«Bahía Blanca va a ser el polo petroquímico del gas de mercado interno», Horacio Marín

«Bahía Blanca va a ser el polo petroquímico del gas de mercado interno», Horacio Marín

Marín, junto al director de La Nueva, Juan Ignacio Elías.

El presidente y CEO de YPF visitó la ciudad por los 25 años de Compañía Mega, confirmó que la petrolera será el primer cliente del nuevo proyecto de líquidos impulsado por TGS y sostuvo que Bahía Blanca y Punta Colorada cumplirán roles complementarios en el desarrollo energético argentino.

La Nueva – Por Adrián Luciani

Horacio Marín no cree que Bahía Blanca haya quedado relegada por la decisión de desarrollar el proyecto de gas natural licuado en Río Negro. Por el contrario, sostiene que la ciudad seguirá ocupando un lugar central en la transformación energética argentina.

«Bahía Blanca va a ser el polo petroquímico del gas de mercado interno», afirma el presidente y CEO de YPF al analizar el futuro de una ciudad que concentra buena parte de las inversiones vinculadas al procesamiento, industrialización y agregado de valor del gas proveniente de Vaca Muerta.

Durante una extensa entrevista concedida a La Nueva., Marín confirmó que YPF será el primer cliente del nuevo proyecto de líquidos impulsado por TGS, defendió la complementariedad entre Puerto Rosales y Punta Colorada, anticipó que VMOS podría acelerar su crecimiento hasta alcanzar una capacidad de 700.000 barriles diarios y aseguró que el proyecto de GNL tiene potencial para duplicar el tamaño de la petrolera de mayoría estatal durante la próxima década.

El presidente y CEO de YPF llegó el viernes pasado a Bahía Blanca para participar de la celebración por los 25 años de Compañía Mega y de la inauguración de un nuevo tren de fraccionamiento que permitirá incrementar en un 50% la capacidad de procesamiento de líquidos del gas natural de la planta ubicada en Cangrejales. La obra forma parte de un plan de expansión destinado a acompañar el crecimiento de Vaca Muerta y fortalecer la capacidad exportadora de la industria energética argentina.

Tras su participación en el acto, visitó La Nueva., donde mantuvo un encuentro con directivos del medio y abordó algunos de los principales desafíos y oportunidades que enfrenta el sector energético. A continuación, los principales tramos de la conversación.

—Volvió a Bahía Blanca para una ocasión especial. ¿Qué representa esta visita para YPF?

—Vinimos por los 25 años de Mega y por la finalización de una expansión muy importante. Cuando terminen todas las obras, Mega va a tener un 50% más de capacidad.

Y también porque YPF va a apoyar y será el primer operador que firme para el proyecto que impulsa TGS. De alguna manera será otra Mega para Bahía Blanca. Creo que es una doble buena noticia para la ciudad.

Siempre consideré que Bahía Blanca va a ser el polo petroquímico del gas de mercado interno. Sin ninguna duda será el lugar que agregará valor al gas, tanto a través del LPG, como ocurre hoy con Mega, como mediante la futura planta de TGS y también con proyectos vinculados a la producción de urea.

Seguramente habrá expansiones y nuevas inversiones. Por eso creo que Bahía Blanca tiene un futuro energético muy importante. Todo lo relacionado con el agregado de valor del gas tendrá a la ciudad como protagonista.

—¿Cuál será concretamente el rol de YPF en el megaproyecto que TGS concretará en Bahía Blanca y Neuquén?

—Nosotros aportaremos gas y firmaremos contratos de largo plazo. Eso le permitirá a TGS acceder al financiamiento necesario para desarrollar el proyecto.

YPF será el primer cliente. Después seguramente se sumarán otras compañías. Una empresa como YPF aporta el volumen y la escala necesarios para que una iniciativa de este tipo pueda concretarse. En definitiva, actuamos como la semilla necesaria para que el proyecto nazca.

