Hay una pregunta que merece ser formulada con absoluta claridad: ¿por qué una empresa santacruceña vinculada a la minería debería emigrar a otra provincia para encontrar oportunidades de trabajo si Santa Cruz es la principal provincia productora de oro y plata del país y concentra una de las mayores cantidades de operaciones mineras metalíferas en producción?
La pregunta surge a partir de una noticia que, vista desde Santa Cruz, debería generar algo más que interés. Empresas patagónicas comenzaron a consultar las condiciones para operar en San Juan y asociarse con firmas locales, en un movimiento que busca ordenar el desembarco de proveedores frente al crecimiento de los proyectos de cobre.
El presidente de CAPRIMSA, Fernando Godoy, confirmó que entre cuatro y seis compañías especializadas en perforación, logística y maquinaria ya solicitaron información para conocer las condiciones de operación en suelo sanjuanino. El proceso se canaliza institucionalmente a partir del convenio firmado el pasado 29 de julio con CAPROMISA, que permitirá articular una red que, en conjunto, representa a unas 600 empresas.
Las primeras radicaciones concretas podrían producirse dentro de aproximadamente un año.
La noticia puede leerse como una buena señal para la integración federal de proveedores mineros. Pero también puede mirarse desde otro lugar: San Juan está construyendo las condiciones para que empresas de otras regiones quieran instalarse allí porque entiende que detrás de cada nuevo proyecto minero existe una oportunidad para desarrollar proveedores, empleo, servicios, tecnología y capital local.
Ahí aparece el espejo santacruceño
Santa Cruz tiene una ventaja que pocas provincias argentinas pueden exhibir: la minería no es una promesa de futuro. Es una actividad productiva instalada desde hace décadas. Hay operaciones en producción, trabajadores especializados, empresas proveedoras, contratistas, talleres, transportistas, profesionales, técnicos y una experiencia acumulada que constituye un verdadero activo económico.
Además, el oro y la plata producidos en Santa Cruz tienen un peso determinante en las exportaciones mineras argentinas. Entonces, ¿qué está fallando? No necesariamente la existencia de empresas. Tampoco la capacidad técnica. Mucho menos la experiencia.
El problema parece estar en otro lugar: la capacidad de transformar la actividad minera instalada en un mercado sostenido y previsible para las empresas santacruceñas.
Porque una cosa es tener minas produciendo y otra, muy diferente, es construir alrededor de ellas un ecosistema empresarial capaz de capturar una porción creciente del valor generado.
Una minera puede producir oro y plata durante años y, sin embargo, una parte importante de los servicios, equipos, insumos y soluciones que necesita pueden seguir llegando desde afuera de la provincia.
Eso significa que el mineral se extrae en Santa Cruz, se exporta desde Santa Cruz y genera empleo en Santa Cruz, pero una parte de la cadena de valor puede estar radicada a cientos o miles de kilómetros. Ese es el verdadero desafío.
Y por eso la noticia del movimiento de empresas patagónicas hacia San Juan debería ser tomada como una señal de alerta, pero también como una oportunidad para pensar qué queremos hacer con nuestra propia minería. San Juan está preparándose para el boom del cobre. Sus grandes proyectos todavía necesitan inversiones, infraestructura y tiempo para alcanzar plena escala, pero ya existe una disputa silenciosa por algo que será tan importante como el recurso: quiénes estarán en condiciones de proveerle servicios a esa nueva minería.
La pregunta para Santa Cruz es si estamos haciendo lo mismo con nuestra minería actual. Porque no alcanza con pedir que las empresas mineras compren localmente. Tampoco alcanza con reclamar más participación para las PyMEs. Para que el compre local funcione realmente, tiene que existir una oferta competitiva, profesionalizada, con capacidad financiera, tecnológica y operativa para responder a las exigencias de una industria de alta complejidad y eso requiere una estrategia.
Las cámaras empresarias pueden cumplir un papel central. Las compañías mineras también. El Estado provincial tiene herramientas para generar condiciones. Los municipios pueden acompañar. Y las propias empresas proveedoras tienen el desafío de profesionalizarse, asociarse y ganar escala.
Pero hay algo que debería quedar claro: si una empresa santacruceña especializada en perforación, logística, mantenimiento o maquinaria tiene que mirar hacia San Juan para encontrar un mercado atractivo, mientras a pocos kilómetros existen operaciones mineras de gran escala, algo merece ser revisado.
No se trata de impedir que las empresas salgan a buscar oportunidades. Todo lo contrario. Que una firma santacruceña pueda competir en San Juan, Jujuy, Salta, Catamarca o cualquier otra provincia sería una excelente noticia. El problema aparece cuando salir de Santa Cruz deja de ser una estrategia de expansión y se convierte en una necesidad para sobrevivir.
Santa Cruz tiene una oportunidad que otras provincias todavía están construyendo: ya tiene la minería. Ahora necesita convertir esa ventaja productiva en una ventaja empresarial. El desafío no debería ser solamente producir más oro, más plata o desarrollar nuevos proyectos. También debería ser lograr que cada tonelada extraída genere una mayor cantidad de actividad económica dentro de la provincia.