términos ambientales, se dejó en claro además «en cuanto a saneamiento de pasivos ambientales, y abandono de pozos, sea que estén en producción, en estudio o inactivos, resulta conveniente y un deber legal, mantener en la concesionaria que generó los pasivos ambientales (visibles u ocultos al momento de la cesión) y quien lo ha perforado o explotado – la cedente- la responsabilidad solidaria de cedente y cesionaria, respecto a su deber de saneamiento de pasivos y abandono de pozos; máxime siendo yacimientos maduros, explotados hace años».
«La Provincia reserva la responsabilidad solidaria de la cedente, respecto de la obligación de abandono definitivo de pozos perforados o explotados por la cedente, y de saneamiento de pasivos ambientales (visibles u ocultos) generados por la actividad desarrollada por la cedente, con anterioridad a la cesión, la que tiene su fundamento en principios insoslayables de protección ambiental, y en cuanto la cesión del área y oportunamente, la reversión al Estado, no significará nunca renunciamiento a su facultad de exigir el abandono a quien lo ha perforado y/o explotado económicamente», advirtieron.
Fin del «Plan Andes»
Esta cesión marca la culminación del proceso de reestructuración de YPF en las áreas de Mendoza denominado Plan Andes, tras de la autorización de cesión de los clústers Norte y Llancanelo. Con ello se consolida un esquema que permite a operadores especializados impulsar la producción, revitalizar áreas maduras y fortalecer la actividad hidrocarburífera en la provincia.
“Con ésta ultima autorización de transferencia culmina un proceso de mucho trabajo del equipo técnico del Ministerio de Energía. No se trataba sólo de un cambio de jugadores, sino de definir y exigir qué modelo productivo queremos para la explotación de los recursos de los mendocinos”, señaló Latorre.
En el Gobierno hicieron referencia a las cesiones en el Clúster Norte a Petróleos Sudamericanos S.A. y de Llancanelo a PCR, que «evidencian esta tendencia en la industria, donde compañías más pequeñas y especializadas están asumiendo la operación de áreas convencionales».
Agregaron que este modelo «permite atraer nuevas inversiones, dinamizar el sector hidrocarburífero, asegurar el desarrollo sostenible de la industria en Mendoza y fortalecer el crecimiento de la producción», que logró un incremento superior al 1% en 2024 respecto a 2023, alcanzando un total aproximado de 20.6 millones de barriles anuales a pesar del declive natural de los yacimientos maduros.