¿Un freno a la soja?: elaboran un mapa de las áreas prioritarias a conservar en la Cuenca Matanza Riachuelo

Un trabajo de la Fauba señaló que en esa zona, donde viven casi 5 millones de personas, es de las más «transformadas y contaminadas del país». Se trata de un informe elaborado en conjunto con la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo

Por Infocampo

En la Cuenca Matanza Riachuelo, los monocultivos y los barrios privados ganan terreno sobre los ecosistemas, situación que representa un impacto negativo sobre el bienestar de sus habitantes, según un informe de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA).

La parte alta de esa cuenca bonaerense es de marcado carácter rural y está compuesta por  los municipios de Las HerasMarcos Paz, CañuelasSan Vicente y Presidente Perón. Ante este escenario, el estudio de la FAUBA elaboró mapas que identifican las áreas prioritarias para la conservación.

Este relevamiento se llevó a cabo en función de la mirada de organizaciones científicas, territoriales y gubernamentales y afirmaron que se puede conservar hasta el 70% del área.

Según el trabajo,, esta cuenca es una de las áreas más transformadas y contaminadas del país. Esta zona es habitada por casi 5 millones de personas, que viven rodeadas por industrias y producciones agropecuarias.

“Desde hace décadas, los monocultivos y los countries avanzan sobre los pastizales de la zona y reducen los beneficios que estos ecosistemas aportan”, explicó Valentina Balsari, docente de la Fauba.

CONVENIO PARA DEFINIR PRIORIDADES

En el marco de un convenio entre la casa de estudios y la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar), comenzaron a identificarse qué áreas de la cuenca alta son prioritarias para conservar.

“Registramos la percepción de integrantes de Acumar y de organizaciones científicas y territoriales sobre criterios socioecológicos como el tipo de vegetación o la distancia a áreas protegidas, a centros poblados y a escuelas”, señaló Balsari.

Con esta información, empezaron a elaborar mapas que mostraban los valores de conservación que las organizaciones le asignaron a diferentes zonas y cuánto coincidieron entre ellas.

En promedio, al 70% del área se le asignó una prioridad de conservación de moderada a alta, con un grado de acuerdo elevado. Las superficies más valoradas se concentraron cerca a centros poblados y a escuelas rurales, y a distancia intermedia de áreas protegidas.

Balsari ponderó que los resultados pueden servir para direccionar los esfuerzos de conservación de este territorio tan amplio y complejo. “Cuando no existe el ordenamiento del territorio, diferentes actividades avanzan y la gente queda expuesta a fumigaciones o a efluentes industriales”, remarcó.

MAPAS

De los 983 km2 que se analizaron el trabajo, 688 km2 resultaron con una prioridad moderada a alta de conservación

Y agregó que usaron una metodología transparente y trazable, que permite ver los criterios y las valoraciones de las distintas organizaciones de la zona.

ACUERDOS, MÁS ALLÁ DE LAS DIFERENCIAS

Julián Monkes, docente del Área de Educación Agropecuaria y Ambiental de la Fauba, destacó la importancia y la complejidad de incorporar la mirada de quienes habitan el territorio. “Cada persona tiene su idea de conservación y es clave considerarla en las políticas públicas. Siempre hay acuerdos y resistencias entre los diferentes actores”, consideró.

En este sentido, reflexionó que los productores agropecuarios que no llegaron a incluir en el estudio quizás tengan una mirada distinta a la de la población urbana sobre qué es la conservación.

“Suele existir una tensión entre conservar y producir. En esta zona, la producción agropecuaria es una de las principales actividades”, agregó. 

Pero más allá de estos roces, al momento de realizar las entrevistas también se incluyó a producciones como la ganadería sobre pastizales o la agroecología

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