Qué gana Argentina con el Corredor Andes-Atlántico y por qué Estados Unidos mira de cerca a China

Qué gana Argentina con el Corredor Andes-Atlántico y por qué Estados Unidos mira de cerca a China

 Argentina y Estados Unidos anunciaron una iniciativa para conectar la producción minera y energética con los puertos del Atlántico. El proyecto promete financiamiento e infraestructura, pero también abre una pregunta estratégica: cuánto ganará el país si sus recursos se vuelven una pieza de la competencia entre Washington y Pekín.

Que Diario

Qué es el corredor y qué obras contempla

Su objetivo es mejorar la conexión entre las zonas productoras de minerales del oeste y norte argentino, Vaca Muerta y los puertos atlánticos. La iniciativa reúne posibles inversiones en ferrocarriles, gasoductos y oleoductos, redes eléctricas, infraestructura portuaria y comunicaciones digitales.

No se trata de una única obra con un trazado ya definido. Es un marco para atraer financiamiento y empresas hacia distintos proyectos, algunos existentes y otros todavía por desarrollar. Entre los mencionados figuran Argentina LNG, vinculado con la exportación de gas de Vaca Muerta; líneas ferroviarias de carga; infraestructura eléctrica; y mejoras de conectividad digital. Esa distinción importa: presentar el corredor como una obra ya contratada sería adelantar una realidad que aún depende de decisiones de inversión, licitaciones y ejecución.

La lógica económica es clara. Extraer litio, cobre, petróleo o gas no alcanza si llevarlos hasta una planta industrial o un puerto resulta demasiado caro. El transporte y la disponibilidad de energía pueden determinar si un proyecto se realiza y cuánto valor deja en el país.

Los US$7.000 millones: alcance y límites del anuncio

La cifra que domina los titulares es hasta US$7.000 millones. Según la información difundida sobre el acuerdo, corresponde a un marco de financiamiento del banco estadounidense EXIM hasta 2027. Dentro de las gestiones anunciadas aparece una propuesta preliminar por hasta US$6.000 millones para Argentina LNG, el proyecto encabezado por YPF junto con socios internacionales. Esa propuesta es no vinculante: todavía no equivale a un préstamo aprobado ni a dinero desembolsado.

Tampoco corresponde sumar automáticamente los US$6.000 millones a los US$7.000 millones como si fueran dos inversiones independientes. Lo que habrá que seguir es qué operaciones reciben aprobación definitiva, cuáles son sus tasas y garantías, quién asume los riesgos y cuándo comienzan las obras.

Hay otro dato central para entender a quién beneficia el financiamiento. EXIM existe para apoyar las exportaciones estadounidenses, y las propuestas vinculadas con el corredor contemplan la compra de bienes y servicios de ese país. Por lo tanto, el crédito puede impulsar obras argentinas y, al mismo tiempo, asegurar contratos para fabricantes, proveedores y constructoras de Estados Unidos. Las dos finalidades forman parte de la misma operación.

El anuncio abre una oportunidad, pero su resultado económico todavía no está escrito. Dependerá de los contratos finales y de la capacidad argentina para incorporar empresas, trabajadores y conocimiento propios.

Quiénes pueden ganar: Washington, las provincias y las empresas

Para Estados Unidos, el corredor tiene un valor que excede la rentabilidad de cada obra. El litio y el cobre son insumos estratégicos para industrias tecnológicas y energéticas; el petróleo y el gas también pesan en la seguridad de abastecimiento. Financiar la infraestructura que conecta esos recursos con los mercados permite a Washington fortalecer sus cadenas de suministro y ampliar la presencia de sus empresas en Argentina.

Argentina podría beneficiarse si logra resolver cuellos de botella que frenan proyectos y encarecen las exportaciones. Una vía ferroviaria confiable, electricidad disponible y capacidad portuaria pueden mejorar la competitividad de una mina o de un desarrollo gasífero. Eso puede traducirse en divisas, empleo y recaudación. Pero el efecto sobre cada provincia dependerá de dónde se construya, dónde se compre el equipamiento y dónde se procese la producción.

Para el NOA, la cuestión merece especial atención. La documentación citada por El Cronista incluye una misión técnica a Jujuy y Salta para examinar posibles operaciones y ubica a Tucumán entre las provincias atravesadas por la red ferroviaria relevante para el corredor. Eso no constituye, por sí solo, una obra financiada en Tucumán. La pregunta local es si la provincia logrará participar con logística, servicios industriales y empleo, o si quedará principalmente como lugar de paso.

China: la competencia que rodea al acuerdo

El corredor debe leerse en el contexto de la competencia entre Estados Unidos y China por minerales, energía, tecnología e infraestructura. Es una interpretación geopolítica del anuncio, no una cláusula que excluya a China. Washington busca cadenas de suministro más seguras para sus intereses y propone financiamiento como instrumento para ganar presencia en proyectos estratégicos argentinos.

China, a su vez, sigue siendo un actor económico relevante para Argentina por el comercio y sus vínculos de inversión y financiamiento. Esa realidad limita cualquier lectura según la cual la firma del corredor significaría una ruptura automática con Pekín. Un proyecto financiado por Estados Unidos puede modificar quién obtiene determinados contratos sin determinar por sí mismo todos los futuros compradores de la producción argentina.

La diferencia entre producir un recurso y controlar su cadena de valor es decisiva. Una potencia puede participar mediante crédito, equipos, construcción o compra de minerales; otra puede intervenir en el procesamiento o en el mercado final. Para Argentina, la disputa ofrece alternativas de inversión, pero también el riesgo de negociar cada proyecto según las prioridades de otros países y conservar apenas la extracción y la exportación primaria.

La posición argentina: cercanía política y margen de negociación

El gobierno de Milei muestra una fuerte cercanía política con Washington. El lanzamiento del corredor confirma que esa relación busca expresarse en proyectos económicos concretos. Sin embargo, alineamiento diplomático y conveniencia productiva son decisiones que deben evaluarse por separado: Argentina necesita examinar cada financiamiento por sus condiciones y por el desarrollo que genera.

La posición negociadora del país dependerá de sus objetivos propios. ¿Qué proporción de los contratos podrá disputar la industria nacional? ¿Habrá plantas de procesamiento y proveedores locales? ¿Cómo se distribuirán los ingresos entre Nación y provincias? ¿Qué compromisos ambientales acompañarán a las minas, los ductos y los puertos? ¿Podrá Argentina vender a distintos mercados sin restricciones contractuales inconvenientes?

El Corredor Andes-Atlántico puede ayudar a construir infraestructura que el país necesita. También puede fortalecer la estrategia estadounidense en su competencia con China. Ambas cosas pueden ocurrir a la vez. Para juzgar el acuerdo habrá que mirar más allá de la cifra anunciada: créditos efectivamente aprobados, obras realizadas y valor que permanezca en Argentina.

Fuentes

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