La producción argentina de litio registró en 2025 un crecimiento interanual del 62% y alcanzó las 120.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), de acuerdo con un informe de la Secretaría de Minería de la Nación.
Según el trabajo denominado Mercado de Litio: panorama internacional y perspectivas productivas para Argentina, de la Secretaría de Minería, este incremento posicionó al país entre los mercados de mayor expansión del sector y refuerza las expectativas de que Argentina pueda superar a Chile como tercer productor mundial hacia 2029.
Las proyecciones para 2035 plantean una producción argentina de 573.300 toneladas de LCE, con una capacidad instalada 3,6 veces superior a la registrada en 2025. Bajo un supuesto de US$ 20.000 por tonelada, las exportaciones podrían alcanzar unos US$ 11.400 millones anuales y llegar a US$ 13.110 millones en escenarios de precios más favorables.
El avance está vinculado con la entrada en operación y la consolidación de proyectos ubicados en Jujuy, Salta y Catamarca. La evolución de estas operaciones, sumada a los desarrollos que se encuentran en distintas etapas de construcción y ampliación, está modificando el peso de Argentina dentro del denominado Triángulo del Litio.
Siete proyectos sostienen el salto productivo
Entre las operaciones que explican el crecimiento aparecen Fénix, Salar de Olaroz y Cauchari-Olaroz, junto con proyectos de incorporación más reciente como Centenario-Ratones, Sal de Oro y Tres Quebradas. A este conjunto se sumó posteriormente Mariana, que inició su etapa comercial en 2026.
Las diferencias entre los proyectos también muestran la evolución de una industria que combina operaciones maduras con yacimientos que todavía se encuentran incrementando gradualmente su producción.
Fénix superó las 31.000 toneladas anuales y opera cerca de su capacidad instalada, mientras que Olaroz y Cauchari-Olaroz aportaron más de 34.000 toneladas cada uno y superaron el 80% de utilización de sus capacidades nominales.
Los nuevos emprendimientos atraviesan, en tanto, las etapas de puesta a punto conocidas como ramp-up, durante las cuales incrementan progresivamente sus niveles de producción. Esa dinámica puede sumar nuevos volúmenes al mercado argentino durante los próximos años.

La Argentina cuenta además con una importante base de recursos. Según el informe, concentra el 21% de los recursos identificados de litio a nivel mundial y el 12% de las reservas, equivalentes a unos 23 millones de toneladas de LCE distribuidas principalmente en los salares de la Puna.
La tecnología gana peso en los nuevos proyectos de litio
Uno de los cambios que atraviesa la actividad es la incorporación de tecnologías de Extracción Directa de Litio (DLE). Estos sistemas buscan reducir los tiempos del proceso productivo frente a los métodos tradicionales de evaporación y mejorar la recuperación del mineral.
La DLE forma parte de los proyectos que se encuentran en distintas etapas de desarrollo en el país. De los 15 emprendimientos considerados avanzados, aproximadamente la mitad contempla incorporar esta tecnología, en un contexto en el que las compañías buscan mejorar la eficiencia de los procesos y reducir requerimientos asociados al uso de superficie y agua.
El crecimiento de la producción también estará condicionado por el volumen de inversiones. La cartera de proyectos prevé un CAPEX acumulado de US$ 12.700 millones entre 2026 y 2030, con un máximo estimado para 2027, cuando los desembolsos superarían los US$ 4.000 millones.
La continuidad de esos proyectos dependerá, entre otros factores, de las condiciones regulatorias y de inversión. El sector cuenta con el marco establecido por la Ley de Inversiones Mineras y con los incentivos incorporados mediante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Exportaciones y una demanda mundial en expansión
El crecimiento productivo tuvo su correlato en el comercio exterior. Durante 2025, las exportaciones argentinas de litio superaron los US$ 914 millones, con un incremento del 42% en valor y del 57% en volumen. Se despacharon unas 113.000 toneladas y cerca del 90% correspondió a carbonato procesado en plantas instaladas en el país.
China concentró el 81,1% de las ventas externas argentinas, mientras que Asia representó más del 87% de los destinos. La concentración responde al peso que tiene la industria asiática en las etapas posteriores de la cadena, especialmente en la fabricación de materiales para baterías.
El mercado internacional también muestra señales de recomposición. La demanda mundial alcanzó 1,5 millones de toneladas de LCE en 2025, con un aumento del 26,8%, y las proyecciones apuntan a unos 3,5 millones de toneladas hacia 2035. La expansión de los vehículos eléctricos y de los sistemas de almacenamiento estacionario se encuentran entre los principales factores que explican esa tendencia.
En paralelo, el precio del carbonato de litio comenzó a recuperar terreno durante 2026 y alcanzó los US$ 22.250 por tonelada en mayo, según las estimaciones citadas en el informe. El escenario previsto para la próxima década contempla una reducción progresiva del excedente de oferta y una posible situación de déficit estructural hacia 2030-2033.
El desafío de ampliar la escala
Las proyecciones para 2035 plantean una producción argentina de 573.300 toneladas de LCE, con una capacidad instalada 3,6 veces superior a la registrada en 2025. Bajo un supuesto de US$ 20.000 por tonelada, las exportaciones podrían alcanzar unos US$ 11.400 millones anuales y llegar a US$ 13.110 millones en escenarios de precios más favorables.
Para alcanzar esos niveles, la expansión productiva deberá acompañarse con infraestructura logística e industrial en la Puna y con la concreción de los desembolsos previstos para los nuevos proyectos. El desarrollo de tecnologías de extracción y la estabilidad de las condiciones para las inversiones serán otros factores determinantes