El boom minero choca con un límite inesperado y pone en juego millonarias inversiones

El boom minero choca con un límite inesperado y pone en juego millonarias inversiones
Surge un obstáculo que amenaza con demorar proyectos y que se vincula a la falta de infraestructura energética en las zonas de los principales yacimientos

Mientras el Gobierno apuesta a convertir a la minería en uno de los principales generadores de divisas de la próxima década, el sector comienza a enfrentar un desafío menos visible que el precio internacional de los minerales o las discusiones ambientales.

En el sector ya se analiza cómo garantizar el suministro de energía para sostener la nueva ola de inversiones.

Por lo menos así surge de estudiar el último informe elaborado por Aggreko, empresa global especializada en soluciones energéticas, que advierte que la expansión del litio y el regreso del cobre a gran escala dependerán cada vez menos de la geología y mucho más de la disponibilidad de electricidad confiable en regiones alejadas de los grandes centros urbanos.

El dato que refleja el cambio de escala resulta contundente si se tiene en cuenta que durante 2025 las exportaciones mineras argentinas alcanzaron los u$s6.000 millones.

Fue la cifra más alta de la historia, consolidando al sector como uno de los principales complejos exportadores del país. Incluso, durante algunos meses, las ventas externas de minerales llegaron a superar a las del sector energético.

Si bien la minería todavía representa alrededor del 1% del PBI, ya explica entre 7% y 10% de todas las exportaciones argentinas, una participación que seguirá creciendo si avanzan los grandes proyectos actualmente en construcción o en etapa de financiamiento.

El cobre cambia el mapa de inversiones mineras

A pesar de que durante los últimos años el crecimiento estuvo impulsado casi exclusivamente por el litio, el escenario comenzó a modificarse con la reactivación de los grandes proyectos cupríferos, alentados por la demanda global vinculada con la transición energética y la electrificación.

En ese escenario aparecen emprendimientos como Josemaría; Filo del Sol; Los Azules; El Pachón; MARA; Taca Taca y otros desarrollos que, junto con los proyectos de litio del NOA, podrían movilizar inversiones por decenas de miles de millones de dólares durante la próxima década.

También se suma el impulso generado por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que busca acelerar el desembarco de capitales internacionales mediante beneficios fiscales y cambiarios.

En este sentido, el informe de Aggreko sostiene que numerosas compañías internacionales continúan ampliando su presencia en Argentina, incorporando tecnologías de extracción más eficientes y procesos con menor impacto ambiental para abastecer la creciente demanda mundial de minerales críticos.

Al respecto, José Albornoz Farías, gerente regional del segmento Minería de Aggreko, señala que América Latina se convirtió en un proveedor estratégico para la transición energética global, aunque advierte que el desafío ya no pasa únicamente por producir más mineral.

Según explica, los inversores internacionales observan cada vez con mayor atención cómo las compañías administran sus impactos ambientales, sociales y energéticos, factores que hoy pesan tanto como la rentabilidad de cada proyecto.

Agrega que la combinación entre crecimiento productivo, exigencias ambientales y disponibilidad energética comienza a definir cuál será la verdadera competitividad de la minería argentina en los próximos años.

El gran cuello de botella que enfrenta la minería argentina

Si existe un punto donde coinciden prácticamente todas las empresas mineras que operan en Argentina es que el verdadero desafío ya no es encontrar recursos, sino garantizar la energía necesaria para explotarlos.

La mayor parte de los proyectos de litio se ubican en la Puna de Jujuy, Salta y Catamarca, mientras que los grandes yacimientos de cobre se concentran principalmente en San Juan.

Son zonas alejadas de los principales centros urbanos, con infraestructura limitada, condiciones climáticas extremas y, en muchos casos, sin conexión suficiente al Sistema Argentino de Interconexión (SADI).

Eso obliga a las compañías a desarrollar soluciones propias para abastecerse de electricidad.

Se trata de una decisión que puede representar cientos de millones de dólares adicionales sobre el costo original de cada proyecto.

En algunos casos las empresas deben construir decenas o incluso cientos de kilómetros de líneas de alta tensión.

En otros, recurren a centrales de generación propias, fundamentalmente a gas o diésel, para asegurar que la operación no se detenga las 24 horas del día.

