Experiencia IDEA Rosario. Vaca Muerta, agro y litio: el reclamo empresario por reglas estables para acelerar inversiones

Experiencia IDEA Rosario. Vaca Muerta, agro y litio: el reclamo empresario por reglas estables para acelerar inversiones
Ferreiro, Cozzi y Celorio, referentes de tres sectores estratégicos delinearon la realidad de sus industrias. Crédito: El Litoral

Referentes de Tecpetrol, Cargill y Lithium Argentina coincidieron en que el potencial productivo del país necesita financiamiento, infraestructura y previsibilidad para transformarse en crecimiento. Vaca Muerta podría requerir hasta US$ 25.000 millones anuales hacia 2030, mientras el agro y la minería ponen el foco en la estabilidad tributaria y regulatoria.

El debate sobre los motores productivos en Argentina ocupó el escenario de «Experiencia Idea Rosario». Con la premisa de que «Argentina tiene muchos recursos naturales, pero que el recurso en sí mismo no es nada» sin una estrategia activa que lo transforme en valor local, los referentes de tres sectores estratégicos delinearon la realidad de sus industrias.

Ignacio Celorrioexecutive Vice President en Lithium ArgentinaFernando Cozzipresidente de Cargill en Argentina y Managing Director del Negocio Agrícola en Sudamérica y Ricardo Ferreiropresidente de Exploración y Producción de Tecpetrol, abordaron las claves operativas y de inversión que marcarán el rumbo económico del país.

Para Ricardo FerreiroVaca Muerta es un recurso conocido desde hace un siglo, pero requería de tecnología y de condiciones económicas específicas para ser viable.

Tras un salto histórico gatillado en 2017 por la Resolución 46, el sector no convencional pasó de representar apenas el 5% de la producción de gas y petróleo del país -en un contexto nacional de 500.000 barriles diarios y entre 100 y 110 millones de metros cúbicos diarios de gas- a constituir casi el 70% de la producción actual.

Fernando Cozzi
Fernando Cozzi, presidente de Cargill en Argentina y Managing Director del Negocio Agrícola en Sudamérica. Crédito: El Litoral

Ferreiro dijo que hoy, la producción nacional se encamina a un millón de barriles diarios, alcanzando registros de gas de entre 120 y 130 millones de metros cúbicos en verano y hasta 180 millones en invierno.

La eficiencia operativa ha sido la clave de esta revolución: Tecpetrol redujo los tiempos de perforación de pozos de 34 días en 2017 a solo 14 o 15 días en la actualidad.

Su yacimiento insignia, Fortín de Piedra, demandó una inversión de 1.800 millones de dólares en 18 meses para pasar de cero a 15 millones de metros cúbicos de producción, y hoy provee el 16% de todo el gas que consume el país.

Sin embargo, el transporte y la infraestructura representan los nuevos cuellos de botella, con proyectos monumentales en marcha como el gasoducto de 3.000 millones de dólares y el desarrollo petrolero «Los Toldos II«, que demandará 2.400 millones de dólares iniciales en 24 meses para producir 70.000 barriles diarios.

Ricardo Ferreiro
Ricardo Ferreiro, presidente de Exploración y Producción de Tecpetrol. Crédito: El Litoral

Ferreiro advirtió con contundencia que el núcleo temático del sector hoy pasa por el financiamiento externo: «La velocidad del crecimiento va a ser el acceso al capital, porque ahora vienen niveles masivos de inversión«.

Actualmente -reseñó- Vaca Muerta absorbe entre 9.000 y 10.000 millones de dólares anuales. No obstante, para alcanzar la meta proyectada hacia 2030-2031 -de 1,5 millones de barriles diarios, plantas de gas licuado y obras complementarias- se requerirá un salto exponencial a entre 22.000 y 25.000 millones de dólares de inversión anual.

Generar credibilidad y asegurar el acceso al mercado energético global serán los factores determinantes para acelerar o frenar este motor, según el directivo del grupo Techint.

Ignacio Celorrio
Ignacio Celorrio, executive Vice President en Lithium Argentina. Crédito: El Litoral

Imperativo de previsibilidad

Fernando Cozzi expuso las tensiones de un sector agroindustrial históricamente castigado por la sobrecarga impositiva o «sobre sobre taxation». Si bien valoró el reconocimiento gubernamental del rol dinamizador del agro, remarcó que cualquier reforma impositiva debe ser duradera para incentivar la inversión genuina.

