Los activos argentinos que seducen a la China

Por Alejandro Safarov

Desde la perspectiva teórica desarrollada por el experto Eduardo Oviedo (docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario), las relaciones entre China y América Latina se interpretan como una asociación estratégica asimétrica. Es estratégica porque involucra intereses permanentes y múltiples dimensiones de cooperación. Es asimétrica porque existe una diferencia significativa de capacidades económicas, tecnológicas, financieras y políticas entre China y los países latinoamericanos.

China busca garantizar aquello que considera indispensable para sostener su crecimiento y su seguridad estratégica: alimentos, energía, minerales críticos, infraestructura, mercados y estabilidad en regiones proveedoras de recursos. Por eso para Argentina, China es un actor central para acceder a inversiones, financiamiento y oportunidades de desarrollo. Para más datos el comercio bilateral con el gigante asiático genera un intercambio anual que ronda los US$ 13.000 millones; es el segundo socio comercial de Argentina: la matriz comercial está marcada por la fuerte compra de alimentos argentinos y la venta de productos manufacturados chinos, lo que suele generar un déficit comercial histórico para nuestro país. La provincia argentina con mayor volumen de inversiones chinas es Santa Cruz, consolidada como el epicentro de los fondos provenientes de Beijing. El principal motor de esta inversión es el megaproyecto hidroeléctrico de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic. Con un costo total estimado en cerca de US$ 5.000 millones, el complejo aportará 1.310 MW al Sistema Argentino de Interconexión (Sadi) una vez finalizado.

El NOA aparece como otro núcleo fuerte de la relación con China y la provincia de Jujuy es probablemente la provincia con mayor presencia china vinculada al litio.

Ganfeng Lithium, una de las mayores compañías mundiales del sector, dedicada al desarrollo y producción de carbonato de litio en el Salar Cauchari-Olaroz (proyecto homónimo), principal activo de la compañía en la provincia. Funciona bajo el paraguas de Minera Exar, una sociedad conformada por Ganfeng Lithium (50%), Lithium Argentina y la empresa estatal jujeña Jemse. El proyecto en cuestión se convirtió en el primer emprendimiento de litio en la provincia de Jujuy en ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (Rigi) y contempla una inversión superior a los $1.240 millones de dólares. El objetivo central es incorporar tecnología de extracción directa de litio (DLE) para elevar la capacidad de producción del complejo hasta las 85.000 toneladas anuales.

La presencia china no se limita a la extracción minera; en el Parque Industrial de Perico, Tsingshan South America, subsidiaria del gigante chino Tsingshan Holding Group, avanza con una inversión cercana a los 120 millones de dólares destinada a producir insumos químicos esenciales para la minería del litio, como ácido clorhídrico e hidróxido de sodio. Cuando comience a operar, la planta abastecerá una parte clave de la cadena minera del NOA y marcará un cambio importante: China no solo busca el recurso, sino también quiere insertarse en los eslabones industriales que lo hacen posible.

A ello se suma la empresa Cngr Advanced Materials, uno de los principales fabricantes mundiales de materiales para baterías, con proyectos vinculados a compuestos de litio y materiales catódicos. Ha concretado inversiones estratégicas para adquirir y desarrollar importantes proyectos de salmuera de litio en la Puna jujeña, destacando principalmente los proyectos Jama y Solaroz.

Salta también se convirtió en un punto central para China dentro del Triángulo del Litio. Las corporaciones asiáticas lideran varios de los desarrollos más ambiciosos: Ganfeng Lithium opera los mega proyectos Mariana y Pozuelos-Pastos Grandes. A principios de 2026, la minera presentó un plan de inversión cercano a los US$ 3.000 millones, buscando adherirse al RIGI, para operar con tecnología híbrida de extracción durante una vida útil proyectada de 25 años. La empresa Tibet Summit Resources controla proyectos a través de su filial local Potasio y Plata SA (Plasa) que se encuentra invirtiendo fuertemente en la construcción de su planta comercial para la extracción y producción de litio en el Salar de Diablillos. El gobierno de Salta mantiene un vínculo directo con esta firma para potenciar la infraestructura. Otro caso ese el de la empresa China Union Holdings Ltd que, a fines de 2025, ingresó con fuerza al comprar la filial argentina de la canadiense Lithium Chile Inc. por un monto de US$ 175 millones. El objetivo central de esta adquisición es la explotación total del Salar de Arizaro. Y el caso de Jiulingotra de las grandes firmas de origen chino que ha ratificado recientemente su interés y avance en el territorio, sumándose al ecosistema de exploración minera en el NOA.

Del mismo modo, las inversiones de China en Catamarca están concentradas de forma casi exclusiva en el sector de la minería, con foco estratégico en la extracción de litio. El principal actor de esta relación comercial es la empresa Zijin Mining, que opera mediante su subsidiaria local Liex SA en el mega proyecto minero Tres Quebradas, ubicado en la localidad de Fiambalá. La firma asiática confirmó un desembolso adicional de US$ 600 millones para desarrollar la segunda etapa de este yacimiento de litio, enmarcado bajo el Rigi. El gobierno provincial mantiene misiones oficiales vigentes a Beijing para expandir estos desembolsos hacia el turismo, la tecnología y la infraestructura energética.

Fuera del NOA, la presencia china adopta otras formas. En Córdoba, el interés se vincula con agroindustria, maquinaria, tecnología y economía del conocimiento. En Santa Fe, con el complejo agroexportador, los puertos y la producción de granos. En Entre Ríos, con la producción agropecuaria y la cooperación comercial. En la Patagonia, Neuquén aparece asociada a Vaca Muerta, energía e infraestructura estratégica; Río Negro al GNL y los puertos; Chubut a pesca, energía y minerales; y Santa Cruz a pesca, infraestructura portuaria, astilleros y logística marítima. En Cuyo, Mendoza comienza a recibir interés por maquinaria pesada, minería y desarrollo logístico, mientras que San Juan se proyecta como un polo minero de gran escala por oro, cobre y otros recursos estratégicos.

La relación también incluye proyectos de infraestructura y energía, como el parque solar Cauchari en Jujuy y la estación espacial en Bajada del Agrio, Neuquén.

Claramente podemos afirmar que la relación de las provincias argentinas y China se apoya cada vez más en una lógica que yo he definido como paradiplomacia geoeconómica, es decir, el desarrollo de políticas de vinculación internacional por las cuales los gobiernos provinciales, regionales o municipales utilizan activos económicos estratégicos localizados en su territorio (puede ser litio u otros activos) para construir vínculos internacionales orientados a captar inversiones, integrarse a cadenas globales de valor, fortalecer infraestructura crítica y aumentar su competitividad territorial. Si la diplomacia tradicional se ocupa de las relaciones entre Estados, la paradiplomacia geoeconómica se ocupa de las relaciones entre territorios estratégicos y actores globales.

Entonces, la verdadera reflexión no es cuánto invierte China, sino cuánto futuro queda en la Argentina: empleo, tecnología, proveedores locales, infraestructura y conocimiento. Porque si solo recibimos capital y entregamos recursos, repetiremos la vieja historia. Pero si convertimos esa relación en desarrollo, las provincias argentinas pueden dejar de ser periferia y transformarse en protagonistas de una nueva etapa nacional.

(*) El licenciado en Relaciones Internacionales Alejandro G Safarov es director de la carrera de Relaciones Internacionales de la Ucse Jujuy, miembro del Departamento de América Latina y el Caribe del IRI- Universidad Nacional de La Plata e integrante del Consejo Federal de Estudios Internacionales (Cofei)

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