Minería e integración: el potencial compartido entre Argentina y Chile

Minería e integración: el potencial compartido entre Argentina y Chile

Ambos países comparten vetas cordilleranas de cobre y litio en un momento de boom global de minerales críticos. El Tratado de 1997 y el RIGI abren una oportunidad para una plataforma bioceánica que multiplique exportaciones y genere empleo.

Los procesos de transición energética y el crecimiento de industrias tecnológicas dispararon la demanda mundial de minerales críticos como el cobre y el litio. Según estimaciones de la OCDE, esos requerimientos podrían crecer entre 400% y 600% en la próxima década. América del Sur, que ya aporta el 40% del cobre y el 35% del litio que se consumen en el planeta, aparece como actor clave en las cadenas globales de suministro.

La Argentina integra el selecto grupo de países con relevancia en el mapa minero internacional gracias a sus reservas de litio, cobre, oro, plata y uranio. El Banco Mundial destaca que los países ricos en estos recursos tienen una oportunidad histórica para ampliar mercados, crear empleos y desarrollar industrias locales. En ese marco, la OCDE ubica a la minería como uno de los ejes centrales de la recuperación económica argentina, junto a la energía y la agroindustria.

En 2025 las exportaciones mineras argentinas alcanzaron un récord de 6037 millones de dólares, equivalentes al 6,9% del total exportador, y se convirtieron en un neto generador de divisas. Las provincias de San Juan, Catamarca, Salta, Jujuy y Santa Cruz atraen las mayores inversiones, aunque Mendoza, Río Negro y Chubut también muestran atractivo. Si se concretan proyectos cupríferos como Vicuña, Los Azules, El Pachón, Taca Taca y Mara, y se consolida la producción de litio en el Norte, las exportaciones podrían multiplicarse en pocos años.

Chile, en cambio, consolidó durante décadas un modelo amigable con las inversiones que hoy lo convierte en el primer productor mundial de cobre y un líder en litio. La minería genera allí 200.000 empleos directos y casi 500.000 en su cadena productiva. En 2025 sus exportaciones mineras alcanzaron los 63.000 millones de dólares, casi nueve veces las argentinas. En Perú, otro gran exportador de cobre, el sector representa el 68% de las ventas externas.

La brecha no se explica por diferencias geológicas: las vetas cordilleranas son compartidas. Lo que frenó el desarrollo argentino fueron ciclos de inestabilidad económica, inflación y falta de reglas claras, elementos clave para inversiones de largo plazo. Visionarios como Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Joaquín V. González ya veían a la minería como motor de progreso federal.

Desde 1997 existe un instrumento único para revertir esa historia: el Tratado de Integración y Complementación Minera entre Argentina y Chile. El acuerdo facilita la circulación de equipos, insumos, personal especializado, infraestructura y servicios a ambos lados de la cordillera. Paralelamente, entre 1997 y 2005 funcionó una integración energética con exportaciones argentinas de gas y electricidad que luego se interrumpió. Las gestiones de Macri y Milei permitieron reanudar ese flujo.

Hoy el tratado despierta renovado interés. Siete de las diez mayores empresas mineras globales ya operan en la Argentina. La Comisión Administradora del Tratado reactivó sus sesiones y capitales de ambos países participan en proyectos cruzados. Rolando Dávila, de la Cámara Chileno Argentina de Comercio, sostiene que el escenario global ofrece oportunidades de sinergia y complementación, no de competencia.

La experiencia chilena es una fuente valiosa para el incipiente desarrollo argentino de gran escala. Desde la capacitación de recursos humanos hasta modelos de logística integrada, tendidos eléctricos y uso de puertos del Pacífico. Un ejemplo concreto es la empresa argentina Techint, que desaliniza agua del Pacífico y la bombea a más de 4000 metros de altura para operaciones en Antofagasta. Varios megaproyectos argentinos evalúan replicar ese esquema.

El distrito Vicuña en San Juan, que incluye los yacimientos Josemaría y Filo del Sol, se ubica entre los cinco mayores depósitos de cobre del mundo. El Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI) ya captó más de 33.800 millones de dólares en proyectos en solo 18 meses. El presidente de la Cámara Minera de Chile, Manuel Viera, señaló que se trata del primer marco fiscal realmente competitivo a nivel global ofrecido por un país sudamericano y propuso tomarlo como referencia.

El Banco Mundial respalda estas medidas y financia programas de fortalecimiento institucional para supervisión ambiental y técnica en las provincias mineras. Además, la Cancillería avanza en acuerdos comerciales como el CPTPP, el Mercosur-UE y otros que pueden abrir financiamiento y mercados para la producción local.

Si la minería se consolida como política de Estado, con marcos estables, infraestructura y una industria de proveedores competitiva, la Argentina podría ubicarse entre los diez mayores productores mundiales en la próxima década. Una integración estratégica con Chile en minería y energía sentaría las bases de una plataforma productiva bioceánica con una nueva mirada geopolítica regional, similar al rol que jugaron el carbón y el acero en la integración europea

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *