Mientras el intendente de Clorinda, Ariel Caniza , celebraba públicamente que la Justicia provincial había desestimado denuncias contra su gestión y se instalaba incluso la posibilidad de accionar contra los denunciantes, en Formosa ocurría algo que cambia por completo el escenario: ante la Justicia Federal se presentaba una nueva y extensa denuncia penal por presuntas maniobras de corrupción, enriquecimiento ilícito, defraudación, malversación y lavado de activos .
Por un lado, la Justicia provincial cerró una denuncia contra el intendente Ariel Caniza. El propio jefe comunal salió a celebrar la decisión afirmando que «la verdad salió a la luz» y acusando a sus adversarios de haber intentado perjudicar su gestión mediante calumnias. La publicación que difundió la noticia avanzó incluso sobre la eventual posibilidad de promover acciones por falsa denuncia.
Pero desestimar una denuncia no equivale, por sí solo, a demostrar que una denuncia fue falsa. La propia nota que informó sobre las posibles acciones legales reconoce que la figura penal de falsa denuncia exige acreditar que quien denunció sabía que el hecho era falso y actuó deliberadamente; no alcanza con que una acusación haya sido archivada o no pudiera probarse.
Y justamente cuando Caniza buscaba convertir la resolución provincial en una reivindicación política, otra denuncia ingresaba al sistema federal.
DE LA CELEBRACIÓN AL JUZGADO FEDERAL
La nueva presentación no se limita a una acusación genérica.
Fue radicada ante la Justicia Federal contra Caniza y otras personas y plantea como hipótesis presuntos delitos de incumplimiento de deberes de funcionario público, abuso de autoridad, negociaciones incompatibles, cohecho, malversación de caudales públicos, enriquecimiento ilícito, defraudación y administración fraudulenta, encubrimiento y lavado de activos.
🚨 CLORINDA: CANIZA, DENUNCIADO PENALMENTE ANTE LA JUSTICIA FEDERAL por graves delitos de Corrupción
La denuncia apunta, entre otras cuestiones, a contrataciones municipales, presuntos sobreprecios y al crecimiento de un inmueble identificado por los denunciantes como perteneciente al grupo familiar del intendente. El escrito pide investigar el origen de los fondos utilizados para esa construcción y contrastarlos con los ingresos lícitos declarados.
Además, solicita una pericia contable, reconstrucción de erogaciones municipales, informes patrimoniales, información bancaria y determinar qué porcentaje de los recursos utilizados en las contrataciones cuestionadas provino de fondos nacionales.
Es decir: lo que la Justicia provincial cerró no impidió que un nuevo planteo, con hipótesis de delitos federales y medidas concretas de prueba, fuera llevado ante otro fuero.
EL PROBLEMA ES MUCHO MÁS GRANDE QUE CANIZA
El episodio vuelve a colocar en discusión una cuestión institucional que excede al intendente de Clorinda: la independencia y eficacia de los mecanismos de control sobre el poder político en Formosa.
Desde sectores opositores y críticos del gobierno de Gildo Insfrán se viene denunciando desde hace años una supuesta falta de investigación efectiva sobre funcionarios provinciales. Pero afirmar categóricamente que en cuatro décadas «ningún funcionario fue investigado ni condenado» requeriría un relevamiento exhaustivo de expedientes provinciales que las fuentes consultadas para esta nota no permiten verificar.
Lo que sí puede afirmarse en este caso concreto es contundente: una denuncia provincial contra Caniza fue desestimada y, el mismo día, una nueva presentación de enorme gravedad ingresó en el ámbito federal.
Y eso plantea preguntas legítimas.
¿Las denuncias contra funcionarios se investigan hasta agotar las medidas de prueba disponibles? ¿Los organismos de control cuentan con suficiente autonomía frente al poder político? ¿Por qué hechos que involucran el manejo de fondos públicos terminan recurrentemente convertidos en una disputa entre oficialismo y oposición antes de que la sociedad pueda conocer qué ocurrió con el dinero?
Son interrogantes que no deberían responder los partidos políticos. Debería responderlos una Justicia capaz de investigar sin mirar el apellido, el cargo ni la pertenencia política del denunciado.
CANIZA AMENAZA CON IR CONTRA LOS DENUNCIANTES
Hay además un elemento particularmente delicado.
Después de conocerse la desestimación provincial, Caniza cuestionó públicamente a quienes promovieron las acusaciones, mientras la publicación que difundió su posición planteó la posibilidad de acciones por «falsas denuncias».
Horas después, sin embargo, la Justicia Federal tenía sobre su mesa una presentación que pide investigar una extensa serie de operaciones municipales y producir medidas sobre documentación, patrimonio y movimientos económicos. La denuncia federal quedó formalmente presentada ante la Unidad Fiscal Formosa.
Por supuesto, una denuncia no convierte a Caniza ni a ninguna de las demás personas mencionadas en culpables. La responsabilidad penal solamente puede establecerse mediante una investigación y, eventualmente, una sentencia.
Pero tampoco un archivo provincial convierte automáticamente a quienes denunciaron en mentirosos.
Precisamente para eso existe la Justicia: para investigar.
DOS JUSTICIAS, UNA PREGUNTA
La secuencia deja una postal política e institucional incómoda.
Mientras Caniza festejaba que una denuncia había quedado atrás en la Justicia provincial, en el fuero federal comenzaba otro capítulo, esta vez acompañado de documentación y pedidos de pericias, informes patrimoniales, levantamiento del secreto bancario y determinación del eventual origen nacional de fondos utilizados por el municipio.
Ahora la discusión ya no debería reducirse a oficialistas contra opositores.
La pregunta es mucho más sencilla:
¿Qué pasó con el dinero público?
Si las contrataciones fueron legales, los precios razonables y el patrimonio de los funcionarios tiene un origen perfectamente justificable, una investigación exhaustiva permitirá acreditarlo.
Y si existieron irregularidades, deberá determinar quiénes fueron responsables.
Eso es justamente lo que necesita Formosa: controles que investiguen antes de absolver políticamente y expedientes que lleguen hasta el fondo, cualquiera sea el funcionario involucrado.
Porque frente a sospechas documentadas sobre la administración de recursos públicos, la peor respuesta institucional no es investigar demasiado.
Es no investigar lo suficiente
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