Con el Gobierno en París, la senadora Bullrich fue la figura política del Coloquio. En charla con Martín Galdeano, presidente de Ford Sudamérica, pidió no cobrar más impuestos al trabajo y aplicar «zanahoria y látigo» a provincias y municipios. Llamó, además, a «vaciar» los supermercados de Pilar y de otros distritos que cobran tasas. Los empresarios la aplaudieron.
Javier Milei, buena parte del Gabinete y una comitiva de gobernadores aliados estaban en París para la Argentina Week. Así, la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado tuvo para ella sola la atención del círculo rojo. Y la aprovechó.
Durante cerca de 40 minutos de conversación con Martín Galdeano, presidente de Ford Sudamérica y director de IDEA, la exministra de Seguridad desplegó un menú de reformas que entusiasmó a los empresarios. La frase que más resonó llegó en el tramo previsional: «Para mí, no hay que cobrar más impuestos al trabajo». El aplauso fue inmediato. No fue el único: las palmas volvieron a sonar al menos en otras dos ocasiones.
Sin Milei en la sala

Bullrich sí dijo presente, en medio de sus diferencias públicas con la Casa Rosada y de las especulaciones sobre su futuro electoral. En las últimas semanas criticó el ajuste del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre el presupuesto de Discapacidad. También se opuso al juicio político que impulsaban sectores de La Libertad Avanza contra las juezas Marta Pascual y Laura De Marinis, que habían fallado contra la baja de la edad de imputabilidad del nuevo régimen penal juvenil. «¿Vale hacer un juicio político por una sentencia? Yo creo que no», dijo la semana pasada.
El iPad fue un guiño de modernidad para una exposición en la que habló de inteligencia artificial y del final del empleo para toda la vida.
Galdeano la recibió con un agradecimiento «muy especial» por tomarse «una vez más el tiempo de venir a vernos», y ella se mostró suelta y de buen humor. Bromeó con él sobre su vida en Brasil, adonde lo llevó su cargo regional en Ford, y le dedicó otra broma a la historia de su empresa: «No porque estés acá vos, pero me voy a ir del modelo fordista», le avisó antes de presentar su propuesta previsional. Minutos más tarde volvió sobre el empleo de tipo fordista y se corrigió con picardía: «Taylorista, para no comprometerte a vos y a tu empresa». Galdeano, entre sonrisas, contó que vive pendiente de la cuestión impositiva: «No soy especialista en impuestos, pero ese es un tema que me apasiona».
La consigna del Coloquio, que propone pasar «de promesa a potencia», le sirvió de punto de partida. «La política siempre es una promesa hasta que tiene que gobernar«, arrancó.
«Quizás habría que hacerlo al revés: te tenían que votar después de cuatro años», propuso, para que el voto se defina «por tus acciones y no por tus promesas». Su balance fue tajante: «Hasta ahora hemos sido muchas veces promesa y pocas veces potencia. Ahora tenemos que revertirlo».
Reglas que sobrevivan a los gobiernosGaldeano retomó el eje institucional que había dominado la mañana, con el fiscal Diego Luciani entre los oradores. Le preguntó qué puede hacer el Congreso para que las empresas no paguen un sobrecosto por la falta de reglas estables. La respuesta de Bullrich apuntó a la vida útil de las normas: «El Congreso tiene mucho para hacer en cuanto a dar previsibilidad y largo plazo, y a que las leyes que se votan no duren sólo un mandato».
Una ley que cae con el cambio de gobierno, explicó, pierde su «valor simbólico» y queda reducida a una herramienta de la presidencia de turno: «Pasa a ser un instrumento». La ley verdadera, en cambio, «es algo más profundo, que muchas veces atraviesa generaciones», como el Código Penal de principios del siglo XX, que logró «encarnarse en la sociedad».