YPF tiene que concentrar sus recursos en los proyectos estratégicos de gran escala. No puede hacerlo todo. Tenemos la espalda necesaria para impulsar proyectos gigantes que transformen a la Argentina en un gran exportador energético, pero también podemos ayudar a que otras iniciativas se concreten.

—Muchas veces se habla de miles de millones de dólares y cuesta dimensionar lo que viene para la Argentina.

—Incluso para quienes llevamos décadas trabajando en esta industria resulta difícil tomar dimensión. El año pasado la Argentina superó sus máximos históricos de producción de petróleo y gas.

Creo que entre fines de este año y comienzos del próximo vamos a superar el millón de barriles diarios de producción. Y considero altamente probable que durante la próxima década la Argentina se convierta en un exportador de un millón de barriles por día.

Por supuesto siempre existe incertidumbre. Pero también hay que tener objetivos claros. Con los resultados que estamos viendo en Vaca Muerta, con la productividad de los pozos y con el desempeño de toda la industria, hoy me considero más realista que optimista respecto de esas proyecciones.

—Hablando de exportación de petróleo, ¿cómo imagina la convivencia entre Puerto Rosales y Punta Colorada, en Río Negro?

—Son complementarios. Punta Colorada brinda la posibilidad de acceder a los mercados asiáticos mediante grandes buques de hasta dos millones de barriles.

Pero eso no significa que Bahía Blanca deje de exportar petróleo. Todo lo que hoy se exporta desde Puerto Rosales seguirá exportándose durante muchos años.

Incluso me parece muy interesante que Bahía Blanca continúe trabajando para mejorar sus condiciones operativas. Si logra profundizar aún más su infraestructura permitirá reducir costos logísticos y mejorar la competitividad de quienes exportan desde Puerto Rosales.

Por eso veo a ambos proyectos como complementarios. No compiten entre sí. Forman parte de una misma estrategia para ampliar la capacidad exportadora de la Argentina.

—También existen proyectos vinculados a los líquidos del gas tanto en Bahía Blanca como en Río Negro. ¿Cómo convivirán?

—Son proyectos diferentes. El desarrollo asociado al LNG en Río Negro estará orientado fundamentalmente a la exportación. Allí se exportarán condensados, propano, butano, gasolina natural y gas natural licuado.

Es un proyecto absolutamente dedicado a la exportación. De hecho, todos esos productos son necesarios para que el proyecto funcione integralmente.

Bahía Blanca tendrá otro papel. Argentina posee recursos gasíferos para muchísimas décadas y todo el agregado de valor asociado al mercado interno seguirá concentrándose aquí.

Para tener una idea de la magnitud de lo que viene, estimamos que YPF podría llegar a convertirse en el quinto exportador mundial de LPG. Son números realmente muy importantes y una gran oportunidad para la Argentina.

—Da la sensación de que VMOS está mucho más avanzado que el proyecto de GNL.

—Sin dudas. VMOS ya obtuvo el project finance más grande de la historia argentina y la obra supera el 65% de avance.

El objetivo es comenzar a exportar a principios del año próximo. A partir de allí el crecimiento será progresivo. Primero alcanzaremos una capacidad de 180.000 barriles diarios, luego 360.000 y estamos trabajando para llegar a 550.000 barriles diarios.

Y creo que puedo adelantar algo más. Estamos analizando la posibilidad de acelerar el proyecto para alcanzar los 700.000 barriles diarios antes de lo previsto. Con los programas que tenemos y el ritmo de crecimiento de Vaca Muerta creemos que vale la pena evaluarlo.

—¿Es factible técnicamente?

—Sí. En gran medida depende de estaciones de bombeo adicionales y de algunas obras complementarias. Por eso creemos que existe margen para acelerar los plazos.

La producción sigue creciendo y los mercados internacionales siguen demandando energía. Por eso analizamos permanentemente distintas alternativas para ampliar la capacidad de evacuación.