El ejecutivo subrayó el núcleo de la problemática inversora:

«La baja en los impuestos de exportación tiene que ser sostenible… porque justamente uno de los problemas que creo que tenemos históricamente… es la discrecionalidad en el cambio de las reglas de juego».

Cozzi ilustró cómo el Estado históricamente aumentaba la presión fiscal en momentos de necesidad bajo la lógica de «no me alcanza, quiero más, subo los impuestos de exportación», una práctica que destruyó la confianza empresarial.

Esta falta de previsibilidad fiscal ha cobrado un precio altísimo al compararse con la región: en 2010Argentina tuvo una cosecha de soja de magnitud similar a la registrada este año, mientras que la de Brasil se ubicaba en torno a las 65 millones de toneladas.

Desde entonces, mientras Brasil logró triplicar su producción, la cosecha argentina permaneció estancada en la misma meseta debido a las reglas de juego inestables.

Para destrabar inversiones que generen valor, “la estabilidad fiscal es de vida o muerte”. Cozzi ejemplificó que una planta modelo construida bajo expectativas de crecimiento y baja de impuestos -la más grande del mundo, en Timbúes– sufrió un intento de estatización cuatro años más tarde.

Frente a este escenario, detalló que actualmente existen anuncios para dos grandes plantas de competidores y que Cargill planifica inversiones logísticas de más de 1.000 millones de dólares. Estas apuestas están sostenidas enteramente sobre la expectativa de que se reduzcan las retenciones y se recupere la rentabilidad de la cadena; de lo contrario, advirtió, «va a ser un desastre».

Los ‘90 y la pérdida del “superciclo”

Ignacio Celorrio aportó una perspectiva histórica sobre la minería metalífera, una industria que estructuralmente nació en los años 90 amparada por la Ley de Inversiones Mineras. Antes de esa década, la mayor producción minera del país se limitaba a canteras no metalíferas en la provincia de Buenos Aires.

Advirtió sobre la ilusión de poseer reservas bajo el suelo si no existen condiciones para extraerlas: «Tener recursos no desarrollados es lo mismo que tener un jardín. No cambia nada, no mueve nada».

La historia de la minería local demuestra los costos de la inestabilidad regulatoria. Tras un inicio prometedor con proyectos como Alumbrera en Catamarca o Cerro Vanguardia en Santa Cruz, y a pesar de ciertos resguardos cambiarios post-crisis de 2002Argentina comenzó a quebrar sistemáticamente las reglas a partir de 2004, justo en el umbral del superciclo de commodities que culminó en 2014.

Como consecuencia, el país se perdió ese superciclo entero, capturando menos del 5% de la inversión potencial que podría haber recibido. En 2014, el sistema se terminó de destruir al eliminarse los beneficios de financiamiento de proyectos (project finance) y aplicarse retenciones a emprendimientos ya estabilizados.

El ejemplo de Veladero ilustra este potencial herido: un proyecto de oro que inició con la onza a 450 dólares y hoy ve cotizaciones de 4.000 dólares, pero que sufrió fuertemente la falta de exploración posterior por la pérdida de confianza de los inversores extranjeros.

El litio, que ingresó de forma fortuita en este complejo panorama hacia 2014, experimentó su propio ciclo de exuberancia y posterior realismo. El precio por tonelada, históricamente en 5.000 dólares, se disparó por la electromovilidad a niveles de entre 60.000 y 80.000 dólares, para luego desplomarse drásticamente a 8.000 dólares en menos de un año.

No obstante -aclaró el directivo empresario- gracias a inversiones de Capex previamente ejecutadas, Argentina logró expandir su capacidad productiva de 35.000 toneladas a unas 170.000 toneladas anuales, proyectando alcanzar una producción real de 100.000 toneladas este año.

Con precios consolidados en una banda de estabilidad de entre 15.000 y 25.000 dólares, empresas como Lithium ya planifican expansiones aprobadas por 45.000 toneladas adicionales sobre su base instalada actual de 40.000 toneladas, consolidando al país como un jugador competitivo frente a gigantes globales como Australia, Canadá y África

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