Planteó tres condiciones: seguridad jurídica, una Justicia «razonable» y cooperación federal. Bullrich abogó por extender a toda la economía la estabilidad que hoy garantiza el régimen para grandes inversiones: «Ahora tenemos el RIGI, que dura 30 años. Esa estabilidad no solamente tiene que estar en el RIGI, tiene que estar para todos los actores económicos». Si solo la tienen quienes acceden a una rebaja impositiva, advirtió, el resto queda expuesto a cambios en las reglas de juego «de manera casi inmediata».
Lanzó una pregunta incómoda: «¿Por qué tiene más largo plazo la minería que una empresa familiar de plásticos en el Gran Buenos Aires?». Y ella misma la respondió: «Las reglas estables de largo plazo que hoy rigen para algunos proyectos deben llegar a todas las inversiones».
En el capítulo judicial cargó contra los fallos que alteran contratos privados: «Hay muchos casos de jueces que otorgan tratamientos médicos que ni siquiera están avalados por la ANMAT, ni siquiera están avalados por la FDA americana«.
Esas decisiones, advirtió Bullrich, impactan sobre lo que acuerdan prepagas, laboratorios y ciudadanos. También valoró que en los últimos años la corrupción se haya juzgado mientras los acusados todavía ocupaban cargos, y no dos décadas más tarde. Lo definió como «juzgar al poder en el poder«. Además, reclamó una mirada ausente del debate: «Nunca se habla del rol de la justicia en relación a las empresas«. Y agregó: «Las empresas necesitan que la justicia les dé la seguridad jurídica necesaria para poder armar un clima de negocios«.
«Eso es una aduana interna»Patricia Bullrich cuestionó las leyes de compre local de Neuquén y San Juan, que obligan a las petroleras y a las mineras que operan en esas provincias a priorizar a los proveedores locales. Con esas normas, advirtió, las empresas de otras regiones quedan afuera del negocio.
«Hoy se ponen aduanas internas en las zonas emergentes. Neuquén votó una ley de compre provincial. ¿Qué tienen que hacer las empresas metalmecánicas de Córdoba y Santa Fe? ¿Mudarse a Neuquén o a San Juan, que también puso una ley de compre dentro de la provincia?«. Y fue tajante: «Eso es una aduana interna. Eso está prohibido por la Constitución. No puede pasar, porque lo que vamos a tener es un crecimiento enorme en un lugar, alguna empresa que se va a mudar y el resto va a quedar totalmente afuera«.
Para Bullrich, esas leyes también chocan con el esfuerzo fiscal de la Nación: «Si la Nación da un beneficio impositivo, baja impuestos y otorga seguridad jurídica por 30 años, la respuesta no puede ser una ley cerrojo en una provincia. Esa provincia y esa municipalidad donde se instalan los proyectos tienen que acompañar el ritmo de baja de impuestos que se hace a nivel nacional«.
Si ocurre lo contrario, describió, el resultado es un «choque de planetas»: «Se baja un impuesto nacional, la provincia no baja el suyo o lo sube, y la municipalidad sube la tasa porque cree que hay un nuevo negocio«.
Adiós al modelo fordista
«El tema previsional es un tema que explota en la Argentina y en el mundo», introdujo. Su diagnóstico parte de un cambio de época: «Padre ferroviario, hijo ferroviario, nieto ferroviario. Eso se terminó». El esquema actual, explicó, está «basado en un modelo de pleno empleo y de formalidad» que ya no existe: «Ese modelo laboral está desaparecido. Y ahora con la inteligencia artificial ni te cuento».
Para ilustrarlo, sumó una imagen futbolera: «El territorio cada vez existe menos. Existe, nos ponemos la camiseta, vemos la Selección, pero como lugar de trabajo, el territorio cada vez tiene menos validez».
Según dijo, 6 millones de trabajadores formales sostienen un sistema que no se puede financiar con los aportes patronales. Frente a ellos hay 4 millones de monotributistas y una informalidad de entre 40% y 45%. «¿Sabés cuánto aporta un monotributista? 23 monotributistas aportan a una jubilación mínima«, disparó.
Ante una platea de ejecutivos, deslizó: «Hoy son monotributistas también los CEOs», y subrayó que «desde la pandemia hasta ahora el monotributo fue una expansión total». La conclusión: «Hoy el 70% de las jubilaciones en la Argentina se pagan con impuestos generales y nada más que el 30% con recaudación de la misma jubilación. El sistema no va más«.
«No hay que cobrar más impuestos al trabajo»
«¿Qué hay que hacer? No hay que cobrar más impuestos al trabajo. El impuesto al trabajo es el 40% del salario«, señaló, y se llevó la ovación más fuerte de su exposición.
El sistema previsional argentino se financia con los aportes y las contribuciones que se descuentan de los salarios de los trabajadores registrados, además de impuestos que transfiere el Tesoro. Bullrich propuso cortar el vínculo entre la jubilación y el empleo formal: «Un sistema en el que la seguridad social ya no dependa más de la empleabilidad [de tener un empleo formal], sino de la capacidad de tomar una parte de los impuestos generales y después una parte de un ahorro, que puede ir por un convenio colectivo de trabajo».
En su esquema, la jubilación tendría dos componentes. Uno sería una base a cargo del Estado, financiada con impuestos generales como el IVA o Ganancias, que la senadora vinculó con lo que cada persona tributó y con el trabajo y el salario que tuvo durante su vida. El otro sería un ahorro individual.
Como ejemplo, mencionó que una empresa podría acordar con su personal un aporte del 15% por cada trabajador a «una cuenta de ahorro previsional». También planteó que ese ahorro podría ser obligatorio, «de manera un poquito más compulsiva», como el fondo que creó la reforma laboral. No precisó cuánto costaría la transición ni cómo se compensaría la recaudación que hoy aportan las cargas sobre el salario.
Según su planteo, eliminar esas cargas terminaría con la informalidad laboral: «¿Cómo se termina con el empleo en blanco y el empleo en negro? Hoy no se termina más [porque la informalidad conviene más]. Si se sacan los impuestos al trabajo, ¿quién es en blanco y quién es en negro? Se termina»
La reforma laboral creó el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que ARCA reglamentó este mismo jueves. Su sigla es la misma del fusil histórico de las Fuerzas Armadas, y Bullrich, que condujo dos veces el Ministerio de Seguridad, no resistió la tentación de jugar con ella: «Un nombre un poquito violento, FAL, pero bueno. Para matar los impuestos, digamos. Dejémoslo ahí».
Abrió la puerta, a su vez, a una edad jubilatoria flexible: que cada persona pueda retirarse a la edad que quiera, «con un mínimo», y luego continuar en actividad.
La demografía agrava el desfasaje: «La tasa de natalidad ha bajado de manera abrupta, de 2,5 a 1,2. Estamos realmente en una tasa europea de natalidad». Ahí llegó la ironía: «Viste que Alberto Fernández decía que los argentinos veníamos de Europa…».
«Hay que animarse a romper los esquemas«, insistió, y la volvieron a aplaudir. Emparchar el régimen actual, comparó, es «como un tanque agujereado». Su propuesta es un esquema «nuevo, totalmente nuevo», porque «no podemos seguir con un sistema previsional que lo único que reparte es jubilación de pobreza».
«No vayan más al supermercado en Pilar»
El segundo eje fue tributario. «El tema tributario está en la Argentina empantanado porque tiene una decisión previa», afirmó: «qué queremos financiar y qué no queremos financiar».
A su entender, «el Estado Nacional ha decidido financiar lo menos posible y transferir la mayor cantidad de recursos al privado«, pero «en muchas provincias esta decisión todavía no está tomada». En los municipios (no en todos, aclaró), ante cada actividad nueva buscan «cómo ponen una tasa más».
