El autoboicot del Gobierno: buenas ideas, mal timing y una sociedad que empieza a desilusionarse

El autoboicot del Gobierno: buenas ideas, mal timing y una sociedad que empieza a desilusionarse
Tras un verano de avances legislativos, una sucesión de errores de cálculo político volvió a darle aire a una oposición que parecía debilitada. La falta de iniciativas capaces de responder a las preocupaciones cotidianas abre interrogantes sobre el futuro del plan de Milei y su vínculo con los argentinos.

¡Cómo se complica solo el Gobierno! ¡Qué talento tiene para el autoboicot! Es impresionante. ¿Te acordás que se había ido Adorni y había entrado Santilli? Había echado lastre, había metido a Santilli y parecía que eso iba a oxigenar, iba a revalidar. Era como retunearse. Parecía que todo iba para mejor. Pero el autoboicot siempre está a mano.

¿Qué quiere decir autoboicotearse?

Elegir mal la secuencia. Podés tener buenas ideas, buenas transformaciones, pero tenés que tener timing político. Ir colocándolas una atrás de la otra según la demanda social. Hay que estar atento y no perder la escucha a la demanda social.

Mirá lo que le pasa al Gobierno. Después de haber tenido un verano excelente -con la reforma o modernización laboral, una parte de la Ley de Glaciares y la baja de la imputabilidad-, todo eso que al Gobierno le interesaba y que era imposible porque el Congreso había estado imposible de meterse: era una escribanía, había un cepo legislativo. Se abre el cepo, mete leyes impresionantes y parece que va a tener un gran año.

Y de repente está estancado en Adorni. Sale Adorni, y vos decís: ahora es el momento. Y empieza con leyes raras.

El decreto de los prácticos

Primero, el decreto de los prácticos de Sturzenegger. Tienen que dar marcha atrás. El Gobierno dice: “Ganamos 20% menos de lo que cuestan los prácticos”, pero en lo concreto la sangre estaba llegando al río porque los propios barcos cargados de combustible decían: queda stock para dos días, queda para un día. Hubo un conflicto mal calculado, mal presupuestado por el Gobierno.

Y después está lo de la Ley de Tierras y Extranjerización. Al Gobierno, por presentar mal la ley, por no explicar, por no poner voceros, con una bandera le hicieron bajar la ley. La bandera es esta: “La Patria no se vende.” La das vuelta y era “las tierras no se venden”. Una continuidad de “Las Malvinas son argentinas”. De esa ola nacionalista que nace en el Mundial, la campaña antiargentina. El propio Gobierno argentino se pone nacionalista y no entiende, no sabe leer que esa bandera tiene continuidad con ese eslogan.

No lo pudieron explicar y al no explicar generaron algo imposible: Vaca Muerta, oposición muerta. La oposición muerta revive. Se aglutina alrededor de esta consigna que -recordá siempre- en política tiene que ser contundente y fácil. Que todos entendamos rápido de qué se trata y que toque una fibra sensible. “La Patria no se vende.” Andá a buscarla al fondo del arco.

El Gobierno tuvo que retirar esa ley. También perdió parte de la Ley del Fuego. Se abatata porque pone a trabajar en el Congreso leyes mal presentadas, mal defendidas.

Los gobernadores se corren

Los propios gobernadores que estaban de acuerdo en impulsar algunas leyes en Diputados ahora están diciendo: “La segunda parte no sé si te voy a acompañar, porque además estás incumpliendo conmigo”. Por ejemplo, Zona Fría: el Gobierno había conseguido el apoyo de algunas provincias peronistas del norte con el tema de subsidios. Y lo que pasa es que esos gobernadores ahora dicen: si no me cumplís tu parte, yo no te doy la llave en Diputados.

Hay algo de la promesa de agilización política de Santilli que no estaría funcionando porque Caputo, el ministro de Economía, no está girando lo que tiene que girar. No está destrabando las prebendas en los costos eléctricos.

Y después pasa que están metiendo leyes que no son para meter ahora. No todas las reformas van en todo momento y lugar.

El semáforo legislativo

¿Cuáles son las leyes que el Gobierno está impulsando? Hay una especie de semáforo: las que están en verde, que todavía pueden salir; en amarillo, las dudosas; y en rojo, las frenadas. Esto está tomado del diario La Nación.

