Amadeo Gravino
Durante años, la minería en Santa Cruz sostuvo uno de sus principales objetivos en el fortalecimiento del entramado de proveedores locales. El crecimiento del compre santacruceño, la generación de empleo y la participación de empresas de la provincia en la cadena de valor fueron presentados como indicadores del impacto positivo de la actividad.
Sin embargo, para Amadeo Gravino, presidente de CAPROMISA (Cámara de Proveedores Mineros de Santa Cruz), ha llegado el momento de abrir un debate más profundo: ¿ese modelo realmente logró desarrollar empresas más fuertes o simplemente permitió que muchas sobrevivieran?
En una charla con Extremo Minero, Gravino compartió su visión sobre la realidad que atraviesan los proveedores, el contexto económico de Santa Cruz, la necesidad de nuevos proyectos y el desafío de construir un modelo de desarrollo que deje un legado duradero para las empresas y las comunidades.
«No alcanza con participar, hay que desarrollarse»
Para Gravino, el análisis ya no puede limitarse a medir cuánto compran las compañías mineras a los proveedores locales.
«Durante muchos años hablamos del compre local y de la participación de las empresas santacruceñas. Pero hoy la pregunta debería ser otra: después de casi treinta años de minería, ¿tenemos empresas más sólidas, más competitivas y con mayor capacidad para crecer?», planteó.
El dirigente considera que participar de la actividad no siempre significa desarrollarse. Una empresa puede prestar servicios durante años para la minería y, sin embargo, seguir operando con la misma estructura, sin incorporar tecnología, con escasa capacidad de inversión y dependiendo permanentemente del próximo contrato para sostener su funcionamiento.
«Facturar no necesariamente significa crecer. Hay empresas que trabajan hace muchos años para la minería y siguen enfrentando las mismas dificultades financieras. Eso nos obliga a preguntarnos si el modelo está generando el desarrollo que todos esperábamos», reflexionó.
Una realidad que preocupa al sector proveedor
Consultado sobre el presente que atraviesan las pymes vinculadas a la minería, Gravino reconoció que el contexto provincial agrega una presión adicional.
«Hoy muchas empresas están haciendo un enorme esfuerzo para sostener el empleo. Hay proveedores que trabajan con márgenes muy ajustados y enfrentan plazos de pago extensos, mientras deben cumplir con salarios, cargas sociales, impuestos y proveedores propios. Esa ecuación se vuelve muy difícil de sostener.»
En ese sentido, advirtió que la competencia basada exclusivamente en el menor costo termina debilitando al entramado empresario local.
«Cuando una empresa trabaja prácticamente al costo y además financia la operación esperando cobrar a 60 o 90 días, resulta muy complicado pensar en invertir, incorporar equipamiento o crecer. Así es muy difícil construir empresas más competitivas.»
Otro de los ejes centrales de la entrevista estuvo vinculado al futuro de la actividad minera en Santa Cruz.
Para Gravino, las operaciones actualmente en producción ya generan un nivel de demanda relativamente estabilizado y, si bien continúan siendo fundamentales para la economía provincial, el verdadero salto para los proveedores dependerá de la llegada de nuevas inversiones.
«Creo que el desarrollo también pasa por la apertura de nuevos proyectos. Si no aparecen nuevas minas, el margen para seguir creciendo es limitado porque la capacidad de contratación existente ya está bastante distribuida.»
Desde su perspectiva, cada nuevo proyecto representa una oportunidad para incorporar nuevos proveedores, generar empleo y ampliar la base económica de la provincia.
La importancia de construir una agenda común
Durante la conversación también surgió la posibilidad de fortalecer el trabajo conjunto entre las distintas cámaras que representan al sector proveedor.
La máxima autoridad de CAPROMISA consideró que, más allá de las diferencias institucionales que puedan existir, el contexto actual exige buscar espacios de articulación que permitan defender intereses comunes.
En ese sentido, valoró que tanto CAPROMISA como CAPPEMA comparten el objetivo de fortalecer a las empresas santacruceñas y sostuvo que toda instancia de diálogo que contribuya a ese propósito resulta positiva para el sector.
«La realidad que viven los proveedores atraviesa a todos por igual. Cuando el contexto es complejo, trabajar de manera coordinada puede fortalecer la representación y ayudar a construir propuestas que beneficien al conjunto.» Señaló.
Repensar cómo se mide el desarrollo
Más allá de las cifras de producción, las inversiones anunciadas o el volumen de compras locales, el referente de CAPROMISA entiende que el verdadero desafío consiste en evaluar el impacto que la minería deja sobre el tejido productivo provincial.
«Quizás el indicador más importante no sea solamente cuánto compra la minería, sino cuántas empresas lograron fortalecerse gracias a esa actividad. Cuántas incorporaron tecnología, cuántas crecieron, cuántas pueden competir fuera de Santa Cruz y cuántos puestos de trabajo de calidad pudieron generar.»
Para el máximo referente de los proveedores locales de la provincia, esa discusión resulta necesaria en un momento donde la provincia busca consolidar nuevas inversiones y proyectar el futuro del sector.
«Si encontramos respuestas positivas, significará que el modelo funcionó y habrá que profundizarlo. Si todavía vemos empresas muy vulnerables, será una oportunidad para revisar qué aspectos pueden mejorarse. Lo importante es que el desarrollo llegue a las empresas, a los trabajadores y a las comunidades.»
La reflexión de Gravino propone ir más allá de los indicadores tradicionales y abrir un debate que probablemente cobre cada vez más relevancia en la agenda minera santacruceña: cómo transformar la presencia de la minería en un verdadero motor de desarrollo sostenible para las empresas locales y para toda la provincia
Por: Extremo Minero