Bullrich enumeró ejemplos de negocios que, apenas abren, reciben una nueva tasa municipal: «Abre una estación de servicio: tasa. Abre un supermercado: tasa«. Y citó el caso de Pilar, que cobra una tasa sobre cada compra en supermercados: «En Pilar, una tasa al supermercado«. Ahí se puso en el lugar del cliente: «Uno entra al supermercado y le cobran una tasa. No entro más».
La salida, según Bullrich, es cambiar de comercio: «Te vas al lado, como hacen los americanos, que se cambian por los impuestos». La frase siguiente fue una de las más celebradas del día: «Los argentinos tenemos que empezar a movernos y vaciar a aquellos que te cobran tasas por entrar a un supermercado».
Tras el aplauso, se dirigió a la platea: «Acá deben vivir varios en Pilar, así que no vayan más al supermercado en Pilar porque les cobran un montón de plata».
La referencia apuntó a la Tasa de Protección Ambiental del 2% sobre cada compra que el municipio de Pilar fijó a fines de 2025 para supermercados e hipermercados. La medida ya había merecido críticas del ministro de Economía, Luis Caputo.Bullrich destacó que la Corte Suprema «ha marcado muy bien el camino de lo que es una tasa» y puso como ejemplo a los vecinos que litigan contra los cobros usados para gastos generales. «La tasa es para un servicio», recordó, en alusión a los planteos contra la tasa vial en pueblos bonaerenses y cordobeses: «No es la tasa vial para que el intendente pague sueldos». Su regla: la tasa «tiene que ser baja y tiene que estar relacionada a un servicio municipal, no a la instalación de una actividad».
Zanahoria y látigo¿Cómo ordenar a provincias y municipios? «Yo creo que esto es zanahoria y látigo». Al municipio que cobra una tasa alta le aguarda el castigo: «Nadie va ahí. Nadie se tiene que instalar ahí», enfatizó, y habló lisa y llanamente de robo. Al que la baja, gestos del Estado nacional.
El RIGI funciona como moneda de cambio: «Yo te doy un RIGI, me bajás los ingresos brutos de la provincia. Si no, ¿por qué te voy a dar un RIGI?». Y lo sintetizó así: «Para lograr esa competitividad, el acuerdo de cooperación federal tiene que ser con látigo y con zanahoria. Porque con zanahoria solo nadie te baja ni impuestos ni tasas». La fórmula: «Te premio si bajás tasas, si bajás impuestos, y te castigo si no lo hacés»
La vara, explicó, es regional. La industria, el comercio, los servicios y la construcción deben tener las mismas condiciones que la región: «Las mismas que tiene Brasil, las mismas que tiene Chile, las mismas que tiene Colombia».
«No podemos tener provincias que solo vivan de la coparticipación federal»
La coparticipación también recibió su parte: «No podemos tener provincias que solo vivan de la coparticipación federal».
Bullrich objetó el reparto automático, en el que «cada uno cobra lo que en algún momento le tocó, si creciste, si no creciste, no importa».
Describió a las provincias que sostienen «empleo público y punto», donde «no entra ningún privado»: «Son feudos«. Admitió que la modificación obliga a tocar la Constitución y sugirió un sistema de enmiendas, para abrirla solo en ese tema.
Como modelo para las pymes citó a Alemania: «Alemania es el país que mejor lo solucionó», dijo, gracias a las Mittelstand, «las pequeñas y medianas empresas que no solo son proveedoras de la gran empresa, sino que además las preparan para poder competir en el mundo. Ese modelo es el que nosotros tenemos que hacer», remarcó, y alertó sobre el caso de una minera que compra fuera del país el 100% de un determinado producto.
A las provincias y los municipios les dejó el mismo mensaje que llevaría después al escenario: «De nada sirve que uno baje y otros no». Además, anticipó que dentro de 15 días se organizarán reuniones entre compañías del RIGI y otras empresas «para que sean proveedores locales».
Después del panel, su agenda en Mar del Plata incluía un almuerzo privado con empresarios. El Gobierno estaba en París; la política del Coloquio, en cambio, pasó por ella