Mirá para ver cómo está el Gobierno desconectado del metro cuadrado y de la demanda concreta de la gente. Las que están activas: el Súper RIGI, pliegos para los jueces, sociedades, Banco Central, Inocencia Fiscal II y patentes.

Esperá un poquito. Salvo lo del Banco Central -que tiene que ver con no emitir y bajar la inflación-, todo el resto son importantes para acomodar esta Argentina llena de cepos y candados. Pero no son leyes sexys. No son para todos. La gente cuando lee eso dice: ¿qué hay de eso para mí? No está ocurriendo.

El gobierno tiene que pensar en sensibilizar, en enamorar, en ilusionar.

Mirá las leyes que están en pausa: la reforma política, suspensión de las PASO, la Ley de Hojarasca, zonas frías, propiedad privada. Todas necesarias, útiles, debatibles y cuestionables. Pero no son de primera necesidad en este momento, donde la gente necesita respuestas económicas. Lo que necesita es que por fin la macro pase a la micro. Volveme a enamorar. Presentame en el Congreso algo que me diga: están pensando en mí. No está ocurriendo.

Y las que ya no van a salir: lobby, ludopatía, etiquetado frontal, salud mental y discapacidad. Muchas son necesarias, recontraimportantes. Pero no hay plafón ni quórum para debatirlas ahora. No hay sentido de oportunidad.

La moraleja: el Gobierno, en este momento, no tiene nada para proponerle a la ciudadanía que lo muestre proactivo, con iniciativas y, sobre todo, sensible.

La emoción del momento

Hay momentos sociales que están representados por una emoción. Cuando Milei saca una motosierra en campaña, lo que había era bronca. Bronca por el encierro de la pandemia, odio con la clase política por el estallido casi previo a una hiperinflación. Con los billetes de mil que los brasileros te los rompían y te los tiraban de la tercera bandeja de la cancha de Boca. La gente yendo a comprar lo que había, lo que encontraba. Tres aceites máximo cada uno, dos aceites, faltantes en góndola.

En ese momento, la motosierra era el elemento, la herramienta que interpretaba la emoción social reinante. Era el odio. “Vamos contra la casta”. Palabra: casta. Herramienta: motosierra. Eran perfectas. Y sirvieron. A Milei lo hicieron Presidente y le dieron treinta y pico de meses de mandato.

¿Cuál es el momento social ahora? ¿Cuál es la emoción que reina? Según están sondeando las encuestas, mucha gente que acompañó a Milei está enojada, está desilusionada, está triste. La ecuación del optimismo, de la esperanza -que es el insumo básico para todo gobierno-. ¿Qué es la esperanza? “Ahora no estoy bien, pero creo que con este gobierno el año que viene voy a estar mejor”.

Por primera vez, eso se dio vuelta. Y el año que viene ya no van a estar mejor. Eso se llama desilusión.

Y la desilusión es una emoción que retrata gran parte de la Argentina de hoy, que no tiene una herramienta que el gobierno pueda mostrar y que genere identificación.

Porque la motosierra, la ley Hojarasca y todas las desregulaciones pueden ser muy importantes, pero no conectan con el sentir de esa parte de la sociedad que está esperando algo de este Gobierno.

Entonces, ¿podrá este Gobierno darle un giro, alguna idea nueva, algo propositivo?

Finalmente, la pregunta que se está empezando a instalar es: ¿este modelo, este plan de Milei de acomodar la macro, ya llegó hasta acá? ¿Dio todo? ¿Está en su máximo potencial?

¿Este plan necesita más tiempo? ¿O acaso este plan ya necesita correcciones, necesita un giro? Esta es la pregunta que se está instalando: ¿este plan necesita tiempo o, con más tiempo, solamente vamos a tener inflación, dólar planchado y nada más?

¿De qué manera se va a reactivar la Argentina en las zonas que todavía no están reactivadas? Esta es una pregunta válida. Y, sobre todo, si el gobierno tiene la capacidad de reactivar la Argentina, ¿qué va a hacer? ¿Qué va a hacer para tener la capacidad de sintonizar con la nueva emoción social?

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