—¿Y qué lugar ocupa el proyecto de LNG dentro de la estrategia de YPF?

—Es transformador.

YPF con LNG puede duplicar su tamaño como compañía durante la próxima década. Nosotros utilizamos mucho una expresión que emplean los estadounidenses: company maker. Es decir, un proyecto capaz de cambiar por completo una empresa. Eso es LNG para YPF.

Cuando uno mira los números proyectados para la década de 2030, estamos hablando de una iniciativa que puede duplicar el tamaño de la compañía. No sé si yo llegaré a verlo porque para entonces probablemente ya haya cumplido mi ciclo, pero los números muestran claramente ese potencial. Por supuesto, todavía debemos cerrar el financiamiento. Ese es el gran objetivo. Una vez alcanzado, comenzará una etapa completamente distinta para la empresa y para el país.

—¿Cuándo espera alcanzar ese financiamiento?

—Estamos trabajando para lograrlo hacia fines de este año o comienzos de 2027.Ya tenemos los socios, las ingenierías avanzadas, los proyectos definidos y los procesos de licitación en marcha. Lo que resta es terminar de estructurar el financiamiento. Una vez conseguido, el objetivo es iniciar las obras lo antes posible.

—Volviendo a VMOS. Una de las preocupaciones pasa por la provisión de las monoboyas y por la situación en Medio Oriente.

—Es un tema que seguimos muy de cerca. Las monoboyas son fabricadas por una compañía especializada y el conflicto en la región genera incertidumbre logística. Si una situación de ese tipo se prolongara durante varios meses podría generar dificultades operativas.

Por eso estamos trabajando sobre alternativas. Evaluamos distintas opciones de contingencia para garantizar que el proyecto avance de acuerdo con los plazos previstos. De todos modos, creo que un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz resulta poco probable por el impacto que tendría sobre la economía global.

—¿Ese escenario también fortalece el atractivo de la Argentina?

—Sin ninguna duda. Todos los proyectos que estamos mencionando durante esta charla se ven favorecidos por una realidad muy simple: Argentina se encuentra en una región sin conflictos geopolíticos de gran escala.

Cuando uno conversa con los grandes inversores internacionales, ese factor aparece cada vez más en la evaluación. Tenemos recursos energéticos extraordinarios, estabilidad geográfica y proyectos que pueden generar retornos muy importantes. Todo eso ayuda cuando llega el momento de conseguir financiamiento para iniciativas de gran magnitud.

Incluso creo que el contexto internacional puede acelerar futuras expansiones de LNG. Estamos desarrollando un proyecto enorme, pero ya vemos posibilidades de crecimiento adicionales para los próximos años.

—Otro debate recurrente es el de la arena para fractura. ¿Cómo lo ve hoy?

—Lo veo de la misma manera que hace tiempo. YPF no puede hacerlo todo. Hay proyectos donde debemos concentrar nuestros recursos porque generan el mayor valor posible para la compañía y para sus accionistas. Nosotros estamos utilizando mayoritariamente arena proveniente de Entre Ríos porque los estudios y los resultados operativos muestran ventajas concretas.

Muchas veces se observa únicamente el costo inicial. Pero en realidad lo importante es el comportamiento completo del pozo. Las diferencias no siempre aparecen en el caudal inicial sino en la declinación posterior.

Los ensayos y los resultados obtenidos durante el primer año muestran una mejora importante cuando utilizamos arena de Entre Ríos respecto de otras alternativas que analizamos. Eso no significa que en el futuro no puedan aparecer opciones competitivas de cercanía. Siempre estamos abiertos a evaluar nuevas tecnologías y nuevas soluciones.

Pero hoy los resultados indican que la mejor decisión sigue siendo la que estamos tomando.

—En algún momento se habló de proyectos ferroviarios específicos para abastecer a Vaca Muerta.

