Daniel Montamat, exsecretario de Energía de la Nación y expresidente de YPF.
Marianela Pereyra
Daniel Montamat, exsecretario de Energía de la Nación, exdirector de Gas del Estado y expresidente de YPF, trazó un diagnóstico completo sobre la crisis de abastecimiento en el norte argentino. Señaló que el cuello de botella no está en los recursos sino en la infraestructura, explicó el impacto de la estacionalidad extrema del consumo, detalló el rol del GNL, los costos que enfrentan las industrias y la falta de inversión. El también economista y abogado sostuvo que el rumbo energético del gobierno nacional es correcto, pero advirtió que sin inversiones y reglas claras, las dificultades en el sistema persistirán.
Pese a las obras de reversión ejecutadas en el Gasoducto Norte, el abastecimiento de las provincias del NOA sigue siendo endeble. ¿Por qué no llegan volúmenes suficientes desde Vaca Muerta a la región?
Porque la reversión todavía no está terminada. Faltan plantas de compresión para llevar más gas al norte. Incluso, hay prevista una tercera etapa para enviar a Brasil, a través de gasoductos que están con capacidad ociosa en Bolivia, unos 10 millones de metros cúbicos diarios. Esas obras, en principio, estarían terminadas para el próximo invierno. Hacen falta obras de redes, gasoductos de conexión entre las reservas de Vaca Muerta y La Carlota, para que el gas neuquino pueda subir por el Gasoducto del Norte revertido con flujos suficientes para abastecer a las provincias del NOA.
En estos últimos días Bolivia, desde donde teníamos los despachos prácticamente cortados, ha estado dando algo de gas para cubrir a la zona norte. Esas transacciones, según pude relevar, han estado en el orden de un millón novecientos mil metros cúbicos por día. Es decir, hubo alguna compensación por ese lado, pero en lo que hace al fondo del problema, las obras de repotenciación para revertir completamente el Gasoducto del Norte estarían terminadas, deseablemente, el próximo año.
¿Dónde observa las mayores limitantes que impiden, por el momento, reforzar el abastecimiento del país con las cuantiosas reservas de la Cuenca Neuquina?
Hay que ser claros: no es un problema de gas, sino de falta de infraestructura para evacuarlo. Las reservas de Vaca Muerta dan para el mercado doméstico, el regional y más. Estamos tratando de llevar ese gas a mercados internacionales a través de proyectos de GNL. Ahora bien, tenemos que asegurar gas suficiente para el abastecimiento interno. Y se da en Argentina una característica que otros países de climas más templados no tienen: hay una estacionalidad en el consumo de gas en el invierno. El gas residencial tiene una demanda promedio de 25 millones de metros cúbicos por día. En invierno, en los días de mucho frío, esa demanda sube a 92 o 93 millones de metros cúbicos por día. Es decir, se multiplica casi por cuatro. Eso es lo que se llama demanda prioritaria. Entonces: ¿cómo hacemos para que en el invierno haya gas para los hogares que multiplican por cuatro su demanda, sin cortar el gas a aquellos que lo tienen contratado en firme? Porque hay algunos a los que se les ha cortado pese tener contratado suministro interrumpible, que es más barato, justamente, porque se puede llegar a cortar. Y además: ¿cómo hacemos para que industrias y estaciones de GNC, que tienen una demanda bastante estable durante todo el año, no se queden sin gas cuando los residenciales multiplican por cuatro su consumo? Eso está resuelto teóricamente, y en aquellos países que han respetado reglas de juego de largo plazo y señales de precio, lo que se hace es desarrollar la cadena de almacenamiento, lo que se llama «peak shaving». Ya hay una planta funcionando en la provincia de Buenos Aires, pero no se hicieron más, porque en la Argentina se rompieron reglas de juego y se alteraron señales de precios. El mecanismo es sencillo: como en invierno hay pico de demanda, se compra gas en verano, cuando es más barato por la sobreoferta. Se almacena en una planta criogénica y en invierno, cuando viene el pico, se lo reinyecta al sistema y vende a las industrias para que nos les falte.
«En invierno, la demanda de gas residencial se cuadruplica: pasa de 25 a más de 90 millones de metros cúbicos diarios»
Para que eso funcione se necesitan precios que reflejen las diferencias entre verano e invierno y tarifas de transporte que diferencien claramente el servicio firme del interrumpible. Con ese esquema, el problema se resuelve internamente para que el sistema disponga de gas abundante también en la estacionalidad de invierno.
Como no tenemos todavía esas plantas de «peak shaving», salvo una sola, construida en los años noventa cuando se privatizó el sistema, lo que se hizo en todos estos años fue tratar resolver los picos de demanda de invierno con importaciones de GNL, gas que llega por barcos, al puerto de Escobar. Este año esas importaciones vinieron extremadamente caras por el conflicto en Medio Oriente. Las industrias venían pagando, cuando no había esta estacionalidad, alrededor de 4,5 dólares el millón de BTU. Hoy deben comprar ese mismo suministro a más de 18 dólares el millón de BTU. Y ahí hay una discusión porque el Gobierno no quiere aumentar los subsidios sobre ese gas porque tiene las cuentas públicas muy ajustadas y los industriales dicen, también con sus fundamentos, que con esos precios no les cierran los costos. Esto se paliaría con obras que estarían terminadas en 2027. Hoy estamos importando unos 28 barcos y el año que viene sería la mitad. Entonces habría más gas nacional a menos precio para todos, incluido el norte. Pero para resolver el problema de fondo, necesitamos más plantas de peak shaving.
