La tragedia ocurrida recientemente en la frontera entre Nepal y China volvió a poner el foco sobre un riesgo que también existe en la Patagonia argentina. El desprendimiento de una masa de hielo y roca en la región del Himalaya provocó un violento alud y dejó cientos de muertos y miles de desaparecidos. El episodio funciona como una advertencia para Santa Cruz donde investigadores del Conicet estudian desde hace años un fenómeno geológico que podría afectar a la población.

En las inmediaciones de El Chaltén, la principal preocupación está puesta en el Lago Torre, ubicado a unos nueve kilómetros de la localidad. Allí, el retroceso del Glaciar Torre dejó progresivamente expuesta una de las laderas del Cerro Solo, donde existe un deslizamiento activo.

El escenario que analizan los científicos es concreto: si una parte importante de esa ladera se desprendiera de manera repentina y cayera al Lago Torre, el ingreso brusco de millones de metros cúbicos de roca y sedimentos podría generar una gran ola. El fenómeno podría superar la morena -una barrera natural formada por rocas y sedimentos- que funciona como barrera natural del lago y desencadenar una inundación por desbordamiento de lago glacial, conocida internacionalmente como GLOF (Glacial Lake Outburst Flood).

El agua descendería por el río Fitz Roy, que nace en el Lago Torre, y podría alcanzar sectores de El Chaltén.

Qué está pasando en el Cerro Solo

La geóloga Daniela Schmidt, investigadora del Conicet, realiza su doctorado sobre el riesgo geológico asociado al Lago Torre y su posible impacto en El Chaltén. Su investigación se concentra en la ladera norte del Cerro Solo, donde se detectó un deslizamiento activo a partir de 1998.

Después y antes: un comparativo del lago Torre en 2026 y en el 2000. Foto: Daniela Schmidt y Diego Wincour

Las imágenes históricas muestran la transformación del paisaje. Una fotografía de 1988 permite observar una ladera que todavía se encontraba estable. En cambio, una imagen de 2023 muestra una superficie desnuda y con signos de un movimiento activo.

A partir de 2002, ese deslizamiento comenzó a moverse con mayor velocidad y provoca un riesgo mayor”, explicó Schmidt a Clarín. La investigadora advirtió que existe la posibilidad de que la ladera colapse total o parcialmente y que el material ingrese de manera súbita al Lago Torre.

El volumen estimado del deslizamiento se ubica entre 8 y 13 millones de metros cúbicos de material. Si una masa de esas características ingresara abruptamente al lago, podría generar una gran ola capaz de superar la morena, el depósito de sedimentos y rocas que funciona como una barrera natural.

“Al ingresar así, generaría una ola, como un tsunami, que podría desbordar el dique natural que contiene al lago, que los geólogos llamamos morena”, señaló Schmidt.

El eventual desborde afectaría al río Fitz Roy, que nace en el Lago Torre, y podría llevar agua, rocas, sedimentos, grandes bloques y troncos hacia sectores de El Chaltén.

El retroceso del Glaciar Torre es uno de los factores centrales para comprender el proceso. En los últimos 50 años, perdió entre 900 y 1000 metros de su frente y se adelgazó entre 60 y 70 metros.

“Cuando el hielo está en contacto directo con las laderas del valle suele actuar como un soporte basal. Todo el material de las laderas es contenido por el hielo del glaciar”, explicó. Según detalló, cuando la masa de hielo retrocede, las laderas comienzan a relajar tensiones, aparecen fracturas y se inicia un proceso de deslizamiento progresivo.

La especialista aclara que esto no significa que exista una fecha prevista para un colapso. “No hay forma de predecir una fecha exacta para un deslizamiento de la ladera sobre el Lago Torre”, sostuvo.

Sin embargo, sí existen factores capaces de acelerar el movimiento: lluvias muy intensas, grandes nevadas o períodos de temperaturas anormalmente elevadas que puedan afectar el permafrost, el suelo congelado que contribuye a sostener la montaña.

Durante el verano de 2021, por ejemplo, la técnica satelital InSAR permitió detectar una relación entre episodios de calor extremo y una aceleración en la deformación de las grietas del Cerro Solo.

“Estamos a ciegas”: el pedido de un sistema de alerta temprana

Uno de los principales problemas señalados por los investigadores es que actualmente el monitoreo se realiza mediante imágenes satelitales y de manera diferida. Esto impide conocer en tiempo real qué está ocurriendo en la montaña o en el Lago Torre.

Hoy el monitoreo es diferido mediante imágenes satelitales; estamos a ciegas porque no contamos con instrumentación que mida la montaña en tiempo real”, advirtió Schmidt.

Frente a esta situación, especialistas del Ianigla-Conicet trabajan en el diseño técnico de un Sistema de Alerta Temprana (SAT) para la cuenca del Lago Torre.

La propuesta, impulsada junto con la Asociación Amigos del Parque, contempla instalar sensores de nivel en el Lago Torre y en distintos sectores del río Fitz Roy, además de cámaras de transmisión y estaciones meteorológicas.

La investigadora Mariana Correas González, especialista en riesgos glaciales e inundaciones en zonas de montaña, explicó cómo funcionaría el sistema.

“El sistema funcionaría con un monitoreo continuo. Se requiere de personal dedicado permanentemente a vigilar un tablero de control”, señaló.

Uno de los indicadores más importantes sería una combinación anómala en el comportamiento del lago y del río. “Si el nivel del lago baja de golpe mientras el río sube con fuerza, se confirmaría un vaciamiento en curso”, explicó Correas González.

 Esa piedra es un bloque arrastrado por un GLOFs en la Laguna Sucia de El Chaltén, en Santa Cruz. Foto: Daniela Schmidt
Esa piedra es un bloque arrastrado por un GLOFs en la Laguna Sucia de El Chaltén, en Santa Cruz. Foto: Daniela Schmidt

La detección de una situación de ese tipo permitiría activar un protocolo de emergencia con diferentes mecanismos de aviso, como sirenas o mensajes masivos a teléfonos celulares, para que habitantes y turistas puedan evacuar hacia zonas elevadas.

La necesidad de monitorear estos ambientes también se relaciona con los cambios que atraviesan los glaciares argentinos. En el país existen alrededor de 16.000 glaciares a lo largo de la Cordillera de los Andes y los registros muestran un retroceso sostenido desde la década de 1990.

“Desde hace ya varios años se hacen trabajos de investigación que vinculan el calentamiento de la temperatura global con la desestabilización de los glaciares. Puede ser que la temperatura promueva el derretimiento o que llueva en lugar de nevar”, explicó Correas González.

Aunque la mayoría de los glaciares argentinos no representa un riesgo directo para poblaciones cercanas, los especialistas consideran que la cuenca del Lago Torre requiere una vigilancia particular por la combinación entre el retroceso del glaciar, el crecimiento del lago y el movimiento de la ladera del Cerro Solo.

Cambios en el turismo y las medidas para reducir el riesgo

Mientras se busca financiamiento para instalar el sistema de alerta temprana, ya se adoptaron algunas medidas de mitigación en el área.

A partir de los mapas de inundación elaborados durante la investigación de Schmidt, Parques Nacionales modificó la traza del sendero turístico hacia el Lago Torre y reubicó el camping De Agostini.

“Antes el campamento estaba justo a orillas del río Fitz Roy, expuesto al máximo peligro; hoy está bosque adentro, en un área de riesgo mucho más bajo”, destacaron las investigadoras.

El uso turístico de la zona continúa siendo, de todos modos, un punto de atención. Algunos visitantes se acercan a la morena para obtener mejores vistas del Lago Torre y permanecer allí después de completar el trekking.

La eventual implementación del sistema de alerta requerirá, además, coordinación entre los distintos niveles del Estado. En el área intervienen Parques Nacionales, la Provincia de Santa Cruz y el Municipio de El Chaltén, cuyas jurisdicciones se superponen en diferentes sectores de la cuenca.

Así, el antecedente de Nepal funciona como una advertencia sobre la necesidad de anticiparse a los riesgos asociados a los ambientes de montaña. En El Chaltén, los investigadores sostienen que no se trata de anunciar una tragedia, sino de reducir la vulnerabilidad antes de que ocurra un evento extremo