—Sí, pero hay que entender que las inversiones privadas se realizan cuando existe una ecuación económica atractiva.

Si después de varios años nadie avanzó con determinados proyectos, probablemente sea porque todavía no encontraron las condiciones necesarias para concretarse.

Nosotros estamos trabajando con distintas alternativas logísticas. Utilizamos camiones, utilizamos trenes y seguiremos explorando otras opciones, incluso combinaciones multimodales que permitan reducir costos y mejorar la eficiencia.

Lo importante es mantener flexibilidad para adaptarse a las condiciones que vaya presentando el mercado.

—Permítame una pregunta más personal. Muchos recuerdan su etapa como tenista. ¿Qué elementos de aquella experiencia trasladó a su rol actual?

—Hay una diferencia enorme. El tenis es un deporte individual. YPF es un desafío colectivo. Acá trabajan más de 12.000 personas. Por más talento individual que exista, si uno no logra movilizar a toda una organización detrás de un objetivo común, los resultados no aparecen.

Creo que una de las claves de estos años fue justamente construir un objetivo compartido. Un objetivo que trascienda a cada persona y que tenga relación con el desarrollo del país.

Cuando la gente siente que está trabajando para algo más grande que sí misma aparece una energía distinta. Aparece la pasión. Y esa pasión termina generando resultados.

—¿Le sorprendió el nivel de identificación que generó dentro de YPF?

—Sí, algunas cosas me sorprendieron. No esperaba determinadas reacciones ni el impacto que terminó teniendo la transformación de la compañía.

Pero creo que la explicación está en que hoy YPF tiene una dirección clara. Hay una enorme motivación interna, una fuerte incorporación de tecnología, una cultura basada en la meritocracia y, sobre todo, una gran pasión por lo que hacemos.

Cuando una organización logra combinar esos elementos, los resultados llegan.

—Para cerrar. ¿Cómo imagina el futuro de Bahía Blanca? Una ciudad que ha sido castigada duramente por la naturaleza y que sufrió un durísimo golpe con el traslado de la mega inversión de GNL a Río Negro.

—Puede ser. Lo entiendo y usted, que es bahiense, me lo manifiesta. Debo escucharlo y lo tomo como un sentimiento real. Entiendo que para muchos bahienses la decisión haya sido vivida como una pérdida. Pero cuando uno llega a Bahía Blanca y recorre el puerto observa algo que no se encuentra fácilmente en otros lugares de la Argentina. Hay pocos sitios con semejante concentración industrial. Lo digo incluso comparándola con mi ciudad natal, La Plata, donde está la refinería más grande del país.

Además de las industrias que ya existen, veo una enorme cantidad de proyectos en marcha. Algunos tendrán una magnitud comparable a las grandes inversiones que se desarrollarán en Punta Colorada. Por eso creo que Bahía Blanca va a crecer mucho. Veo un desarrollo pleno del puerto, que es clave tanto para abastecer al mercado interno como para exportar. Veo una ciudad que seguirá formando profesionales y generando oportunidades para que esos profesionales puedan desarrollar su carrera en el lugar donde nacieron. Eso es extraordinario y genera una cultura de arraigo extremadamente importante.

–Más el sector agropecuario regional.

–Por supuesto, habrá un gran crecimiento del campo, nuevas inversiones y más actividad económica. Por eso soy optimista. Creo que en los próximos años habrá tres grandes polos energéticos en la Argentina: Neuquén, Río Negro y Bahía Blanca.

Y además estoy convencido de que todos los proyectos que se desarrollen en esas regiones van a generar oportunidades para miles de pymes de todo el país. Lo que la Argentina necesita es invertir, generar valor, crear empleo y sumar divisas. Ese es el camino para dejar atrás los problemas macroeconómicos que históricamente condicionaron nuestro desarrollo. Y en ese camino, Bahía Blanca va a ocupar un lugar muy importante

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