«Las industrias pagaban, cuando no había esta estacionalidad, a 4,5 dólares el millón de BTU. Hoy lo compran a más de 18 dólares»
¿Qué otras alternativas cree que podrían explorarse para evitar afectaciones en la producción y los miles de puestos de trabajo que están en vilo en plantas industriales de Salta, Jujuy y Tucumán?
Una alternativa es la que propone la Unión Industrial: pagar el 50% del costo y financiar el otro 50%. Otra alternativa es que las industrias que tengan la posibilidad técnica hagan el cambio a combustibles líquidos, como el fuel oil. Ese combustible hoy está entre 12 y 14 dólares el millón de BTU, es decir, más barato que el GNL. En esta coyuntura concreta, no veo muchas más alternativas que esas dos.
¿Cómo describiría el actual escenario de la generación y el transporte de energía eléctrica?
Creo que la industria eléctrica es la que está más descapitalizada. Tenemos problemas en toda la cadena: generación, transporte y distribución. Eso se traduce directamente en una baja calidad del servicio eléctrico, en general, en todo el país. Y me parece que, si queremos traducir la riqueza hidrocarburífera de gas en beneficio de todos los argentinos, tenemos que ir por la reconstitución del sector eléctrico argentino, porque es el que permite traducir gas barato en electricidad barata, clave para las familias y para los sectores productivos. Es un desafío no solo del NOA, sino de toda la Argentina. Hay un problema de base que requiere tiempo, porque el sector viene descapitalizado, pero que hay que ocuparse con prioridad. Insisto: de la capitalización de la industria eléctrica depende que el gas natural abundante también pueda llegar a los distintos consumidores argentinos.
¿Cómo evalúa la política energética de la actual gestión de gobierno nacional?
El rumbo es el correcto. Necesitamos recrear reglas de largo plazo. Lo están tratando de hacer, recomponer señales de precios, porque la inversión es multimillonaria en dólares, y la tienen que hacer los inversores privados. En un país donde las reglas son contingentes y se las cambia, donde no hay señales de precios claros, no va. Entonces, tenemos que ir despejando esas limitantes, para que el sector privado haga la inversión que viene retrasada, sobre todo en el sector eléctrico. La Argentina hoy es un país exportador de energía y eso nos viene bien. Hubo una crisis profunda en Medio Oriente con alto impacto en los precios, y aquí casi no se sintió. Al contrario, como somos exportadores, mejoramos nuestra balanza comercial con los precios que recibíamos por la exportación de petróleo. Así que diría que este es el rumbo que hay que mantener. Hay que ajustar, por supuesto, una serie de puntos críticos, sobre todo en el sector eléctrico.
Como no tenemos plantas de peak shaving, el pico de demanda invernal se termina resolviendo con importa ciones de GNL, que llega por barcos».
Hay que tener en claro que el acceso a la energía es fundamental en todos los aspectos de la vida y la actividad. Entonces, yo creo que tenemos que pasar de un sistema de subsidios generalizados, como existían antes, y que beneficiaron más a los ricos que a los pobres, a un sistema de subsidios focalizados. Se está en camino a eso. Se terminó con la segmentación, aquello de que unos pagaban más porque tenían más ingresos y otros menos. Ahora todos pagan la tarifa más o menos plena, que todavía tiene algún subsidio, y después hay sectores subsidiados focalizados. Otra cosa que hay que subrayar es que este año, los cinco meses cerrados, los subsidios a la energía crecieron un 51%. Para aquellos que dicen, bueno, no se están ocupando de aquellos que realmente lo necesitan, sí. Lo que pasa es que no dan las cuentas públicas para subsidiar más y el objetivo es eliminar los subsidios que no corresponden, porque la contracara de los subsidios es que, si no alcanzan los impuestos, se pagan con el peor de todos, que es la emisión inflacionaria. Si todos pedimos más subsidios, parece lo políticamente correcto, pero lo que nadie dice es quién los paga. Los pagamos todos los argentinos después con emisión inflacionaria. Y tenemos que han aumentado en los 5 meses cerrados de 1.061 a 1.597 millones de dólares.
¿Qué opina del replanteo de las zonas frías que tiene media sanción en Cámara de Diputados y que dejaría a muchos usuarios sin el descuento que reciben en sus facturas de gas por ese concepto?
No estoy de acuerdo con el subsidio de zonas frías. Fui uno de los que me opuse y fui consultado por la Cámara cuando el régimen se impulsó. Y se largó en términos populistas, porque ahí metieron a hijos y entenados. Hay zonas frías que no son tales y hay otras zonas frías que no están incluidas en el régimen. Pero aparte es un subsidio cruzado, y el subsidio cruzado es nefasto porque debilita a otros. ¿Por qué no creamos un subsidio de zonas, por ejemplo, que tienen lluvia respecto a zonas secas? Que la zona lluviosa subsidie a la zona seca, o como lo plantearon muchas provincias del norte. Ah, bueno, pero entonces créame un subsidio cruzado para el verano, que es mucho más caluroso en el norte y me obliga a consumir más electricidad. Son todas cuestiones que forman parte de políticas muy cortoplacistas, así que yo estoy de acuerdo que ese régimen se elimine y se suplante por el subsidio focalizado en función de indicadores socioeconómicos. Lo que quiero destacar es que la energía no nos va a desarrollar. La abundancia energética es clave en una estrategia de desarrollo económico y social que el país todavía se debe