El problema no es menor si se tiene en cuenta que una mina moderna consume enormes cantidades de electricidad para alimentar plantas de procesamiento, sistemas de trituración, bombeo de agua, transporte interno, climatización de instalaciones y complejos sistemas de ventilación y seguridad, especialmente en explotaciones subterráneas o ubicadas a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.

De acuerdo con el informe, «cualquier interrupción del suministro puede generar pérdidas millonarias, afectar la producción e incluso comprometer la seguridad del personal».

En este sentido, Lucía Mejuto, Business Development Manager de Aggreko para Argentina, sostiene que la expansión minera obliga a pensar la energía como parte del diseño del proyecto desde el primer día y no como un servicio accesorio.

«Hoy la generación térmica continúa siendo la base para garantizar un suministro estable en los yacimientos de altura, aunque el sector comienza a incorporar soluciones híbridas que combinan motores convencionales con energía solar, almacenamiento mediante baterías y sistemas inteligentes de gestión del consumo», destaca el experto de la consultora.

Qué objetivos persigue la minería para resolver el problema energético

A partir de analizar este escenario, el documento plantea varios objetivos a cumplir como reducir costos operativos y, al mismo tiempo, disminuir las emisiones de carbono, un indicador que los grandes fondos internacionales observan cada vez con mayor atención antes de financiar nuevos desarrollos.

También se plantea que no se trata solamente de una cuestión ambiental sino de un factor económico al punto que en muchos proyectos, la energía representa uno de los principales componentes del costo operativo, por lo que cualquier mejora en eficiencia impacta directamente sobre la rentabilidad.

Por ese motivo, además de invertir en nuevas minas, el informe muestra cómo las compañías están destinando recursos crecientes a digitalización, automatización de procesos, monitoreo remoto y tecnologías capaces de optimizar el uso de la electricidad en tiempo real.

El mensaje que deja el trabajo se orienta hacia un interrogante que pasa por si la infraestructura energética podrá crecer al mismo ritmo que las inversiones anunciadas.

Es decir, el debate energético, que cobra todavía más relevancia si se observa la cartera de proyectos que busca ponerse en marcha durante los próximos años.

Distintas estimaciones del sector ubican a la Argentina entre los países con mayor potencial para abastecer la demanda mundial de minerales críticos, especialmente litio y cobre, insumos estratégicos para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, centros de datos, redes eléctricas y tecnologías de energías renovables.

En el caso del litio, el país ya dejó de depender de los tradicionales proyectos de Sales de Jujuy, Fénix y Olaroz.

En los últimos años comenzaron a producir o avanzan hacia esa etapa desarrollos como:

  • Cauchari-Olaroz
  • Sal de Oro
  • Centenario-Ratones
  • Mariana
  • Sal de Vida
  • Pozuelos-Pastos Grandes

Mientras otras compañías continúan explorando nuevos salares en el denominado «Triángulo del Litio».

El cobre también volvió a ocupar un lugar central después de años sin nuevos desarrollos con proyectos como Josemaría; Filo del Sol; Los Azules; MARA; El Pachón y Taca Taca que concentran buena parte de las expectativas del sector y podrían modificar el perfil exportador argentino durante la próxima década si logran superar las etapas de financiamiento, infraestructura y permisos.

En paralelo, continúan siendo pilares de la actividad las exportaciones de oro y plata provenientes de minas como Veladero; Cerro Negro; Lindero y Cerro Vanguardia.

En este contexto, el Gobierno apuesta a que ese conjunto de inversiones convierta a la minería en una de las principales fuentes de ingreso de divisas del país, junto con el complejo agroindustrial y el desarrollo de Vaca Muerta.

Sin embargo, el propio sector reconoce que ese objetivo dependerá de resolver cuestiones estructurales que exceden a cada empresa en particular.

En especial, la ampliación de las redes de transporte eléctrico, nuevas obras de infraestructura, mejores conexiones viales y disponibilidad de agua.

También se mencionan la seguridad jurídica y reglas estables para inversiones que requieren desembolsos de miles de millones de dólares y horizontes de recuperación de varias décadas.

En ese contexto, el informe de Aggreko concluye que la próxima ventaja competitiva de la minería ya no estará únicamente en la riqueza de los yacimientos. También dependerá de la capacidad de garantizar energía confiable, flexible y cada vez más limpia para sostener un crecimiento que, por primera vez en muchos años, parece tener el potencial de cambiar el perfil exportador de la Argentina

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