La distribución del gasto expresa una visión de país

La distribución del gasto expresa una visión de país

La reducción del riesgo país constituye una noticia alentadora para la economía argentina. El Gobierno nacional celebra este indicador porque interpreta que refleja una mejora en la percepción de los mercados respecto de la solvencia y la estabilidad macroeconómica del país. Sin embargo, la posibilidad de volver a endeudarse no debería confundirse con una invitación a recorrer nuevamente un camino que el país conoce demasiado bien. La historia económica argentina ofrece abundantes ejemplos acerca de los riesgos de financiar el presente a costa de comprometer el futuro.

En ese sentido, resulta revelador el informe sobre ejecución presupuestaria de los primeros cinco meses de 2026 elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Allí se observa que la administración de Javier Milei ha profundizado una estrategia de ajuste que redujo drásticamente partidas vinculadas con áreas sensibles de la gestión pública, al tiempo que asigna una porción significativa del gasto al pago de la deuda. Según el estudio, los Servicios de Deuda Pública representan el 12% del gasto total de la Administración Nacional, una participación superior a la suma de Educación, Salud, Ciencia, Vivienda y Trabajo. El mismo informe detecta una caída real del gasto total de la Administración Pública Nacional del 31% respecto de 2023.

Las cifras permiten advertir con claridad cuáles son las prioridades presupuestarias. Mientras sectores estratégicos para el desarrollo humano y productivo ven disminuir sus recursos, la Secretaría de Inteligencia del Estado, dependiente de la Presidencia de la Nación, registra un incremento del 34% respecto de 2023. Al mismo tiempo, el peso de los servicios de deuda permanece como uno de los componentes más relevantes de la estructura presupuestaria.

La distribución del gasto expresa una visión de país y revela el orden de prioridades de quienes gobiernan. Apenas el 4,8% del presupuesto se destina a Educación, por debajo del 6% establecido por la Ley Nacional de Educación. El mismo porcentaje corresponde a Salud. Ciencia y Técnica recibe solo el 1,11%; Trabajo, el 0,78%; y Vivienda y Urbanismo prácticamente desaparece de la agenda presupuestaria con un exiguo 0,008%.

La tendencia se replica en otras áreas de fuerte impacto social. Promoción y Asistencia Social representa apenas el 2,2% del gasto total en un contexto de persistente deterioro socioeconómico. Agua Potable y Alcantarillado absorbe apenas el 0,113%; Transporte, el 1,92%; Industria, un escaso 0,092%; y Defensa, el 1,76%.

La baja del riesgo país puede abrir oportunidades financieras y contribuir a estabilizar la economía. Pero sería un error interpretar ese logro como un fin en sí mismo. La verdadera discusión debe centrarse en qué modelo de desarrollo se pretende construir y cuáles son las prioridades que orientan la asignación de los recursos públicos. La desinversión federal en áreas clave desde el punto de vista social no puede prolongarse indefinidamente sin consecuencias. De hacerlo, la Argentina corre el riesgo de consolidar un esquema profundamente inequitativo, con desequilibrios estructurales que, más adelante, resultarán mucho más costosos y difíciles de corregir.

Mientras sectores estratégicos para el desarrollo humano y productivo ven disminuir sus recursos, la SIDE registra un incremento del 34% respecto de 2023.

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