Vaca Muerta y el campo miran a los fertilizantes como gran negocio

Vaca Muerta y el campo miran a los fertilizantes como gran negocio
Renata Cardarelli, de Informe Argus, y Armando Allinghi, de Ciafa, en el panel de Maizar sobre fertilizantes
La suba internacional de la urea presiona los márgenes agrícolas, mientras Bahía Blanca asoma como polo exportador gracias al gas de Vaca Muerta.

El mercado de fertilizantes quedó ubicado en una zona decisiva para la economía argentina: por un lado, encarece los costos de producción del campo y puede recortar rindes; por el otro, abre una ventana de inversiones industriales asociadas al gas de Vaca Muerta, la logística portuaria de Bahía Blanca y la posibilidad de transformar al país en proveedor regional de insumos estratégicos.

La tensión aparece en plena planificación agrícola. La suba internacional de la urea, el principal fertilizante nitrogenado utilizado en trigo y maíz, cambió los números de muchos productores y moderó el efecto que podrían tener las futuras bajas de retenciones. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyectó para la campaña 2026/2027 una caída del 3% en el área de trigo, mientras que la Bolsa de Comercio de Rosario estimó un recorte mayor para la región núcleo, con unas 220.000 hectáreas menos.

El movimiento de precios fue determinante. En el mercado internacional, la urea llegó a mostrar incrementos superiores al 100%, mientras que los granos apenas acompañaron con subas cercanas al 7%. Aunque luego hubo una corrección y la tonelada bajó desde valores cercanos a USD 1.000 hasta unos USD 830, parte de la campaña fina ya había tomado decisiones con costos más altos, especialmente en lotes de siembra temprana y ciclos largos.

En Argentina, los precios locales se mantienen alineados con la paridad de importación, por lo que el productor sigue de cerca cada variación externa antes de comprar. La estrategia predominante es esperar hasta que la necesidad de siembra obligue a cerrar operaciones. Esa conducta refleja una pulseada concreta: el incentivo de retenciones más bajas hacia adelante contra el peso inmediato de fertilizantes más caros en el presente.

El impacto no es igual para todos los cultivos. En trigo y maíz, la urea es central porque aporta nitrógeno, un nutriente directamente asociado al potencial de rinde. En soja, la atención está puesta en los fertilizantes fosfatados, como MAP y DAP. Argentina importó en 2025 más de USD 2.000 millones en estos productos, con fuerte predominio de la urea, y complementó esa oferta con la producción local de Profertil en Bahía Blanca.

El consultor Javier Preciado Patiño, fundador de RIA Consultores, explicó que la fertilización sigue siendo determinante para sostener productividad: “La fertilización es clave para que los cultivos rindan. Como a los animales y a la gente, a las plantas también hay que alimentarlas y esa comida se llama fertilizantes”. También advirtió que el salto de precios complicó márgenes agrícolas y dejó situaciones dispares entre productores: algunos con números negativos y otros en equilibrio.

La disponibilidad local aparece como una ventaja relativa. Preciado Patiño remarcó que Argentina cuenta con producción de nitrógeno a través de Profertil, algo que no todos los países tienen garantizado. “Tenemos disponibilidad, porque al tener a Profertil el nitrógeno hay que pagarlo, pero está, otros países directamente no lo tienen”, sostuvo. Sin embargo, también marcó el riesgo productivo de aplicar menos insumos: “Si aplicás menos fertilizante la producción esperada tiene que ser menor, sobre todo en trigo y maíz, los más sensibles al nitrógeno”.

El escenario internacional agrega presión. La guerra en Medio Oriente alteró el comercio de insumos básicos como amoníaco y azufre, necesarios para producir fertilizantes nitrogenados y fosfatados. En el Congreso de Maizar, especialistas del sector señalaron que el abastecimiento global seguirá inestable, en especial durante el segundo semestre, cuando Estados Unidos podría destinar más volumen a su propio mercado interno y reducir la disponibilidad exportable.

En ese contexto, el uso nacional de fertilizantes llegó en 2025 a 5,1 millones de toneladas. Según datos expuestos por Marcos Prenna, de ACA, cerca del 35% fue cubierto con producción local, incluyendo 1,3 millones de toneladas de urea de Profertil y unas 500.000 toneladas de compuestos elaborados en el país a partir de insumos importados. Para el directivo, pese a la suba de costos, la tecnología aplicada por los productores argentinos ya alcanzó un umbral difícil de abandonar: “Al actual nivel de precio insumo/producto sigue siendo rentable fertilizar. El campo argentino alcanzó un piso tecnológico que ya no se rompe”.

La otra cara del problema es la oportunidad industrial. Profertil proyecta duplicar su capacidad productiva en Ingeniero White con una inversión estimada entre USD 1.500 millones y USD 2.000 millones para construir una segunda planta de urea. El objetivo sería abastecer mejor al mercado interno y generar saldos exportables, en un esquema que podría presentarse bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones o incluso en una versión ampliada del régimen.

A ese proyecto se suma el memorando de entendimiento firmado entre el municipio de Bahía Blanca y Fértil Pampa SAU, subsidiaria de Pampa Energía, para levantar una planta de amoníaco y urea granulada de gran escala en el puerto bahiense. La inversión estimada es de USD 2.400 millones, con capacidad para producir 2,1 millones de toneladas anuales de urea granulada y generar alrededor de 3.500 empleos durante la etapa de construcción.

La conexión entre Vaca Muerta, Bahía Blanca y el agro es el punto central del nuevo mapa. El gas es el insumo fundamental para producir urea, mientras que la salida atlántica permite evitar pasos marítimos sensibles como Ormuz, Bósforo, Bab el-Mandeb o Malaca. Para Preciado Patiño, esa combinación coloca al país en una posición singular: “Argentina tiene el gas de Vaca Muerta, es una región sin conflictos bélicos y, además, desde Bahía Blanca se sale al Atlántico sin pasar por ningún estrecho”.

El potencial mercado regional también juega a favor. Brasil, uno de los mayores consumidores agrícolas del mundo, aparece como destino natural para una Argentina que hoy importa buena parte de sus fertilizantes, pero que podría convertirse en exportadora neta si se concretan los proyectos anunciados. La crisis de precios expuso la vulnerabilidad del agro frente a los insumos externos, pero también aceleró una discusión de fondo: cómo transformar recursos energéticos locales en una industria capaz de sostener productividad agrícola y generar divisas

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